La tecnología ha alcanzado un crecimiento sin precedentes en las últimas décadas. Las redes sociales están a la orden del día. Hay gente que incluso dice «no poder vivir sin ellas». Pero ¿qué pasa con aquellas personas que han elegido no caer en las enredaderas de estos medios?

Alicia, Mariana y Ana son tres chicas que no han querido seguir los pasos del resto de la sociedad. «Tuve redes durante muchos años, cuando era más pequeña. Todas mis amigas tenían Snapchat e Instagram y por eso yo también me creé un perfil. En la pandemia me di cuenta de que perdía mucho tiempo. Sobre todo con Tik Tok, no hacía nada productivo, solo miraba una pantalla», confiesa Alicia. Lo que le ocurrió a Mariana lo ve como una señal del destino: «Un día me hackearon y ya no podía entrar en mi cuenta de Instagram. Lo sentí como una señal. Supe que eso era lo que necesitaba para dejar las redes. Y estoy genial, no lo echo nada de menos. Ahora utilizo las mañanas para leer y no para mirar las redes sociales nada más levantarme».

El psicólogo Juanjo Martí Noguera, especializado en redes sociales, cree que el principal problema de este auge es la inmadurez que la sociedad tiene respecto a ellas. «Hay un desconocimiento de los datos que compartimos. Las redes se han amparado en la psicología para convertirlas en algo adictivo. La gente quiere compartir, y el formato en el que están hechas aporta una falsa sensación de control. Todo se queda en la red, nada se pierde. He visto muchos casos donde lo que subimos en el pasado se convierte en un enemigo para el futuro, son datos almacenados». Según el Informe Digital elaborado por Hootsuite y We Are Social, con datos de 2022, el número total de usuarios de plataformas sociales en el planeta es casi un 60% de la población mundial.

Las redes sociales ya no son solo algo relacionado con el ocio y el tiempo libre. La pandemia ha marcado un antes y un después en las aulas. «Hay docentes que hacen uso de la tecnología para poder hacer los deberes, pero al profesorado mayormente no le ha preparado nadie. Todo debería empezar en las aulas a nivel educativo, porque lo digital es crucial. Instagram es el ágora, el punto de encuentro», expone Martí.

Sin embargo, para Mariana ya no. «Yo ahora soy más feliz. Tengo más paz y tranquilidad. Creo que las redes te hacen estar intranquila, pensando en publicar lo que estás haciendo. Dejas de disfrutar los momentos, te centras más en publicar lo que haces. Yo tenía una foto buena y ya enseguida quería subirla. Ahora se lo enseño a mis amigos más íntimos y ya está», según confiesa.

El psicólogo añade que con la red social se pierde la empatía y un ejemplo de ello es lo que le ocurrió a Alicia: «No las uso porque hacen que me evada del mundo. Es cierto que estás más conectado pero a mí me hacía efecto rebote. Como ya veía lo que hacían mis amigos por sus redes, no les preguntaba cómo estaban porque ya lo sabía. Y ahora, al no verlos, me obligo a dedicar más tiempo de calidad a la gente de mi alrededor».

A raíz de un mayor uso de esta tecnología, se han producido consecuencias negativas, como el grooming (acoso sexual a menores), el trolling (publicar mensajes provocativos u ofensivos) y el ciberacoso. Todos ellos causan fuertes costes psicosociales, como «nuevas patologías. La gente se siente ignorada y enganchada a las redes. La tecnología no descansa y, mientras nosotros dormimos, algo que hemos publicado puede hacerse viral y perdemos el control sobre ello. Se dan situaciones que pueden llegar a ser críticas, hay un gran crecimiento de trastornos como la anorexia y la bulimia porque las redes crean estándares de belleza», explica el especialista.

Desde la aparición de Tik Tok, las redes han iniciado un nuevo rumbo. «El mayor problema es que la gente se engancha más cuanto más corto es el estímulo. Tik Tok ofrece mucho contenido en muy poco tiempo. Puedes ver tantos vídeos como quieras, nunca se acaban. Las demás redes sociales han visto que esto engancha y por eso están imitando el formato», confiesa el doctor.

Aunque, según quienes no hacen uso de ellas, no todo es malo: «Te ayudan a mantenerte conectado e informado de la actualidad y es más fácil socializar», argumenta Ana. «Por no usar las redes, me estoy perdiendo estar más al día de las noticias o enterarme más fácilmente de las cosas. La gente se informa por Twitter, no por los periódicos», añade Mariana.

El psicólogo opina que «ahora hay mucha comunicación lúdica. Esto te obliga a estar en un espacio de red para comunicarte. Cada vez será mas difícil estar en la sociedad sin tener redes sociales. Lo digital es necesario, no tener internet es un problema. Lo positivo es que te abre unas oportunidades comunicativas increíbles, hay acceso global a los negocios y aprendizaje. Lo que no está controlado es saber ¿quién soy yo en las redes?», concluye.