29 de junio de 2014
29.06.2014
Presidenta de Adefam y del grupo Juste

"Las malas relaciones familiares afectan más a las empresas que la crisis"

La empresaria madrileña Inés Juste dirige el grupo del sector farmacéutico y ha sido cooperante en Angola y Lima

29.06.2014 | 21:06
Inés Juste.

Desde la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar, defiende el papel social del emprendedor y la necesidad de la formación para impulsar el empleo.

Cuando su padre, que moriría inesperadamente poco después, apostó por ella en 2011 para dirigir el grupo farmacéutico que lleva su apellido, Inés Juste (Madrid, 1974) era la más pequeña de tres hermanos y aunque le pesaba la responsabilidad afrontó con determinación el empeño de liderar su empresa familiar. Casada, madre de dos hijos, cooperante en Angola y Lima y firme partidaria de devolver a la sociedad lo que ha recibido de ella, Inés Juste protagonizó una sucesión sin rencillas familiares, un mal que provoca más estragos en las empresas que las crisis económicas, afirma esta licenciada en Empresariales que preside también la Asociación para el Desarrollo de la Empresa Familiar (Adefam). Juste es una convencida defensora del papel social del emprendedor y destaca que la empresa familiar en España genera 10 millones de puestos de trabajo y el 70% del PIB.

¿Qué conclusiones ha sacado de su año en una ONG en Angola?
Vivir fuera del país en el que has nacido es una experiencia muy recomendable que además de abrir la mente te ayuda a entender mejor a los otros. El mundo humanitario es apasionante y tanto mi marido como yo pensamos en clave de esfuerzo trascendente.

¿Qué quiere decir con esfuerzo trascendente?
Que todo lo que hagas en tu vida personal y profesional tiene que estar sustentado por un esfuerzo que dé coherencia a tu existencia.

¿Qué móviles llevaron a Angola y primero a Lima a una joven de buena familia como usted?
Es algo que aprendí de mi padre, que siempre tuvo claro que quería devolver a la sociedad lo que la sociedad le había dado. No nos damos cuenta de que somos unos privilegiados. He crecido en la filosofía del dar y siento que siempre he recibido más de lo que he aportado en mis misiones de voluntariado. Además, no hace falta irse a Lima o a Angola para ayudar. A nuestro alrededor, muy cerca, hay gente que nos necesita.

¿Vive con religiosidad esta vocación humanitaria?
Soy religiosa, practicante, pero con un concepto de libertad dentro de la práctica religiosa. Creo que no trabajamos suficientemente nuestra dimensión espiritual y es algo esencial para dar coherencia a la vida. Este era uno de los argumentos vitales tanto de mi padre como de mi madre.

¿Y cómo argumentó su padre, Rafael Juste, ante sus otros dos hijos la apuesta por usted para seguir al frente del grupo a pesar de ser la más pequeña?
Fue algo muy natural. Desde que era pequeña todo el mundo me veía como su sucesora, quizá por mi carácter y mi forma de ser. Mi padre consideró que tenía la formación y las habilidades adecuadas para sucederle y mis hermanos lo sabían. Cuando se abrió el debate sucesorio los dos pensaron que era lo mejor para la empresa. Son personas muy generosas.

¿Se gestionan bien las sucesiones en la dirección de las empresas familiares?
Cada empresa es un mundo y hay que reconocer que no siempre se acierta. Las sucesiones en las empresas familiares hay que prepararlas con mucha antelación. El que pasa el relevo debe de hacerlo en plenas facultades y tener tiempo para formar a la persona que le va a suceder. Algo así como lo que acaba de hacer don Juan Carlos I.

¿Establece algún paralelismo entre la sucesión de su padre y la que ha protagonizado Juan Carlos con Felipe VI?
Desgraciadamente yo no pude disfrutar de mi padre tanto como hubiera querido. Sufrió una enfermedad y se marchó de un día para otro. Fue un momento muy duro, así que aconsejo a Felipe VI que disfrute mientras pueda de su padre, que escuche sus consejos. La experiencia es siempre un grado.

¿Se sentía usted preparada para afrontar el liderazgo de su empresa?
No me dio tiempo a pararme a pensar en ello. Simplemente asumí el reto. Había mucho que hacer porque estábamos en plena crisis. Fue en 2011 y me tuve que poner a lidiar con la reorientación del negocio. A partir de ahora tendré un poco más de tiempo para pensar en un estilo de liderazgo.

¿Qué tipo de líder quiere ser usted?
Creo en la empatía hacia los demás, en dar al otro lo que necesita. No creo en el liderazgo autoritario. Los autoritarismos no tienen largo recorrido y en una empresa es importante saber llevar a tu gente, dar ejemplo, ser coherente y propiciar la comunicación. La verdad es que a veces me doy cuenta de que no empleo el tiempo necesario para comunicarme adecuadamente con mi gente.

¿Qué hace en los momentos de frustración?
Buscar apoyo en mi marido. Me parece fundamental mimar el matrimonio. Si el matrimonio no funciona se resquebraja la base de la familia. Yo tengo suerte con mi marido porque es verdad que existe la soledad del líder.

