05 de mayo de 2019
05.05.2019
La Opinión de Málaga
Día de la Madre

El mejor regalo de la madre está por llegar

Hoy es el Día de la Madre. Pero no es una jornada de reivindicación. Es un día de felicitaciones y regalos, aunque la maternidad es el condicionante fundamental en la brecha salarial. Las protestas, sin embargo, se dejan para otro día

05.05.2019 | 05:00
Los expertos afirman que la jornada del Día de la Madre responde a «una estrategia comercial» que «normaliza la mercantilización de las relaciones»

Una tradición entre honores a la Virgen y festivo para las sirvientas

  • La celebración de la maternidad está presente en todas las civilizaciones de la historia. La maternidad es vida y perpetúa la especie. El Día de la Madre se festejaba en las antiguas civilizaciones, en honor a determinadas diosas. En el siglo XVII, empezó a celebrarse un día (el cuarto domingo de Pascua) dedicado a honrar con flores y otras ofrendas a la Iglesia en la que cada uno había sido bautizado, la «Iglesia Madre». Un antecedente de lo que, hacia el año 1600, fue adquiriendo un significado más cercano al actual Día de la Madre. Hasta 1965, en España se celebró el día dedicado a la maternidad coincidiendo con el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción. Sin embargo, a partir de esa fecha, el día de la Madre empezó a celebrarse en España el primer domingo de mayo, con el objeto de separar las conmemoraciones y poner énfasis en el valor mariano del mes de mayo, que es cuando cambian las flores y todo se renueva. Además, el primer domingo de mayo también coincidía con otra celebración denominada «domingo de la Madre», que era cuando a los sirvientes y empleados de las casas se les daba el día libre para que fueran a visitar a sus madres, y se les permitía hornear un pastel (conocido como «tarta de madres») para llevarlo como regalo. Y la tradición continúa.

El Día de la Madre era, es y será un día de celebración, de comilonas familiares y de regalos. De felicitaciones y de besos. Ay del que no se acuerde de su madre hoy. O de cualquier madre. Los móviles se llenan de mensajes de felicitación a las madres; las tiendas, los comercios y las grandes superficies han hecho el agosto con el día en cuestión y los restaurantes están a reventar. La ocasión lo merece. Un día de celebración y agradecimiento de los hijos por los 364 días restantes. Eso sí, entre los regalos previstos no figura que ella, la madre, no haga nada. El imaginario colectivo no contempla una especie de huelga de cuidados para las madres del mundo. Las madres, sobre todo de edad más avanzada, son las que tiran de la tradición y exigen la reunión familiar. Sus invitados la felicitarán y tal vez le entreguen algún regalo, aunque lleguen a mesa puesta.

Sin embargo, en una sociedad donde la evolución y variedad de las familias es una realidad –y pone en entredicho el refrán «madre no hay más que una»–; donde la conciliación una palabra que solo queda en el papel y la igualdad un reto de futuro, llama la atención que las madres no salgan a la calle a reivindicar un papel distinto al que se presupone deben tener. Para exigir políticas reales de conciliación para que sus vidas dejen de ser una carrera de osbtáculos a contrarreloj.

Abnegación, sacrificio, cuidados... esos son algunos de los valores que se le presuponen a una madre desde siempre, por el simple hecho de serlo. Ahora, las madres también deben ser eficientes, resolutivas, entregadas y malabaristas para compaginar la vida profesional con la familiar y no morir en el intento. Eso, la que trabaja.

Hoy es el Día de la Madre, pero no es un día de protesta ni de reivindicación. Nunca lo ha sido. Las nuevas mamás se suman al día y lo viven con ilusión. El milagro de la vida. Ya nada será igual. Sin embargo, la maternidad es, precisamente, el condicionante fundametal de la brecha salarial y de la escasez de mujeres en puestos de dirección y responsabilidad. La familia se asienta sobre el pilar de la figura materna, pero las empresas no quieren madres. Porque antes o después se reducirán la jornada o se ausentarán para llevar al niño al médico o para asistir a una reunión con la tutora de la niña. Una mujer no tiene porqué ser madre, pero ante la duda... El contrato para un hombre. El ascenso para un hombre. La igualdad es una quimera. Dentro y fuera de casa.

Para la presidenta del colectivo valenciano Dones Progressites, Amalia Alba, el Día de la Madre «es la herencia de un modelo de consumo activo que mercantiliza hasta las relaciones humanas con la ide ade que el sentimiento o las emociones se puedan comprar o vender. Por eso es tan importa la educación en valores». Amalia Alba destaca también la contradicción de una sociedad que celebra el día de la maternidad cuando es en ese preciso instante «cuando comienza la discriminación de la mujer porque ser o no madre es fundamental en el mundo laboral y queda mucho camino por recorrer hacia la igualdad real en la sociedad machista en la que vivimos». Y concluye: «Normalizamos la mercantilización de las relaciones humanas como también se mercantilizan los vientres de alquiler para colmar el deseo de tener hijos. Pero ahí, la madre gestante no es madre, no importa lo que sienta ni el desgaste de su cuerpo porque es como una vasija».

Compra de regalos y lotería


Para Francesc Núñez, profesor de Estudios de Artes y Humanidades, y experto en sociología de las emociones y filosofía, la celebración del Día de la Madre responde «a una estrategida puramente comercial donde se compran regalos y se vende lotería. Las campañas publicitarias, además, anuncian regalos con el estereotipo de madres como amas de casa porque esa es la esencia que mantiene el ritual. Este día no tiene las dimensiones de otros como el día del trabajador o de la mujer. Intentar reconvertir este día en algo diferente podría convertirse en algo casi ofensivo». Sin embargo, el experto apunta al «alto nivel de exigencia al que se ven sometidas las madres trabajadoras. Hombres y mujeres nos autoexplotamos pero si a eso le sumamos la autoexigencia que se impone también en la maternidad, las madres suben de nivel».

La reivindicación queda, pues, para otras ocasiones. Eso sí, no olviden felicitar a las madres de sus vidas. Yo también lo haré.

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