Urbanismo / Ciencias Ambientales y Salud
La reducción de la sombra de los árboles urbanos incrementa la mortalidad
Una investigación estadounidense vincula la reducción de la copa arbórea con más muertes, principalmente en los barrios más calurosos

Un nuevo estudio comparó las tasas de mortalidad con los cambios en la cobertura del dosel de los árboles durante un período de 11 años en Chicago, para mostrar que los vecindarios con más pérdida del dosel también tenían tasas de mortalidad más altas. / Crédito: Universidad Northwestern.
Pablo Javier Piacente / T21
A medida que los árboles desaparecen de los barrios urbanos, es posible que se pierdan vidas con ellos. En un nuevo estudio, los científicos comprobaron que las zonas que perdían más cobertura forestal también experimentaban tasas de mortalidad más altas, particularmente en los barrios más calurosos de las ciudades.
La sombra de los árboles urbanos no es solo una cuestión de confort en verano: también puede ser un tema de salud pública.
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, y publicado en la revista GeoHealth concluye que, en Chicago, los barrios que perdieron más cobertura arbórea durante once años registraron también mayores tasas de mortalidad.
El trabajo vincula la reducción de la copa de los árboles con un aumento de las muertes, especialmente en las zonas más calurosas.
Un paisaje en evolución
Los árboles de una ciudad no son un paisaje estático: crecen, desaparecen o se degradan por enfermedades, tormentas o actuaciones urbanísticas, y esa evolución puede tener consecuencias sanitarias medibles.
Cuando la cubierta arbórea disminuye, la mortalidad aumenta, según los científicos. Mientras los trabajos anteriores se habían fijado más en fotografías fijas del arbolado que en su cambio a lo largo del tiempo, el nuevo estudio se centró en su evolución: ese es el principal aporte de la nueva investigación.
Para medir esa relación, el equipo analizó imágenes satelitales anuales de la cobertura de árboles en todos los distritos censales de Chicago entre 2011 y 2021, y las cruzó con más de 220.000 registros de defunción procedentes de los departamentos de Salud de Illinois y de Chicago.
Una visión dinámica
Después aplicó un modelo estadístico que controló variables como la temperatura estival, la contaminación atmosférica, la renta, el tamaño de la población y la segregación residencial racial o étnica. El objetivo era aislar, en la medida de lo posible, el efecto del cambio en la sombra arbórea sobre la mortalidad.
El resultado más importante es que no bastó con mirar cuánta copa arbórea tenía un barrio en un año concreto. La cobertura total en un momento dado no mostró una asociación significativa con la mortalidad: la clave estuvo en las variaciones de un año a otro.
Cuando la cobertura aumentaba, el estudio observó menos muertes por enfermedades cardiovasculares, respiratorias, varias afecciones musculoesqueléticas y dolencias vinculadas a la salud mental. Es decir, la trayectoria o evolución del arbolado pesó más que la "foto fija".
Diferencias según cada área
La geografía urbana también marcó diferencias claras. Según el modelo, los barrios del sur y del oeste de Chicago tendían a registrar temperaturas estivales más altas, mayores pérdidas absolutas de cobertura arbórea y tasas de mortalidad más elevadas que otras zonas de la ciudad.
En cambio, las áreas cercanas al lago Míchigan disfrutaban de un entorno más fresco y con menor mortalidad, mientras que las zonas próximas a las áreas forestales preservadas concentraban la mayor cobertura arbórea y una mortalidad aún más baja.

Factores ambientales y de salud a nivel de distrito censal en Chicago (2011–2021), incluyendo la cobertura porcentual de superficie terrestre de la copa de los árboles. / Crédito: GeoHealth (2026). DOI: 10.1029/2025gh001651
Plantar árboles nuevos y cuidar los maduros
Los autores insisten en una distinción esencial que debe aplicarse en la gestión urbana: plantar árboles no equivale automáticamente a proteger la sombra existente.
Los árboles jóvenes tardan años en desarrollar copas amplias, mientras que los ejemplares maduros aportan de inmediato una sombra densa y una capacidad de enfriamiento que puede perderse de golpe si se talan, enferman o caen por una tormenta.
Por eso, el estudio sugiere que las ciudades no solo planten más, sino que también preserven mejor los árboles maduros que ya tienen.
Referencia
Increasing Urban Tree Canopy Associated With Reduced Mortality: A Longitudinal Analysis of Chicago Neighborhoods. Harrison C. Garcia et al. GeoHealth (2026). DOI:https://doi.org/10.1029/2025GH001651
Impacto directo en la salud pública
El trabajo ofrece además una cifra ilustrativa del posible impacto sanitario de reforzar el arbolado. Si Chicago incrementa su cobertura arbórea en torno a un 0,03 % anual, algo que los autores equiparan aproximadamente a plantar 14.000 árboles cada año, el modelo estima que podrían evitarse unas 105 muertes al año.
No se trata de una predicción exacta, sino de una simulación que ayuda a dimensionar cuánto puede importar la infraestructura verde en términos de vidas humanas.
Detrás de esos números hay una concepción más amplia: los árboles urbanos funcionan como infraestructura de salud pública. Reducen el efecto isla de calor, mejoran la calidad del aire, favorecen la actividad al aire libre y pueden aliviar el estrés térmico en los barrios más expuestos.
Fuente: Levante - EMV
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