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"Mi hijo no tiene amigos": ¿Cuál es el escenario donde debería encontrarlos?

Por qué la cantidad de amigos importa menos que encontrar a quien comparte tu forma de mirar el mundo

Dos amigas, jugando

Dos amigas, jugando / Pexels/Naeem Alterawy

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Karenn Wallace

Karenn Wallace

Málaga

"Mi hijo no tiene amigos".

Pocas frases ponen tan nerviosos a unos padres como esa. Y es lógico. Enseguida imaginamos recreos en soledad, cumpleaños sin invitaciones y una infancia condenada al aislamiento. El problema es que solemos medir la vida social de nuestros hijos con la misma facilidad con la que contamos ovejas: uno, dos, tres amigos... y listo. Pero las personas no funcionamos así.

Quizá nuestra energía no debería estar puesta en que tengan muchos amigos. Tal vez debería estar en que encuentren una forma de relacionarse con la que se sientan bien.

Hay una idea de Erik Erikson que siempre me gusta recordar cuando hablamos de la preadolescencia. Mientras intentan descubrir quiénes son, también empiezan a descubrir con quién quieren estar. Las dos cosas suelen avanzar al mismo tiempo. Y eso significa que no siempre encuentran a "su gente" a la primera.

Harry Stack Sullivan fue un paso más allá. Él observó que, durante esta etapa, aparece una necesidad nueva: tener una amistad de verdad. Alguien con quien compartir intereses, confidencias y esa sensación de «este me entiende». Lo llamó "chumship". No hablaba de popularidad. Hablaba de conexión.

Lo que necesitan los preadolescentes

Y aquí quizá convenga bajar un poco nuestras propias revoluciones.

No todos los preadolescentes necesitan el mismo número de amigos. Algunos disfrutan estando rodeados de gente. Otros necesitan mucho más tiempo para ellos y apenas un par de relaciones profundas. Incluso los hay que parecen vivir esta etapa con otro ritmo. Mientras unos buscan pertenecer a un grupo cuanto antes, otros siguen mucho más volcados en sus intereses que en sus relaciones. Ninguna de estas situaciones debería preocuparnos por sí sola.

La pregunta importante es otra: ¿nuestro hijo está sufriendo por esa soledad o simplemente está tranquilo mientras todavía busca su sitio? No es una diferencia pequeña.

Si disfruta de sus aficiones, mantiene un buen estado de ánimo, tiene ilusión por las cosas que le gustan y no aparecen señales de ansiedad, tristeza persistente o aislamiento doloroso, probablemente no haya ningún problema que resolver. Puede que, sencillamente, todavía no haya encontrado a las personas con las que comparte su manera de mirar el mundo.

Eso sí, tampoco hace falta esperar sentados a que la magia ocurra. Podemos ponérselo un poco más fácil. No buscándoles amigos, sino escenarios donde esos amigos puedan aparecer. Un club de ajedrez, un taller de dibujo, un grupo de teatro, robótica, montaña... Da bastante igual la actividad. Lo importante es que la elijan ellos, no nosotros. Si escogemos pensando en lo que nos habría gustado hacer a nosotros, probablemente estaremos buscando la tribu equivocada.

Precisamente para eso hemos preparado esta semana La Brújula para Encontrar mi Tribu, un recurso que puedes descargar aquí y que está pensado para ayudar a los preadolescentes a descubrir qué les apasiona, qué personas ya forman parte de su red y en qué lugares podrían encontrar otras con las que compartir ese camino.

Las mejores amistades rara vez empiezan con un «vamos a hacer amigos». Suelen empezar compartiendo una afición, una conversación o una manera parecida de mirar el mundo.

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