Entrevista
Luis Santamaría: "Religiosas o no, todas las sectas son una desviación patólogica del fenómeno religioso"
"En la Iglesia Católica también hay realidades que presentan esa deriva sectaria"

Luis Santamaría del Río, especialista en sectas. / Alba Prieto
Mónica Sánchez Blanco
¿Son las Hijas del Amor Misericordioso una secta?
No estamos ante una secta, pero se parece mucho. Hablamos de una asociación de fieles, un grupo católico reconocido por la Iglesia, que se ha desviado y presenta comportamientos sectarios. Las acusaciones y las quejas de unas decenas de familias se centran principalmente en lo que el lenguaje eclesiástico denomina abusos de poder y de conciencia. No podemos tratar a las HAM de secta porque no conforman un grupo autónomo, sino que están sujetas al derecho canónico, a las normas de la Iglesia católica. En efecto, que el arzobispado de Madrid haya destituido a la responsable de la asociación y la haya sustituido por una comisaria, es decir, una responsable interina que pueda arreglar las cosas, no sería posible haberlo hecho en ninguna secta.
En el comunicado de los laicos afines a las Hijas del Amor Misericordioso estos maquillaban comportamientos sectarios, como el aislamiento, diciendo que constituían prácticas comunes en las congregaciones religiosas. ¿Cómo traspasan la normativa católica las actuaciones del grupo?
He recibido en estos últimos cuatro o cinco años las llamadas de varios padres y madres pidiendo ayuda directamente. Decían que lo que había pasado con su hija no era normal desde un punto de vista católico. Ha habido una captación y un reclutamiento muy poco transparente. En los casos que he conocido veían que su hija quedaba con amigos que había conocido en un retiro, con los que iba a rezar o tenía momentos de convivencia, sin saber, en algunos casos, que estaban frecuentando las actividades y las compañías de las Hijas del Amor Misericordioso. De forma que cuando la hija comunica, como una decisión irrevocable, que va a entrar en la asociación y que lo va a hacer consagrando su vida a Dios, no ha habido un proceso previo de los padres para entender por qué. Y se trata de familias católicas practicantes para las que no sería un disgusto que la hija se meta a monja, al contrario, las llenaría de felicidad. Pero han visto algo muy oscuro en un proceso que se ha hecho a sus espaldas y que ha conllevado un cambio de personalidad en sus hijas. No tiene nada que ver con la alegría y felicidad que siente una hija que se hace religiosa, o un hijo sacerdote, a los que su nueva situación les hace unirse más a su familia. Como me decía una madre estos días pasados, llorando al teléfono: “ ¿cuándo se ha visto que la Iglesia divida a las familias? La Iglesia une y la fe une, y esto lo que ha hecho es arrancarnos a nuestras hijas además de transformarlas”. Porque me contaba que estaban hablando de chicas inteligentes con un sentido crítico, que se han vuelto las personas más sumisas del mundo hacia las dinámicas de un grupo y una líder, Marimí (María Milagrosa Pérez Caballero).
¿Qué sabe de esta mujer? Aparte de lo que es púbico.
Las familias me transmiten que existe hacía ella existe el típico culto al líder de las sectas, mantenido por todas las personas relacionadas con la asociación. Como consideran que ella tiene hilo directo con Dios, la dejan decidir los aspectos más nimios de la vida de sus seguidores y sobre todo de sus seguidoras. Lo que Marimí dice se admite como voluntad de Dios y se asume de forma acrítica. Entonces, hay esa veneración mezclada con obediencia que no deja lugar para la libertad de la persona.
Llama la atención que personas criadas en una sociedad democrática, que debería fomentar el espíritu crítico ante las personas en cargos de poder, mantengan esta fe ciega. ¿Qué cree que puede estar fallando?
Es que estamos en un campo especialmente delicado. Es muy fácil pasar de la fe a la creencia irracional cuando son cosas muy diferentes. Tan sencillo como cruzar la línea entre la obediencia bien entendida y la ciega. Entonces, es muy fácil que en los entornos religiosos se den derivas sectarias, porque están enraizados en algo tan humano como la confianza. Sin ella no podemos vivir. Y la fe religiosa supone la confianza más radical. En el fenómeno sectario se abusa de esa confianza, es decir, las personas no son captadas y manipuladas porque sean más tontas. Se han fiado y alguien las ha engañado y sometido. Es habitual en las sectas porque todas las sectas, sean religiosas o no, son una desviación patológica del fenómeno religioso. En la iglesia católica también hay realidades que presentan esa deriva sectaria: asociaciones de fieles, congregaciones religiosas, nuevos movimientos o hasta seminarios y parroquias que siguen una dinámica sectaria por causa de la persona al mando.
