Un nuevo análisis de artefactos hallados en un importante sitio funerario de la Edad del Bronce con 4.000 años de antigüedad, cerca de las ruinas de Stonehenge, en el Reino Unido, permitió que los arqueólogos descubrieran un juego de herramientas para trabajar con objetos de oro y revestimientos que no se habían identificado previamente. Este nuevo enfoque ofrece una visión más profunda de la vida y el trabajo humanos, tal cómo se desarrollaba cuatro milenios atrás.

Arqueólogos de la Universidad de Leicester y la Universidad de Southampton, ambas en el Reino Unido, han identificado un juego de herramientas para trabajar el oro de 4.000 años de antigüedad, resguardado entre los ajuares funerarios de un importante entierro de la Edad del Bronce, en cercanías de las famosas ruinas de Stonehenge.

El conjunto de herramientas se encontró en el sitio de Upton Lovell G2a, que fue excavado en 1801 y cuyo contenido de mayor valor histórico ahora se exhibe en el Museo de Wiltshire, en Devizes. En el marco del nuevo estudio, publicado recientemente en la revista Antiquity, los especialistas volvieron a examinar los ajuares funerarios de piedra y aleación de cobre encontrados en el entierro, revelando que son herramientas para trabajar el oro.

El oro en la Edad del Bronce

El descubrimiento se inició cuando uno de los expertos encaró un análisis del desgaste del ajuar funerario que fue hallado en el sitio. En el proceso, identificó detalles que parecían ser residuos de oro en sus superficies. También constató que las herramientas de piedra se habían utilizado para una variedad de propósitos diferentes: algunas se usaron como martillos y yunques, mientras que otras se emplearon para alisar otros materiales. 

Esta diversidad de usos demuestra la creciente complejidad de la vida y el trabajo en las sociedades de la Edad del Bronce. Los científicos definen a la Edad del Bronce como el período de la historia en el que se desarrolló la metalurgia relacionada a este metal, como resultado de la aleación de cobre con estaño. Tuvo lugar aproximadamente entre los años 3.300 y 1.200 antes de Cristo.

De acuerdo a una nota de prensa, los científicos observaron posteriormente los residuos de oro utilizando un microscopio electrónico de barrido y un espectrómetro de dispersión de energía, dos avanzados instrumentos que les permitieron confirmar esta identificación y analizar la edad de los residuos. Verificaron que existen residuos de oro en cinco artefactos hallados en el sitio, además de descubrir una “firma” elemental de producción que es consistente con la orfebrería de la Edad del Bronce que se encuentra en todo el Reino Unido.

Un hallazgo único

En tanto, los científicos destacaron que las herramientas para trabajar el oro que datan de la Edad del Bronce Temprano son extremadamente raras en este contexto. Identificar un juego de herramientas para crear objetos de oro es un descubrimiento clave para conocer más en profundidad a las sociedad humanas de la época. Además, el hallazgo gana misticismo y trascendencia al estar asociado con el enigmático entierro de Upton Lovell G2a.

Vale recordar que este sitio ya ocupaba un lugar especial en las narrativas arqueológicas. Ubicado cerca de Stonehenge, Upton Lovell G2a está marcado con un montículo de tierra. En ese lugar, dos personas fueron enterradas junto a una amplia gama de objetos funerarios, incluida una gran cantidad de puntas de huesos perforadas, que se cree que formaron parte de un elaborado disfraz. 

Los nuevos hallazgos sugieren que las herramientas se utilizaron para fabricar objetos de múltiples materiales. Por ejemplo, un objeto central se elaboraba en un material como azabache, esquisto, ámbar, madera o cobre, para posteriormente ser decorado con una fina capa de lámina de oro. La precisión de los trabajos y la confirmación de su antigüedad son un verdadero “tesoro” para quienes buscan entender cómo funcionaban la vida y el trabajo en las sociedades de la Edad del Bronce.

Referencia

Materials in movement: gold and stone in process in the Upton Lovell G2a burial. Rachel J. Crellin et al. Antiquity (2022). DOI:https://doi.org/10.15184/aqy.2022.162