Los científicos que estudian la geoingeniería solar saben que "inyectar" partículas altamente reflectantes de un material como el azufre, por ejemplo, en la estratosfera, para desviar la luz solar y así enfriar el planeta, es una posibilidad. Dado su carácter invasivo en un sistema tan complejo, hasta el momento se pensaba como una idea extrema, pero ahora se está considerando con mayor seriedad desde diversos sectores académicos y científicos, debido a la acuciante realidad ambiental que vive la Tierra y que no parece detener su curso.

Una solución de último momento para el calentamiento global sería oscurecer el Sol inyectando partículas en la atmósfera con ese fin, según sostienen diferentes expertos en geoingeniería solar. Sin embargo, las consecuencias que traería y su impacto sobre los sistemas naturales suscitan numerosas controversias y han obligado a estados y científicos a dejar la idea un tanto postergada. Ahora, los alarmantes indicadores ambientales han hecho que nuevamente se piense en esta salida como una posibilidad real. 

Imitando a los volcanes

¿Cómo se lograría apaciguar la influencia del Sol sobre nuestro planeta? Básicamente, se trata de imitar lo que sucede cuando los volcanes liberan partículas a la atmósfera: una gran erupción, como la del Monte Pinatubo, en Filipinas, en 1992, es capaz de enfriar al planeta y provocan un descenso de las temperaturas globales durante uno o dos años, según un artículo publicado en The New Yorker. Al igual que las partículas liberadas por el volcán, inyectar dióxido de azufre en aerosol en la estratosfera podría tener resultados similares y reducir las temperaturas.

De acuerdo a otro artículo publicado en Futurism, el gobierno de Estados Unidos anunció recientemente un plan de investigación de cinco años para estudiar la geoingeniería solar. Se trata de una señal concreta: la idea ha salido del ámbito de la ciencia ficción, las especulaciones y la teoría para convertirse en una posibilidad real, en medio de un período de temperaturas en rápido aumento y objetivos climáticos que no se están cumpliendo.

Si bien todo indica que las partículas inyectadas podrían producir el efecto deseado y enfriar la superficie del planeta al atenuar la llegada de la luz solar, aún estamos comenzando a comprender los posibles efectos secundarios que podría tener una medida de este tipo, particularmente a escala global. Por ejemplo, las fluctuaciones de temperatura podrían provocar condiciones climáticas extremas, como inundaciones en lugares inesperados en todo el planeta. A su vez, esas condiciones generarían un escenario ideal para la propagación de enfermedades como la malaria, entre otras.

¿La última posibilidad?

A pesar de estos peligros, un escenario de crisis ambiental en aumento en las próximas décadas podría hacer que la idea de oscurecer el Sol sea vista como la única salida posible. De esta forma, al menos tres iniciativas se suman al proyecto de la Casa Blanca sobre la implementación potencial de la gestión de la radiación solar, también conocida como SRM. Por ejemplo, una comisión bajo el auspicio del Foro de Paz de París, compuesta por quince líderes mundiales y algunos expertos ambientales, está explorando esta opción como una “alternativa política” para combatir el cambio climático. 

En el mismo sentido, una iniciativa del Carnegie Council trabaja sobre cómo las Naciones Unidas podrían gobernar la geoingeniería solar, solucionando los problemas que traería para los estados intentar hacerlo por su cuenta. Por último, Degrees Initiative es un esfuerzo académico con sede en el Reino Unido y financiado por un conjunto de fundaciones: se centra en la geoingeniería solar y en la investigación sobre los efectos de dicho esquema en todo el planeta. 

Para finalizar, vale recordar que el empresario y filántropo Bill Gates, cofundador de Microsoft, financia el Experimento de Perturbación Controlada Estratosférica (SCoPEx), desarrollado por científicos de la Universidad de Harvard. Se trata de una tecnología de oscurecimiento del Sol que se enfoca en la pulverización de polvo de carbonato de calcio (CaCO 3) no tóxico en la atmósfera. Aunque ha tenido algunos contratiempos, el proyecto busca avanzar además en la comprensión de los aerosoles estratosféricos que podrían ser relevantes para la geoingeniería solar, mejorar la fidelidad de las simulaciones y profundizar en el conocimiento de los posibles riesgos.