21 de noviembre de 2014
21.11.2014
Mi opinión

El pequeño Arapovic

21.11.2014 | 05:00

Pocos países en el mundo pueden exhibir su amor por el baloncesto como hace Croacia. El país balcánico ha sido siempre una gran cantera para el baloncesto mundial a pesar de su pequeño tamaño. Drazen Petrovic y su imbatible Cibona de Zagreb en dura competencia con la Jugoplastika de Kukoc han sido sus grandes embajadores. Después de aquellos años de gloria eterna el país arlequinado mira al futuro con optimismo. La Cibona de Zagreb maravilló al mundo del baloncesto de la mano de Drazen Petrovic, su hermano Aleksandar y una serie de jugadores más grises pero que hacían perfectamente su trabajo al servicio del equipo. Entre estos gladiadores estaba Franjo Arapovic. Un pívot tosco, muy fuerte físicamente, gran reboteador, buen intimidador y con grandes problemas cara al aro. En la primera Copa de Europa ganada por los croatas al Real Madrid, no anotó y en la segunda ante el Zalgiris aportó dos puntos. Anotar no era su trabajo, estaba en el equipo para otras cosas. Con el paso del tiempo, Franjo se retiró con un palmarés espectacular y se dedicó a representar a jugadores, entre ellos esta su hijo Marko.

Marko Arapovic es una de las grandes promesas del baloncesto croata. Formado en la Cibona como su padre, es el líder de la generación del 96. En Zagreb coincidió con las otras dos grandes perlas croatas, Dario Saric (1994) y Mario Hezonja (1995). Marko tiene un gran físico y es capaz de anotar con facilidad incluso de tres puntos. Sabe jugar de espaldas a canasta y de cara al aro. Tiene un buen manejo de balón y el carácter ganador de la generación de su padre. Descontento con su protagonismo en la Cibona este verano se planteo salir del equipo. Sobre su mesa ofertas de Real Madrid, Barcelona, Unicaja, varias universidades americanas, entre ellas Gonzaga y Duke, y un largo etcétera de clubes, pero tanto él como su padre lo tenían claro, querían seguir en Croacia con su formación. Su apuesta por un club y un entrenador, el Cedevita y Jasmin Repesa con los que se unieron por cuatro años.

Con una media de 8 minutos por partido en la Euroliga al joven Marko le toca crecer lentamente pero puede estallar en cualquier momento. Calidad le sobra y Málaga es un gran escaparate para mostrarla. Repesa lo sabe y después de ganar en Tel Aviv planea repetir hazaña en el Carpena.

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