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Entrevista

David Alvargonzález, filósofo: "El amor exige la interconexión ética entre los que se aman; los animales no pueden formar parte de una relación de amor"

"La Naturaleza, con mayúsculas y en singular, no existe; esa palabra designa cosas muy heterogéneas", sostiene el profesor de la Universidad de Oviedo y de la UNED

David Alvargonzález.

David Alvargonzález. / Fernando Rodríguez

María José Iglesias

Oviedo

En tiempos en los que el amor a los animales se proclama como una virtud indiscutible y la Naturaleza se erige en nuevo sujeto moral, el filósofo y profesor de la Universidad de Oviedo y de la UNED, David Alvargonzález (Gijón, 1960), introduce una cuña incómoda en el debate. Sostiene que no podemos amar ni a los animales ni a las plantas en sentido estricto, porque el amor exige reciprocidad ética. Para él, por otra parte, hablar de la Naturaleza en singular es equívoco: ese término agrupa realidades heterogéneas que nada tienen que ver entre sí. En esta conversación desmonta sentimentalismos y cuestiona categorías asumidas. Discípulo de Gustavo Bueno y pensador adscrito al materialismo filosófico, acaba de publicar nuevo libro, «Un mapa filosófico del mundo», y hace unos días visitó el Club LA NUEVA ESPAÑA para presentarlo y charlar sobre cómo la filosofía puede contribuir a entender la realidad contemporánea.

Afirma que no podemos amar a los animales y a las plantas porque no pueden reciprocar. Desde el punto de vista filosófico, ¿cuál debería ser la relación entre humanos y naturaleza?

La Naturaleza, con mayúsculas y en singular, no existe. Esa palabra designa cosas muy heterogéneas: las galaxias, los fósiles, los microrganismos, los cinco reinos de la biología, las sustancias y compuestos químicos, las partículas subatómicas, los fenómenos meteorológicos y tantas otras cosas. La relación de los humanos con cada una de estas áreas es diferente. Es distinta nuestra relación con las piedras que con los chimpancés. Si suponemos que el amor implica una conducta ética de preocupación y cuidado por la persona que se ama, entonces los animales no pueden formar parte de esa relación de amor, porque no tienen comportamiento ético.

Cada vez es más frecuente ver por la calle a personas hablando con sus perros como si fuesen humanos. ¿Cómo definiría este fenómeno?

Es un fenómeno muy complejo de analizar porque el perro, aunque no entiende el lenguaje humano de palabras tal como nosotros lo entendemos, entiende muchas cosas cuando le hablamos, por el tono, por el contexto y por otros muchos indicios, por eso la persona que le habla puede tener la impresión de que le entiende como si hablara a su vecino. Eso es porque las personas que no han estudiado psicología animal y etología desconocen el canon de la parsimonia de Morgan, según el cual el comportamiento de los animales no debe interpretarse mediante facultades mentales superiores si puede explicar mediante facultades inferiores.

Luego está lo de dejar la herencia a la mascota.

Eso ya es una cosa más extravagante, porque, en la mayor parte de los sistemas jurídicos, en el español, por ejemplo, una mascota no puede ser receptora de un derecho de propiedad, lo mismo que un caballo no puede ser cónsul. En realidad, se deja la herencia a alguien que tiene que asumir el deber de cuidar a la mascota hasta su muerte.

¿La Humanidad es hoy más inhumana que nunca o solo es una percepción sesgada?

La Humanidad, como la Naturaleza, con mayúsculas y en singular, tampoco existe. Existe una multiplicidad de grupos humanos con culturas e idiomas diferentes que siguen cursos y ritmos diferentes. Además, la Humanidad no es un agente único que tenga una unidad de acción. Lo que usted está pensando cuando imagina algo inhumano, pongamos por ejemplo el holocausto nazi, es, precisamente, algo específicamente humano, ya que nada parecido se puede observar entre animales no humanos.

El amor es de ida y vuelta o no es, dice usted. ¿Dónde queda el amor incondicional, por ejemplo, a los hijos?

La crianza del recién nacido se irá convirtiendo en amor conforme esa criatura se incorpore a la sociedad de personas y a las normas éticas. Mientras tanto, lo mismo que ese neonato es una persona en potencia, un proyecto de persona, el amor hacia él es también un amor en potencia que solo se sostiene por la generosidad de los padres. El amor humano no es un sentimiento subjetivo, es un entrelazamiento objetivo entre personas que se preocupan éticamente unas de otras.

¿Y entre adultos?

Si un hijo tiene unos padres narcisistas, o un hombre maltrata a su pareja, en esos casos no hay amor, porque el amor es una figura que exige la interconexión ética entre los que se aman, el compromiso ético del cuidado mutuo y la búsqueda del bienestar del otro.

En casos así, ¿si alguien fuera al psicoterapeuta que cree que le debería decir?

Lo primero: distingue lo posible de lo imposible. No es posible cambiar a estas personas que no tienen empatía, que te manipulan y te hacen sufrir. Lo segundo: tu fortaleza no puede verse comprometida por tu generosidad. Lo tercero: eso no es amor. Tu preocupación por una persona que te maltrata es patológica. Aléjate de esa relación. Y el psicoterapeuta te ayudara a salir de ese agujero, a empoderarte y a poder prescindir de esa relación tóxica. Curiosamente, es desde fuera desde donde mejor se ve si hay una relación de amor o no la hay.  Eso mismo que aconseja el psicoterapeuta se lo dirías tú a tu hija si tiene un novio que la maltrata, manipula, cosifica, acosa e intimida: “Eso no es amor, tu dependencia de ese chico es patológica, aléjate”. 

Usted ha comentado que se escriben demasiadas novelas, también se escribe mucho en las redes. ¿Se imagina a Platón subiendo sus fotos a Instagram?

Yo tan solo digo que es normal que una novela, pensada para entretener, tenga más lectores que un libro de filosofía. Sí me imagino a Platón haciendo uso de todas las tecnologías del presente. El uso que hizo Platón de las técnicas que tenía a mano fue, de hecho, muy revolucionario. Yo mismo utilizo las tecnologías a las que puedo acceder. El problema con todas las técnicas y las tecnologías es que se pueden poner al servicio del bien y al del mal, eso es todo. Pueden servir para formar y constituir personas libres o para destruirlas y manipularlas.

¿La filosofía puede salvar al mundo?

No, la filosofía no puede salvar el mundo de ninguna manera. Precisamente en mi libro “Un mapa filosófico del mundo”, hay una página dedicada a comentar este asunto. La filosofía es una forma de conocimiento, pero el conocimiento no salva al mundo. Las personas que hacen el mal no lo hacen por desconocimiento. Ya Ovidio en sus "Metamorfosis" dejó dicho: “Video meliora proboque, deteriora sequor”.  

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