Más allá de las creencias individuales o de grupos religiosos, ¿piensa que el conjunto de la sociedad es poco crítico?
Todo importa. El sectarismo tiene que ver con las personas y sus vulnerabilidades, porque las sectas explotan las vulnerabilidades, pero también mucho con el ambiente social, que puede ser el caldo de cultivo para que las personas estén más expuestas a la captación sectaria y a la manipulación. En el momento actual se da la paradoja de que tenemos mucho más conocimiento, muchas más posibilidades de acceso a la información y las sectas están creciendo más que nunca.
¿A qué es debido esto?
A que el fenómeno de las sectas es muy complejo y no se basa solo en un engaño de tipo racional o intelectual que pueda desactivarse fácilmente y que pueda prevenirse con conocimiento. Hoy nos sobra información, pero no sabemos gestionarla, porque falta formación, que es lo único que puede dar sentido a la sobrecarga que vivimos. Es decir, en una sociedad en la que cada vez es más difícil distinguir las noticias, los hechos reales, de las fake news, en el que el engaño y la mentira están en el orden del día, las sectas campan a sus anchas en las redes sociales, presentando su mejor escaparate en Instagram y Tiktok, y adoctrinando a gente a distancia a través de canales de YouTube o de Telegram. Además se trata de un fenómeno que tiene que ver con la búsqueda de sentido, identidad y pertenencia. Podemos ser las personas más inteligentes del mundo, pero todos tenemos nuestros momentos de crisis pasajera en los que las sectas pueden anclar. Y también es posible que se aprovechen de nuestros intereses e ideales. Si una persona es generosa, es capaz de entregarse, estaría dispuesta a darlo todo por hacer un mundo mejor, las sectas ahí tienen al adepto ideal al que van a querer cazar. Y eso, si miramos a la sociedad, porque estoy poniendo el acento en lo personal, pero estamos viviendo una crisis a tantos niveles, una crisis de confianza en las instituciones, de humanidad, viendo a diario la situación en Gaza y que nadie mueve un dedo. Es decir, al final hay muchas personas que se preguntan qué sentido tiene todo y si alguien aparece con un mensaje positivo, de solución de los problemas, de hacer un mundo mejor, de cambiar tu vida, puede encontrar una respuesta favorable en muchas personas.
En este sentido, suele hablar del sectarismo de los movimientos espirituales New Age. ¿Su auge puede tener relación con que las personas reduzcan la ansiedad a través del pensamiento mágico, un razonamiento que busca causas donde no aparecen de forma lógica?
El pensamiento mágico está a la orden del día, en la New Age, en tantas pero tantas versiones de la psicología positiva, del crecimiento personal… Eso que se resume en el "si quieres puedes" o de una forma más retorcida en la ley de la atracción. Todo es un pensamiento mágico que engaña a la persona con la ilusión de que puede controlar su realidad entera, tiene la capacidad de conocer lo desconocido y de conseguir aquello que no estaría en sus manos de una forma natural mediante prácticas al estilo de la meditación y los rituales. Es muy seductor hoy porque ofrece esa posibilidad de saberlo y poderlo todo. Y aquí están teniendo éxito las sectas, planteando con una espiritualidad muy difusa que en el fondo todos somos divinos y que tú puedes ser un dios capaz de hacer lo que te propongas. Esto al margen de cualquier connotación religiosa. Hay personas que asocian o incluso identifican la fe, la religión y las creencias con el pensamiento mágico y la superstición, cuando son dos cosas radicalmente diferentes. ¿Por qué? Porque en la religión la persona sabe que no tiene todas las respuestas y que debe confiar en alguien o en algo que lo trasciende, que está más allá de él. Entonces vive desde esa confianza y dependencia positiva, que no te hace ser menos, sino más.
¿Y cree que este tipo de pensamiento mágico también ha llegado a los grupos católicos con comportamientos sectarios?
Por desgracia tengo que decir que sí. A mí como católico me asombra y me entristece que haya creyentes que mezclen alegremente la fe con el pensamiento mágico, cuando son cosas que están muy distantes. Al final no les satisface ni les llena lo que enseña la Iglesia, que es la palabra y la vida de Jesucristo, y están buscando lo milagroso fuera de lo ordinario que los católicos creemos que Dios nos ha dado. Por eso en algunos entornos católicos hay tanta obsesión por las apariciones de la Virgen, los milagros, la acción del demonio y la lucha contra él. En todas estas cosas creemos los católicos, pero no es el centro de nuestra fe. El centro lo tenemos en el adherirse a Cristo, seguirlo en la Iglesia, encontrarse con él en los sacramentos y vivirlo en una vida de caridad y compromiso. A algunas personas parece que se les queda corto y buscan fuera cosas que les emocionen más y les hagan sentir más especiales o importantes.
