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La falla que no duerme

Tiempo de descuento sísmico en España: la advertencia del mar de Alborán

El sur y sureste peninsular afrontan un riesgo creciente de un gran terremoto tras más de 140 años de calma

Intensidades registradas en España debidas al terremoto del 14 de julio de 2025

Intensidades registradas en España debidas al terremoto del 14 de julio de 2025 / IGN.

Belén Benito (*)

El reciente terremoto en el mar de Alborán, de magnitud superior al de Lorca en 2011, alerta sobre el riesgo sísmico latente en el sur y sureste de España. La zona, afectada por la convergencia de las placas de Eurasia y África, tiene capacidad para generar sismos de magnitud moderada-alta, por lo que la probabilidad de que ocurra uno en un futuro no muy lejano va en aumento. Es necesario afrontar el riesgo y actuar de forma preventiva. El fenómeno es natural; la catástrofe no.

En la madrugada del 14 de julio, un sismo de magnitud Mw 5.3 sacudió el mar de Alborán, a 30 km de la costa almeriense. Fue uno de los mayores sismos instrumentales registrados en España en época instrumental, localizado a solo 3 km de profundidad. Según el IGN, se sintió en 512 poblaciones de 11 provincias, alcanzando una intensidad máxima de IV en la escala EMS-98 en Almería y Murcia, lo que significa que fue ampliamente percibido y causó vibración de objetos. Afortunadamente, al tener su epicentro en el mar, a unos 30 km de la costa, no hubo daños personales.

Este evento, de magnitud superior al de Lorca de 2011 (Mw 5.1) que causó 9 muertes, plantea una pregunta crucial: ¿qué habría ocurrido si el epicentro se hubiera localizado en tierra, cerca de una población? El sismo alerta sobre el riesgo sísmico latente en el sur y sureste de España, un riesgo que no debe ser ignorado si se quiere evitar una futura catástrofe.

El origen y la historia de los sísmos en el Sureste

La sismicidad de la región se debe a la convergencia de las placas tectónicas de Eurasia y África, que se aproximan a una velocidad de unos 5 mm al año. Esta colisión genera un campo de esfuerzos que se libera a través de fallas activas, principalmente con dirección noreste-suroeste. Entre las más importantes se encuentran las fallas de Alhama de Murcia, responsable del terremoto de Lorca, y la de Carboneras, que se extiende por tierra y mar atravesando parte de la provincia de Almeria.

Históricamente, la región ha sufrido terremotos muy destructivos. Desde 1396, han ocurrido diez sismos con intensidades superiores a VIII, un nivel que implica un alto grado de destrucción. Los dos más devastadores en los últimos tiempos fueron: Torrevieja (Alicante) en 1829: Intensidad IX-X, con alrededor de 300 víctimas mortales. Arenas del Rey (Granada) en 1884: Intensidad IX-X, con cerca de 900 fallecidos. Este es considerado el último gran terremoto destructor en España.

Desde el terremoto de Andalucía en 1884, han pasado 140 años sin un evento de intensidad comparable, a pesar de que el promedio histórico era de dos a tres sismos destructivos por siglo.

Marco sismotectónico del sur y sureste de España, representando la sismicidad reportada junto a las principales fallas existentes que explican su origen.

Marco sismotectónico del sur y sureste de España, representando la sismicidad reportada junto a las principales fallas existentes que explican su origen. / IGN.

El futuro sísmico: un tiempo de descuento

La sismología se rige por un principio claro: "Donde ha temblado, temblará". Las fallas del sur y sureste español son lentas, lo que significa que los terremotos son menos frecuentes que en otras zonas como California. Sin embargo, tienen capacidad para generar sismos de magnitud moderada-alta, en torno a Mw 6.5 - 7. Se estima que los grandes terremotos históricos alcanzaron magnitudes de este orden.

Para contextualizar, un aumento de un punto en la escala de magnitud multiplica la energía liberada por 30. Un sismo de magnitud 7 liberaría casi 900 veces más energía que el de Lorca. La predicción a corto plazo es imposible, pero el análisis estadístico del pasado sugiere que estamos en un periodo de "silencio sísmico" que podemos calificar como anómalo. El siglo XX no tuvo ningún terremoto de gran intensidad, y el de Lorca en el XXI, aunque dañino, no fue un evento altamente destructivo.

Esta ausencia de grandes sismos ha provocado una pérdida de conciencia sobre el riesgo, pero implica que las fallas acumulan una mayor carga tectónica. Por tanto, la probabilidad de que se libere mediante un terremoto de magnitud moderada-alta en un futuro no muy lejano va en aumento. Nos encontramos en lo que podría considerarse un "tiempo de descuento".

(*) Belén Benito es doctora en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid y catedrática de Geofísica en la Universidad Politécnica de Madrid. Ha liderado un Grupo de investigación en Ingeniería Sísmica en la ETSI Topografía, Geodesia y Cartografía de la UPM (grupo GIIS).

¿Se puede evitar la catástrofe?

Un terremoto de magnitud 6.5 o 7 cerca de una de las muchas zonas densamente pobladas del sur y sureste podría tener consecuencias devastadoras. El daño no solo depende de la magnitud, sino de la vulnerabilidad de las edificaciones y la proximidad del epicentro.

La catástrofe, sin embargo, no es inevitable. Al igual que se ha visto con otros desastres naturales como la DANA de 2024 en Valencia, es urgente actuar. El terremoto no se puede evitar, pero sus consecuencias se pueden paliar con medidas adecuadas antes, durante y después del evento. Las claves son: elaborar planes de emergencia a escala municipal para garantizar una respuesta eficaz en las primeras horas. Educar a la población sobre cómo actuar durante un sismo. Implementar medidas preventivas como el reforzamiento de estructuras vulnerables y un diseño sismorresistente adecuado para las nuevas construcciones.

El mensaje final es claro: no hay que esperar a que ocurra el desastre. Es necesario afrontar el riesgo y actuar de forma preventiva. El fenómeno es natural; la catástrofe no lo es.

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