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Viernes Santo

Servitas, el susurro de la noche del Viernes Santo

La Orden Tercera de Siervos de María lleva el silencio y la intimidad absoluta del luto por las calles del Centro, frente al bullicio habitual de la Semana Santa

Esperanza Mendoza

Esperanza Mendoza

Hay cofradías que se anuncian y otras que llegan silenciosamente. Servitas no irrumpe: va apareciendo poco a poco. Como un susurro que se cuela entre el bullicio de nuestra ciudad cuando la noche ya ha aprendido a guardar silencio.

En una Semana Santa donde todo parece crecer: los tronos, las marchas, las miradas; ellos eligen el camino contrario: el de lo pequeño, lo íntimo, lo esencial. Y ahí creo que reside su grandeza.

Ver a la Orden de Servitas es cambiar el ritmo. Es obligarse, bendita obligación, a bajar la voz, a dejar de mirar con los ojos de siempre y empezar a hacerlo desde dentro. No hay prisa. No hay estridencias. Por no haber, no hay ni luz. Solo un cortejo que avanza con una sobriedad que me desarma cada año.

Salida procesional de Servitas este Viernes Santo de 2026.

Servitas este Viernes Santo de 2026. / Eduardo Nieto

Málaga, que a estas horas ya está cansada de sí misma, parece entenderlo. El centro se recoge cuando pasan ellos. Las conversaciones se apagan, los pasos se detienen, y hasta el aire parece volverse más denso, más respetuoso. Como si supiera que no es momento de interrumpir. Porque lo que Servitas propone no es un espectáculo, es una oración.

Como la que hicieron los hermanos de las Penas, que hicieron un camino de luz con los cirios encendidos al paso de la Virgen de los Dolores por la plaza donde está el oratorio. Un gesto bonito y que encaja muy bien con el carácter de Servitas. Un poco de luz, para el luto de la Virgen.

La Virgen de los Dolores, en su desamparo absoluto, no necesita adornos. Un trono simple, con algunas aplicaciones en plata en la base y dos ángeles como únicos elementos diferentes. Y luego, la Virgen. No se mira, se contempla. Hay en su rostro una pena antigua, serena, sin dramatismos. Una tristeza que no grita, pero que cala más hondo que cualquier lamento, porque Jesús ha muerto en la cruz.

Es el dolor entendido, aceptado. El dolor que ya no busca consuelo porque sabe que no lo hay. Y sin embargo, no es desesperanza lo que dejan. Es otra cosa.

Salida procesional de Servitas este Viernes Santo de 2026.

Salida procesional de Servitas este Viernes Santo de 2026. / Eduardo Nieto

Es una calma extraña, difícil de explicar, que se queda flotando cuando han pasado. Como si, por un momento, todo encajara. Como si el ruido del mundo se hubiera detenido lo suficiente para recordarnos lo importante. Que aún queda la resurrección.

Servitas no necesita grandes calles. De hecho, parece crecerse en las más recogidas, en esos rincones donde la luz es más escasa y el silencio más profundo. Cada vela ilumina más. Cada mirada pesa. Y el tiempo deja de importar. Que el Viernes Santo sea eterno.

Cuando se van, no hay aplausos. Solo el rezo casi musitado de la Corona Dolorosa de los nazarenos, que invita a los presentes a acompañarles aunque sea unos minutos en la oración. La luz de los largos cirios sirve (o debe servir en la mayoría de su recorrido) como única iluminación. Nadie rompe ese hilo invisible que han tejido en su paso. La gente simplemente se queda. Unos segundos. Quizá más. Como si marcharse de inmediato fuera una forma de traicionar lo vivido. Y entonces entiendes que no todas las cofradías se ven. Algunas, como Servitas, se sienten.

Tranquila, María, que el Domingo de Resurrección se acerca. Y con él, el Señor resucitado.

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