¿Es algo nuevo en la Iglesia que haya ido en aumento en los últimos años o, por el contraigo, se ha mantenido constante desde hace un tiempo?
Dentro de la sociedad hay oleadas y los creyentes viven en ella. La Iglesia también es permeable a esas modas. Si por ejemplo falla la formación cristiana y la práctica de los sacramentos, o el compromiso de los católicos en la vida pública, pues al final es fácil que entren otras cosas que no tienen nada que ver con la fe. Porque no hay una fe que llene la vida de las personas o hay una fe muy individual e intimista, en la que falla lo comunitario y el aprender los unos de los otros.
En cuanto a las últimas noticias sobre las ex monjas de Belorado, no querían permitir a la Federación de Clarisas hacerse cargo de las monjas mayores que vivían junto a ellas. ¿Siente que, dentro de los comportamientos sectarios, intentar mantener a las monjas con ellas es un movimiento para potenciar su legitimidad?
Las ex monjas de Belorado siguen en una deriva sectaria cada vez más irracional y lo que estamos viendo en estos últimos días confirma que ahí el liderazgo está a cargo de Laura García, la anterior abadesa, y que no eran esos falsos obispos o falsos sacerdotes que acudían los que dirigían esta dinámica grupal. Ella misma desde el principio ha orquestado todo y está arrastrando a sus hermanas en este delirio compartido. Efectivamente, el retener a las religiosas mayores, esas que no han sido cómplices del cisma, sino que han sido víctimas directas de toda la campaña, demuestra ese comportamiento sectario. Y sí, podría ser una forma de agarrarse a las que siguen siendo verdaderamente monjas, titulares de los bienes de la orden, y garantes de una continuidad histórica porque también son las más mayores. Ahora las exmonjas quieren hacer una asociación civil al margen de la Iglesia Católica, quedarse con unos bienes que no les corresponden, que pertenecen a los cronistas desde hace siglos. Ahí siguen con esa oscura mezcla de cuestiones patrimoniales, supuestamente religiosas, y sobre todo, yo creo que los rasgos de personalidad de su líder, que dan forma a todo lo que está pasando.
Ha defendido que los comportamientos sectarios en la Iglesia Católica podían beber de la polarización en torno a la figura del papa Francisco, ¿Habrá cambios con León XIV?
Habrá grupos y personas que estén más tranquilos ante el nuevo papa, al que pueden ver más centrado y equilibrado, en la línea de pontificados anteriores. Pero lo cierto es que, por lo que observo, los grupos y personas que se habían situado en posiciones muy radicales contra el papa Francisco y contra la Iglesia Católica han seguido vomitando sus mismos insultos y mala idea contra el papa siguiente. Porque al final están en una deriva personalista y lo que quieren es una Iglesia a su medida. No están dispuestos a estar en comunión con todos los católicos del mundo, sino que desean imponer su propio criterio.
A parte de que, los cambios que el papa Francisco impulsó perseguían objetivos fijados por la Iglesia, que habían parado un poco con los pontificados de los dos papas anteriores, pero que vayan más rápido o más despacio son imparables.
Claro, siempre hay una tensión entre la fidelidad a la tradición que tiene que estar y una necesaria renovación de la Iglesia. Esto se vio de forma muy clara y manifiesta en el Concilio Vaticano II entre 1962 y 1965, y los papas posteriores lo que han hecho es ir adaptando todo lo que se habló, reformando la Iglesia a distintas velocidades, según lo que pide cada época y lo que la Iglesia considera que tiene que hacer en fidelidad a Cristo, no en fidelidad a las modas o a lo que dicte el mundo. Hay unos grupos que se quedaron desde el comienzo al margen del Concilio Vaticano II y lo han rechazado de plano. El sedevacantismo está en esa tesitura, es decir, ya no reconocen como papa a Juan XXIII, que fue quien convocó el Concilio Vaticano II, y se quedan anclados en una Iglesia de otra época, pero de manera selectiva, a su propia imagen y semejanza. Esos grupos incurren continuamente en contradicciones.
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Fuente: La Opinión de Zamora
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