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Casa Mágica en Vacaciones

Cocinar con niños: se aprende más de lo que se ensucia

Preparar la comida puede fortalecer la autonomía, mejorar la relación con los alimentos y reforzar el vínculo entre padres e hijos. Proponemos siete recetas sencillas para poner estas ideas en práctica

Dos pequeños, cocinando

Dos pequeños, cocinando / Kampus Productions/Pexels

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Karenn Wallace

Karenn Wallace

Málaga

Muchas veces nos quedamos pensando qué actividades hacer con los niños durante las vacaciones y terminamos programando planes que implican salir de casa o gastar bastante dinero. Sin embargo, existen alternativas mucho más sencillas que, además de entretener, aportan enormes beneficios a su desarrollo. Una de ellas es convertir a nuestros pequeños en cocineros.

Es cierto que, cuando uno escucha la idea, lo primero que piensa es quién va a limpiar luego todos los manchurrones. Pero cuando descubres todo lo que un niño puede aprender preparando una receta sencilla, esos pequeños inconvenientes pasan a un segundo plano.

El chef británico Jamie Oliver lleva años defendiendo una idea tan sencilla como poderosa: todos los niños deberían aprender sobre alimentación y cocina. No para convertirse en futuros concursantes de MasterChef, sino porque cocinar es una habilidad para la vida. Igual que aprendemos a leer para entender un libro o a montar en bicicleta para movernos con autonomía, aprender a preparar una comida sencilla nos acompaña durante toda la vida.

La cocina, un pequeño gimnasio para la vida

Cuando un niño prepara una receta no solo está mezclando ingredientes. Está planificando, siguiendo instrucciones, organizando tareas, trabajando la motricidad fina, aprendiendo a esperar, resolviendo pequeños problemas y, sobre todo, descubriendo que es capaz de hacer cosas por sí mismo. La cocina se convierte así en un pequeño gimnasio donde la autoestima se fortalece mucho más que un soufflé... Bueno, en realidad el soufflé no es el mejor ejemplo. A mí todavía no me sale ninguno decente.

Eso sí, para que la experiencia sea positiva conviene escoger bien el reto. Si el primer día pretendemos que prepare una receta propia de un restaurante con estrella Michelin, es probable que la frustración llegue antes que el aprendizaje. El objetivo no es impresionar a los invitados, sino que el niño termine la actividad diciendo con orgullo: «¡Lo he hecho yo!». Esa sensación de éxito es la que construye la confianza para afrontar el siguiente desafío.

Además, cocinar tiene un efecto curioso. Muchos niños que rechazan determinados alimentos cambian de actitud cuando han participado en su preparación. Cortar la fruta, mezclar una ensalada o montar un sándwich divertido convierte la comida en algo propio. Y, en muchas ocasiones, ese rechazo ni siquiera tiene que ver con el sabor. Simplemente desconocen el alimento o han terminado copiando los gustos —y también los prejuicios— de los adultos que les rodean.

Todos colaboran

También es una forma sencilla de repartir responsabilidades en casa. No porque los niños deban asumir el trabajo de los adultos, sino porque formar parte de un hogar también significa participar en pequeñas tareas comunes. Preparar una merienda, poner la mesa o ayudar con una receta les hace sentirse útiles y les recuerda que una familia funciona mejor cuando todos colaboran.

Por eso, el recurso descargable que acompaña este artículo reúne siete recetas sencillas, nutritivas y equilibradas, pensadas para que los niños participen de forma activa y disfruten del proceso. No buscan formar pequeños chefs, sino ofrecer experiencias de éxito, fortalecer la autonomía y demostrar que, a veces, una habilidad para toda la vida puede empezar preparando una receta en familia.

Así que, manos a la obra y descarga aquí tus '7 recetas fáciles para pequeños chefs'.

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