10 de octubre de 2018
10.10.2018
Estudio

El consumo de productos animales y los desperdicios, enemigos de la sostenibilidad

Un estudio subraya las claves para salvaguardar el medio ambiente y satisfacer la demanda alimentaria

10.10.2018 | 23:47
Claves de sostenibilidad

Consumir menos productos animales, reducir el desperdicio mundial de alimentos y conseguir una producción agrícola más sostenible son condiciones imprescindibles para satisfacer la demanda alimentaria del planeta en 2050 y hacerlo, además, sin deteriorar el medio ambiente de forma irreversible.

Esta es la principal conclusión de un estudio internacional publicado hoy en Nature, en el que han participado investigadores del Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales (CEIGRAM) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).

El estudio advierte que para alimentar a los más de 10.000 millones de personas que habrá en el planeta en 2050, es necesario "un cambio de tendencia" hacia dietas con mayor aporte de proteínas vegetales, acabar con el desperdicio de alimentos y emplear prácticas agrícolas y tecnologías agrarias más eficientes.

Este cambio de tendencia, explica Luis Lassaletta, investigador del CEIGRAM y coautor del trabajo, "permitirá reducir el riesgo de cruzar los límites medioambientales en relación al cambio climático, la expansión desmesurada de las tierras de cultivo, la utilización de los recursos acuáticos y la contaminación de los ecosistemas causada por el empleo excesivo de fertilizantes".

No hay una receta única que por sí misma garantice la sostenibilidad pero "cuando las soluciones se implementan de forma conjunta se hace posible alimentar a una población creciente de manera sostenible", subraya Marco Springmann, de la Universidad de Oxford, institución que lidera el trabajo.

Es más, sin acciones concertadas, "el impacto del sistema alimentario sobre el medio ambiente se puede incrementar entre un 50% y un 90% como resultado de un aumento de la población y de las dietas ricas en grasas, azúcares y carne. En ese caso, los límites planetarios a la producción de comida se verán superados, en algunos casos, en más del doble de su capacidad", avisa el investigador.

El trabajo cuantifica cómo la producción alimentaria y el consumo afectan a los límites que aseguran la sostenibilidad del planeta.

Combinando detallados cálculos medioambientales con un modelo de alimentación global que incluye datos de producción y consumo de comida en todo del mundo, los científicos analizaron las opciones que podrían mantener la producción alimentaria dentro de los límites de la sostenibilidad.

El trabajo advierte que el cambio climático no se podrá mitigar si no se acompaña de cambios en la dieta y una alimentación más diversa.

Así, aconsejan seguir una dieta "flexitariana", que recomienda una ración semanal de carne roja como máximo, media ración diaria de carne "blanca", una de productos lácteos y un mayor consumo de legumbres, frutos secos y otros vegetales.

La investigación también aconseja reducir a la mitad los desperdicios de alimentos para ayudar a mantener el sistema alimentario dentro de los límites de sostenibilidad del plantea.

Por último, los investigadores también recomiendan llevar a cabo varias mejoras en el sector productivo para mejorar el uso de los nutrientes y del agua y adaptarlas a la realidad de cada región.

"De este modo, se limitará la presión sobre las tierras de cultivo, la extracción de agua y el uso de fertilizantes", añade el investigador de la UPM.

Aunque algunas de estas propuestas ya se están llevando a cabo en algunos hogares, "para que tengan éxito y sus efectos se noten globalmente, es necesario llevar a cabo una acción conjunta en todo el planeta", explica Springmann.

En ese sentido, los autores avisan de que mejorar las tecnologías y la gestión de las explotaciones agrícolas y ganaderas requerirá un aumento de la inversión y una regulación más adecuada "que permita la toma de medidas en materia de gasto de agua, y reducción del uso de fertilizantes", añade Line Gordon, director ejecutivo del Stockholm Resilience Centre y coautor de este trabajo.

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