Está nerviosa. No acaba de fiarse de que su intimidad, celosamente guardada durante décadas, pueda estallar en pedazos por un desliz, una imprudencia. Es la primera vez que accede a una entrevista cara a cara con una periodista y con un medio de comunicación. Y a permitir posar para una fotógrafa de prensa: no teme que le robe el alma, sino que cualquier pequeño matiz captado en esa imagen tumbe los muros que ha construido celosamente para protegerse ella y proteger a sus cuatro hijos. El recelo es infundado: la maestría de la redactora gráfica ha captado su esencia sin desvelar su identidad.

Erinia –es, obviamente, un nombre ficticio; el suyo y el que ha usado para ejercer la prostitución son menos rebuscados– es una de las ocho mujeres (conocidas) que sobrevivieron a encuentros sexuales con el asesino en serie Jorge Ignacio Palma Jacome, que espera su sentencia entre rejas después de que el jurado que lo ha enjuiciado durante cinco semanas largas lo considerase culpable de tres asesinatos consumados –los de Arliene Ramos, Lady Marcela Vargas y Marta Calvo– y de seis más intentados –una de las víctimas se descabalgó durante el juicio por no "revivir la pesadilla" y en otra no se incluía la acusación de atentar contra su vida–. Erinia es una de esas seis.

Se confiesa "feliz" por ese veredicto de culpabilidad, sobre el que tenía "muchas dudas. Todo el mundo que sabía lo que había en ese sumario me decía que estuviese tranquila, que era imposible que no lo condenaran. Pero cabía esa posibilidad. Sabía que podía ocurrir. También, que esa persona no podía quedar libre. Es peligrosa".

El miedo, la angustia y los nervios se la comían el día que tuvo que ir a declarar al juicio. Es la primera y única vez que habló con una de las otras chicas, citada para el mismo día que ella. Mientras esperaban en un cuarto a diez metros de la sala de vistas, "cruzamos tres frases, de lo nerviosas que estábamos y del miedo que nos daba entrar". ¿Miedo al acusado? "En parte sí. Yo he estado tres veces con él. Vi la cocaína de alta pureza que llevaba, su forma de vestir, sus amenazas... La última vez que lo vi, días antes de lo de Marta, se fue diciéndome que nos iba a ‘balasear’ a mí y a un amigo mío que salió en mi defensa. Ese hombre es un narcotraficante y es colombiano. Si salía libre, sé que iba a venir a por mí. Y a por las otras chicas".

Miedo a no ser creída

Pero también temía al jurado, a que no la creyeran, a que la juzgaran por su actividad como prostituta y no por su condición de víctima. Se equivocaba. Los nueve miembros del tribunal popular solo han analizado hechos, no personas, y por eso han dictaminado que Palma es culpable de los 30 delitos graves de los que estaba acusado. Los cometidos contra las vidas y la integridad física de sus víctimas, pero también de haber abusado sexualmente de ellas con la introducción de cocaína en roca en sus genitales y de tráfico de drogas por haberlas obligado a ese consumo no consentido.

Esta mujer lleva dos décadas dentro de la prostitución. Llegó, como todas, empujada por la necesidad. Con 17 años la echaron de casa y antes de darse cuenta estaba embarazada en una relación fugaz que no permitía fantasear con fundar una familia. Cuando optó por la prostitución para dar de comer a su hija ya no era libre, así que tampoco fue una elección.

Con la amplia experiencia en ese mundo, del que ha salido a temporadas y con el que ha podido darle a sus hijos una educación con la que ni siquiera pudo soñar cuando ella estaba en edad de estudiar, escucharla es aprender. ¿Alguna vez algún putero había propuesto o intentado introducirle cocaína en sus genitales? "Jamás. Y son muchísimos años y muchísimos clientes. Nunca. Fiesta blanca, que es lo él pedía, no es eso. Es consumir cocaína durante un servicio sexual. O hacer que la consumes, simularlo para que él crea que sí. Como mucho, alguno te pide poder esnifarla sobre tu cuerpo o se coloca una ‘puntita’ en su pene, pero, ¿introducírtela en la vagina y en el ano y de esa manera? ¿Y esa cocaína tan pura y en esas cantidades? Jamás. Y nunca lo habría consentido", sentencia.

En su caso, fueron tres los encuentros con Palma. Los dos primeros en una casa de citas en Campanar. El primero transcurrió con la normalidad que puede haber en un encuentro con un putero. "Ese día, él ni llevaba cocaína". En el segundo, el lobo sacó los dientes. "Intentó que consumiera cocaína de forma muy insistente, pero él no lo hacía, así que no me fie. Cuando me negué a tomarla yo también, se enfadó. Me miró amenazante y finalmente se fue". Erinia se asustó. "En todos los años que llevo en esto, nunca me he sentido amenazado. Algún borracho, a veces alguien que se pone pesado... Ese día sí me asusté". Tanto, que se fue del piso y se quitó de en medio.

"¿Este es tonto o qué?"

Pasaron meses hasta el tercer encuentro, el definitivo. Para entonces, Erinia se había independizado. Había alquilado una habitación en un hotel del Grao, en Valencia. Él la encontró por la foto del anuncio. "Cuando llegué y vi que era él, no me gustó". Palma intentó que se fueran a su casa, a Manuel. Era finales de octubre de 2019. Faltaba poco más de una semana para que asesinara a Marta. Y ya había matado a Arliene y a Lady Marcela, pero solo él lo sabía.

Finalmente entraron en la habitación. Nada más empezar a mantener relaciones, lo pilló metiéndole cocaína en la vagina. "Me saqué una piedra enorme, como un grano de uva grande. Le dije ‘esto a mí no me lo hagas, ¿eh?’ y se hizo el loco". Al momento, volvió a hacerlo y Erinia empezó a asustarse de verdad. "En ese momento, no fui consciente de que quisiera matarme. Yo salí corriendo medio desnuda a pedir ayuda a gritos por la ventana. Él no se movía, yo estaba cada vez mas mareada y él no hacía nada mientras yo corría. Estaba apoyado en la pared, mirándome con frialdad, tan tranquilo. Hasta llegué a pensar ‘este es tonto o qué’".

Finalmente, consiguió escapar y él fue detrás. En la calle estaba su amigo y se enfrentó a él. "Fue entonces cuando nos amenazó". La mujer cambió de teléfono y de lugar, muerta de miedo, pero la auténtica dimensión de ese episodio la descubrió semanas más tarde.

"Al ver su cara me quedé blanca"

El susto hizo que dejara de tener encuentros con puteros y pasó a hacer sustituciones como encargada en un piso de citas de alto nivel. Fue su compañera quien le enseñó, en diciembre, una noticia en el ordenador. "Busqué la cara de Marta, por si la conocía, y vi que no. Cuando seguí mirando, vi la cara de él y me quedé blanca. Era el mismo que me había hecho aquello. Llamé inmediatamente a la Policía y al día siguiente presenté la denuncia. Solo pensaba en que se supiera la verdad de lo que le había hecho a Marta. No iba a consentir que lo de Marta se quedase como que era una cocainómana y que había muerto accidentalmente. Fue en ese momento cuando supe que su intención era matarme, que me salvé de milagro y que cuando me mirada solo esperaba a verme morir. No podía consentir que la familia de Marta no supiera la verdad".

Y ha cumplido. Con todas las citas policiales y judiciales. Una lección de civismo y solidaridad de quien más tenía que perder. Como el resto de las supervivientes. Sin ellas, hoy ese veredicto tal vez no existiría.