19 de julio de 2010
19.07.2010
El jugador número 13 | Juan Carlos Bonilla

El proyecto y su comienzo

La llegada de Terrell McIntyre es una inmejorable noticia, sobre todo si somos consciente de las aspiraciones del Unicaja

13.07.2010 | 04:17

Tras pasar un mes, en el Unicaja ha sido coincidencia general la necesidad de ver a jugadores que transmitieran algo más que murmullos de duda al respetable. Para ello, más allá de renovaciones o mantener a gente esencial en el engranaje como Jiménez o Berni, el primer y de momento único movimiento en cuanto a fichajes ha sido el de Terrell McIntyre. El fichaje del norteamericano, principal culpable de los últimos éxitos de Montepaschi Siena, es una inmejorable noticia, sobre todo si somos conscientes de la capacidad real de las aspiraciones del Unicaja. La llegada de este base con nombre de actor secundario de western de los 50 debe ser uno de los soportes del equipo de Aíto, pese a los peros que puedan ponerse a su fichaje. El primer pero puede ser el de la edad, aunque el jugador nacido en Carolina del Norte, concretamente en Fayetteville, cumplirá 33 años el 18 de octubre. No es ningún niño, pero el tan admirado y tan odiado (a partes iguales) Prigioni ya cumplió esa edad en mayo. El no haber estado castigado por las lesiones también juega a su favor, ya que sólo se le conocen en la temporada 99-00. Sus comienzos no fueron fáciles. De hecho, ante la fuga de su padre, su madre tuvo que criar en solitario a su hermano pequeño y a él. Para Terrell, la posterior pareja de su madre hizo de figura paterna. Lo acompañó a todos sus partidos de High School, pero su fallecimiento en un accidente de trabajo hizo descender su rendimiento previo a la llegada a la Universidad de Clemson, donde completó cuatro años y encontró en el entrenador asistente Larry Shyatt a su verdadero mentor.

Los cuatro años colegiales estuvieron llenos de éxitos. Compañero de los conocidos Íker Iturbe y Tom Wideman alcanzó el galardón de ser el segundo máximo anotador de su universidad en la historia, tras el ex jugador de Lakers y Pistons, Elden Campbell. McIntyre se encontró con lo complicado del salto a profesionales, tras no ser elegido en el draft de 1999. En su lugar estuvo en ligas de segunda fila como Francia (Gravelines) y Alemania (Metabox), donde sólo completó medio año para comprobar que podía ser peor aún y no cobrar su salario, por corto que fuera. La vuelta a América le dio cobijo en la Liga de Desarrollo, en los Fayetteville Patriots, donde compartió dirección con Omar Cook. Su rendimiento fue más que óptimo, con la posibilidad de encontrar un contrato en la NBA, concretamente en Nueva Orleans, pero siendo cortado en el fatídico mes de octubre, que cercena gran cantidad de sueños entre los aspirantes. Lejos de venirse abajo, el inicio de sus siete años de estancia en Italia lo encaró como un salto definitivo, aunque no fuera fácil. De hecho estuvo dos años en la segunda categoría (Ferrara y Capo d´Orlando). Un año en Reggio Emilia fue el paso previo a Siena, donde llegó como suplente de la pareja exterior Forte-Kaukenas, pero bastó un par de meses para que el entrenador se diera cuenta que el pequeño Hércules era el verdadero espíritu de su escuadra. Cuatro años en la ciudad del Palio, cuatro Ligas, tres Supercopas, dos Copas y la Final Four en Madrid en 2008 son parte de su hoja de servicios. La sola llegada de McIntyre no significa el éxito del Unicaja futuro, pero recuerdo el equipo que se montó en Málaga a mediados de los ochenta, comandado por Mario Pesquera y que comenzó sobre la base de Rafa Vecina, luego el gran base, siendo entonces Fede Ramiro, después llegó el gran pívot que fue Ricky Brown. Eso está pendiente en la avenida de Los Guindos, pero de entrada es un buen comienzo.

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