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Casa Mágica en Vacaciones

Preadolescentes e intimidad: educar es aprender a llamar a la puerta

De pedirles que cierren la puerta del baño a aprender a llamar antes de abrir la de su habitación

La importacia de abrir una puerta

La importacia de abrir una puerta / Pexels/Cottonbro

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Karenn Wallace

Karenn Wallace

Málaga

Hay un momento en el que los padres empezamos a desarrollar una relación bastante complicada con las puertas. Durante años nuestro trabajo consistía en conseguir que las cerraran; la del baño, la de la nevera, el armario. Hasta que un día la puerta que se cierra es la de su habitación... y entonces somos nosotros los que queremos abrirla.

Nos empieza a preocupar que ya no nos cuenten todo, que pasen más tiempo solos o que prefieran hablar con un amigo antes que con nosotros. Y es normal. Hasta hace dos días nos enterábamos de absolutamente todo. Ahora, en cambio, da la sensación de que hay una parte de su vida que empieza a quedarse al otro lado de esa puerta.

Hay una idea de Erik Erikson que siempre me ha gustado cuando hablamos de esta etapa. Él explica que la preadolescencia es el momento en el que empezamos a construir nuestra identidad de una forma mucho más consciente. Dicho de otra manera: ya no solo intentan entender cómo funciona el mundo. También intentan entender quiénes son ellos dentro de ese mundo. Y para responder a esa pregunta necesitan algo que hasta hace poco apenas existía: intimidad.

Creo que aquí solemos cometer un pequeño error. Confundimos intimidad con secretismo, y no son lo mismo.

Ese espacio propio

Que no quiera cambiarse de ropa delante de nosotros, que escriba un diario, que cierre la puerta de su habitación o que tenga conversaciones privadas con sus amigos no debería encender todas las alarmas. De hecho, probablemente sea una buena noticia. Significa que está apareciendo ese espacio propio desde el que poco a poco irá construyendo su identidad.

Otra cosa muy distinta es el silencio que aparece de golpe. El aislamiento. Un cambio brusco de comportamiento. El miedo. El acoso. Una tristeza que ya no desaparece. Ahí la conversación deja de ir sobre intimidad y empieza a ir sobre protección.

Creo que esta etapa puede entenderse mucho mejor si imaginamos que nuestros hijos empiezan a construir tres puertas.

La primera es la puerta de su intimidad. Esa debemos aprender a respetarla. Necesitan pequeños espacios que les pertenezcan: escribir un diario, tener conversaciones privadas con sus amigos, cambiarse de ropa a solas o simplemente querer estar un rato sin compañía. La intimidad no es un rechazo hacia la familia; es una herramienta imprescindible para construir la propia identidad.

La segunda es la puerta de su mundo emocional. Esa ya no suele abrirse sola. Ahora toca llamar. Preguntar sin interrogar, escuchar sin juzgar y aceptar que, a veces, la respuesta será un "luego te cuento". Muchas conversaciones importantes no nacen cuando insistimos, sino cuando ellos descubren que seguimos estando disponibles.

Y existe una tercera puerta. Esa que, como padres, tenemos la responsabilidad de abrir incluso sin permiso cuando aparecen señales de alarma. Respetar la intimidad nunca significa mirar hacia otro lado. Si observamos cambios bruscos de comportamiento, aislamiento extremo, miedo constante, posibles situaciones de acoso, manipulación en Internet, autolesiones o cualquier otra señal que comprometa su bienestar, intervenir deja de ser una invasión para convertirse en una obligación.

Conversaciones, no "la charla"

Precisamente por eso esta semana os proponemos un recurso muy sencillo. Que podéis descargar aquí Un tarro lleno de conversaciones que quizá nunca surgirían solas, pero que pueden aparecer de forma natural una tarde cualquiera. Sin prisas. Sin discursos. Sin la presión de tener «la charla». Porque, casi siempre, las conversaciones importantes empiezan cuando dejamos de intentar que sean perfectas.

Puede que la preadolescencia no consista en perder el acceso al mundo de nuestros hijos. Puede que consista, simplemente, en aprender que ya no todas las puertas se abren de la misma manera.

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