«Simples y fáciles de decir y de recordar». Así son, según la Organización Mundial de la Salud, los nuevos nombres de las variantes del coronavirus de la covid-19. La OMS quiere que en el debate público dejemos de hablar de variante británica, brasileña, india o sudafricana para no estigmatizar estos países, y después de estudiar algunas alternativas ha optado por las 24 letras del alfabeto griego. Así, ha decidido denominar a la B.1.17 (británica) como variante Alfa; a la B.1.351 (sudafricana) Beta; a la P.1 (brasileña de Manaos) Gamma; y a la B.1.617.2 (india), Delta.

«Ningún país debe ser estigmatizado por detectar y notificar variantes —apuntó en Twitter la directora técnica de la OMS en esta pandemia, la epidemióloga Maria Van Kerkhove—. A nivel mundial, necesitamos una vigilancia sólida de las variantes». Kerkhove explicó al portal Stat que «un país puede estar más dispuesto a informar que ha encontrado una nueva variante si sabe que la nueva versión del virus se identificará como Ro o Sigma en lugar de con el nombre del país».

El cambio no solo afecta a las conocidas variantes de preocupación, consideradas así por tener una o más de estas características: mayor transmisibilidad, mayor virulencia o descenso de efectividad de las medidas (métodos diagnósticos, vacunas y terapias). También cambian los nombres de las variantes de interés, asociadas a transmisión comunitaria o brotes, o detectadas en múltiples países. Por ejemplo, la de Nueva York (B.1.526) se denomina Iota; la de Río de Janeiro (P.2), Zeta; y la de Nigeria (B.1.525), Eta.

Variantes de la covid.

Variantes de la covid.

El Grupo de Evolución de Virus de la OMS llevaba meses planeando el cambio de nomenclatura, un proceso que se tornó más complicado de lo que parecía a priori. Barajaron formar acrónimos de dos sílabas, pero pronto descubrieron que esos nombres ya existían para designar lugares o empresas.

También estudiaron utilizar nombres de dioses y diosas de la mitología griega, algo que se desechó, y números simples (1, 2, 3...), pero eso creaba confusión con los nombres dados a los virus en bases de datos genéticas.

Finalmente, según explicó Van Kerkhove a Stat, el método del alfabeto griego fue aprobado por los expertos de la OMS, algunos de los cuales forman parte del Comité Internacional de Taxonomía de Virus. Este organismo es el encargado de nombrar las nuevas especies de virus, y de hecho fue el que creó la denominación SARS-CoV-2 para bautizar al coronavirus que provoca la covid-19. Sin embargo, no nombra subespecies, por lo que la tarea recayó en la OMS.

Maria Van Kerkhove matizó que esta nomenclatura tiene efectos únicamente divulgativos y que no sustituirá a las denominaciones técnicas. En estas nomenclaturas, la variante británica, ahora Alpha, recibe los nombres de B.1.1.7 (según el linaje de Pango), GRY (según Gisaid) y 20I/S:501Y.V1 (Nextstrain).

Sin embargo, algunos expertos mostraron su descontento con la solución adoptada. «Zeta-Eta-Theta? ¿Fácil de decir? Es fácil de confundir», opinó en Twitter, en respuesta a Van Kerkhove, el virólogo Florian Krammer, profesor de Microbiología en la Escuela Icahn de Medicina del hospital Monte Sinaí de Nueva York. «¿Y qué vamos a hacer cuando nos quedemos sin letras? Lo siento, no voy a usar esto. (La nomenclatura) Pango era perfecta», añadió. Krammer recordó también que los medios de comunicación hablarán de las variantes cuando surjan, semanas antes de que reciban la denominación oficial por parte de la OMS.

Chantal Reusken, viróloga en la Universidad Erasmus de Róterdam, opinó que «nombrar los virus con el lugar donde primero se aislaron es una vieja costumbre en virología, sin ninguna motivación política. Se ha abandonado por la politización de la ciencia», lamentó.

Nombrar una variante por el país donde fue aislada en primer lugar nos recuerda la capacidad de los virus para saltar continentes debido a la globalización. Una variante detectada por primera vez en India en octubre de 2020 ya es dominante en un país al otro lado del globo, concretamente en Reino Unido. Por eso los científicos insisten en la necesidad de vacunar a toda la población mundial, algo que conviene no olvidar.

Irónicamente, a la gripe tipo A, subtipo H1N1, que provocó la mortífera pandemia de 1918, se la sigue conociendo mundialmente como la «gripe española», cuando ni se originó aquí ni fue especialmente devastadora en nuestro país.