¿Qué es lo que más le motiva como presidenta de la asociación de la empresa familiar de Madrid?
Esta asociación me ha dado mucho. No es fácil compartir tus miedos y temores cuando eres un empresario familiar. Mis retos ahora pasan por seguir profundizando en el buen gobierno empresarial para fortalecer la gestión de estos negocios. Además, tenemos que insistir en la internacionalización de nuestros productos y servicios y en transmitir los valores de estas empresas a las siguientes generaciones.

El amor y la comunicación deben ser, según dice usted, los motores de la empresa. ¿Lo ve sinceramente así?
Sin lugar a dudas. La comunicación debe de ser profunda e insisto, no siempre doy ejemplo de ello, y el amor en la familia es la base de la supervivencia de una empresa. Si la familia no está unida, el proyecto empresarial se va al traste. Las malas relaciones familiares afectan más a una empresa que las crisis.

Por ese camino supongo que le interesará sobremanera la ética de sus negocios.
La ética me interesa en todas las facetas de la vida. Hay que ser honrado, ético y transparente porque de lo contrario pierdes la confianza. Hemos visto ya demasiados ejemplos de falta de ética en un pasado muy cercano y hemos constatado que este tipo de actitudes sólo llevan al escándalo.

¿Cómo cree que el empresario debe devolver a la sociedad lo que la sociedad le ha dado?
Creando puestos de trabajo sostenibles en el largo plazo. Los empresarios no somos especuladores. Es también importante involucrarse en los proyectos de tu comunidad, en asociaciones y en acciones de voluntariado.

¿Está entonces de acuerdo con que los más poderosos paguen más impuestos?
Los impuestos, cuantos menos mejor para todo el mundo. Pienso que no deben de pagar los que menos tienen, pero el problema está en que la riqueza está muy mal distribuida. Nos olvidamos a veces en España de que las sociedades más prósperas son las que tienen una clase media fuerte.

Justifique, por favor, el escudo fiscal que protege a la empresa familiar.
Nosotros tenemos en Madrid una exención del 99% en el impuesto de sucesiones y donaciones, pero lo que queremos es que este gravamen sea abolido en todo el territorio nacional para que deje de apretar a las empresas familiares.

Defina a su abuelo, a quien califica de visionario.
Era una persona tan sociable que podría haberse dedicado a cualquier negocio además de al sector farmacéutico. Mi abuelo era más intuitivo que racional.

¿Y qué cambió su padre respecto de su abuelo en la estrategia empresarial?
Mi padre se dio cuenta de que había que salir fuera de España, fue un pionero de la internacionalización y un defensor a ultranza de los partenariados.

¿Cuál quiere que sea su divisa como empresaria?
A mí me obsesiona la creación de valor para que lo que hagamos nos diferencie de lo que hacen los demás. Yo quiero ofrecer la máxima calidad.

¿Qué son para usted sus trabajadores?
Son una de las piezas que abren el éxito de la empresa. En el grupo Juste trabajan 120 personas y sin duda el factor humano es el más importante de la empresa.

¿Y qué cree que es usted para ellos?
Yo trato de ser el capitán de este barco. Quiero que mis trabajadores se sientan, sobre todo, escuchados.

¿No cree que merecería la pena fomentar la vocación empresarial de los españoles para generar más bienestar y más puestos de trabajo?
Totalmente. Esta crisis nos ha hecho reflexionar y ver, por ejemplo, que las universidades han estado muy alejadas de las empresas. Yo animo a todos los emprendedores a que desarrollen sus ideas. No hay que tener miedo al fracaso porque de los fracasos se aprende más que de los éxitos. Echo en falta una mayor educación en el fracaso.

¿Qué representa hoy la empresa familiar en España en cuanto al PIB y el empleo?
El 85% de las empresas en España son familiares. Estamos hablando de 2.800.000 empresas, que generan directamente más de 10 millones de empleos. Su aportación al PIB representa un 70%, una tasa idéntica al empleo privado que se deriva de su actividad.

¿Cómo estamos en relación a la media europea?
El peso de la empresa familiar en la economía española supera al que registra en Europa, donde el 60% son familiares.

Cuando usted piensa en lo que ha dejado en África y concluye que somos unos privilegiados, ¿qué se le ocurre proponer para conseguir una sociedad más próspera y más justa?
Deberíamos de ser todos más solidarios a todos los niveles, empezando por serlo con nuestros vecinos. En España hace falta más conciencia en buscar el bien común. Toda esa época cercana basada en el individualismo sólo llevó a la corrupción.

¿Cómo entiende la solidaridad, una de las banderas que usted enarbola?
La solidaridad implica dejar de sentirse el ombligo del mundo.

¿Inculca la idea a sus hijos?
Por supuesto. De momento están eligiendo un proyecto solidario para donar el dinero que me dieron por mi 40 cumpleaños.

¿Le regalaron dinero?.
¡Qué va! Hicimos una fiesta y dijimos a los invitados que no viniesen con regalo, sino que dejasen un sobre con dinero en una hucha para un fin benéfico.

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