Soledad de San Pablo: cuando las familias de La Trinidad se reúnen el Viernes Santo
La cofradía de la Soledad de San Pablo destaca por su estilo único y el orden de sus nazarenos, quienes acompañan a la imagen en un cortejo que recorre las calles del barrio

Miguel Ferrary
El Viernes Santo en La Trinidad tiene dos colores: azul y rojo. Es cuando las familias de toda la vida se reúnen para comer en casa, preparar el hábito de nazareno, la mantilla o la túnica de portador. Es momento de descansar por la tarde, con una tertulia en la que se habla de la tita, de cómo está la abuela, de "cuánto tiempo hace que no ves a Antonio, tu amigo del colegio" o de lo triste que fue cuando se murió María, esa vecina a la que tanto cariño se tenía en el edificio. Sale la Soledad de San Pablo y puede que las calles no se llenen como cuando sale el Cautivo. O no haya una petalada como la que recibe la Virgen de la Salud. Pero se respira cercanía, vecindad. Si para el Cautivo había una familia que venía de Almería para verlo, el Viernes Santo el que viene es tu prima, tu grupo de amigos de toda la vida o tus padres. Es el pegamento que une al barrio sin estridencias, con los lazos de la cercanía y el cariño.
Ese ambiente se respiraba en la calle Trinidad, como si fuera el andén de un tren en el que se reúnen los seres queridos para despedir a los viajeros. Buen viaje y regreso pronto. Se va del barrio una familia insigne de la Trinidad. María, conocida como Soledad, y su hijo Jesús acompañado de los más fieles. Van al Centro, a visitar a los muchos malagueños que ven la cofradía en la calle y suspiran por verla un poco más. Pronto regresa. Eso lo saben los que se van con María y Jesús y los que los despiden. No es una despedida triste. Si no alegre, porque con ellos va el orgullo de barrio.

Semana Santa de Málaga 2026 | Viernes Santo: Santo Traslado / Álex Zea
Ejemplo de crecimiento de una cofradía
No es para menos. Da gusto ver a esta cofradía en la calle. Siempre ha tenido personalidad, un estilo reconocible que no ha perdido. Un saber estar que se ha ido perfeccionando con el tiempo. Pero lo que estamos viendo en los últimos años es de diez absoluto. A esas túnicas elegantes de terciopelo negro, con capirote y sardineta de color rojo o azul, el escapulario y la uniformidad absoluta conseguida con sus sandalias para todos y calcetines blancos (nada de zapatos que identifiquen a la persona). A eso se le une unas filas de nazarenos largas y bien formadas. Un orden que no le resta cercanía con el público, unos enseres muy personales y diferentes (ahí está la cruz guía y las mazas, por ejemplo) o la reforma de la centuria romana, que se ha mantenido a través de los años y se ha mejorado.
Pero hay más, mucho más. La reforma del grupo escultórico del Santo Traslado fue un acierto y cada vez está más claro. Se ha ganado en calidad y riqueza. El misterio es mucho más atractivo y el mensaje evangélico gana en sutileza. Este Viernes Santo, María Salomé llevaba en sus manos una aguja con hilo, como si estuviera remendando el santo sudario antes de amortajar a Jesús. Y Nicodemo, unas tenazas y los clavos, dando a entender que han bajado a Jesús de la cruz momentos antes. Esto lo completamos con un exorno floral que no es abundante, pero muy significativo: espino, cardos y claveles rojos. Además nos encontramos con unas imágenes perfectamente vestidas, con cuidado y esmero, que marcan aún más el avance que se ha conseguido sobre el anterior.

Semana Santa de Málaga 2026 | Viernes Santo: Santo Traslado / Álex Zea / LMA
Y llega la Virgen de la Soledad de San Pablo
El cortejo nazareno de la Virgen se extiende por la calle Trinidad. Baja ordenado. Es largo. Hay que andar un trecho hasta la casa hermandad. Allí espera el trono de la Virgen, con la Banda Sinfónica de la Trinidad esperando junto a la puerta. Pasan los monaguillos y los acólitos. El incienso perfuma el ambiente y todos miran al salón de tronos. Suena la campana los portadores levantan el trono, que empieza a caminar suave para entrar en la calle Trinidad. Y no suena la Marcha Real. No hay mejor himno para recibir a la Soledad de San Pablo que su marcha, la que lleva su nombre y que compuso Miguel Pérez. Pieza excelsa de música cofrade y que la hermandad lleva con orgullo. La Sinfónica la trabaja con melodía, con su tempo adecuado. Meciendo el trono entre notas musicales que hablan del dolor de una madre, de su soledad ante el hijo muerto y su esperanza resistiendo en su corazón dolorido.

Ríos Cabrillana cantando una saeta en la calle Trinidad. / Álex Zea / LMA
La Virgen de la Soledad, de San Pablo está en la calle y una saeta de Ríos Cabrillana la recibe al poco. El silencio de hace alrededor del trono y la gente escucha: "Málaga tiembla cuando la Trinidad entera te llora la tarde del Viernes Santo de verte vestida de luto. San Pablo tiene una estrella que reluce más que el sol. Es la Virgen de la Soledad y madre del Redentor", reza la saeta. El público aplaude y Málaga aguarda.
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