09 de febrero de 2019
09.02.2019
Memoria en verde y morado

La hazaña más grande jamás contada

La unión entre el baloncesto y la comarca del Bagés tiene muchos años de vigencia

09.02.2019 | 05:00
El TDK Manresa celebra su triunfo liguero.

La Peque-Columna

  • ¿Sabías qué Jesús Lázaro es de los pocos jugadores de la ACB que ganó dos ligas con dos equipos diferentes: Manresa y Unicaja?

La unión entre el baloncesto y la comarca del Bagés tiene muchos años de vigencia. El Bàsquet Manresa, con la modestia por bandera, ha sido siempre ejemplo de gestión, lucha y compromiso con un modelo de club basado en la seriedad deportiva y empresarial, lejos de inversiones millonarias y proyectos faraónicos. Manresa tiene en la permanencia su objetivo natural, aunque tal y como sucede esta temporada, hubo unos años en los que competía sin arrugarse frente a los equipos más poderosos del baloncesto español.

La llegada del tercer extranjero a la ACB en 1992 supuso un aldabonazo en la democratización de la competición. Desde ese momento cualquier equipo con buena planificación y algo de suerte podía incorporar un trío de foráneos de calidad que contribuyera a ofrecer el salto cualitativo a la columna vertebral de nacionales. Las diferencias entre clubes comenzaron a reducirse, provocando así los años más locos jamás vistos en la liga española, convirtiendo al conjunto manresano en uno de los mayores animadores del baloncesto patrio.


Chichi Creus encarnaba la piedra angular del Manresa. El pequeño y eterno base era el termostato de un equipo que crecía sin prisa pero sin pausa. A la luz de su talento y liderazgo, el club catalán consiguió una campanada histórica en la Copa del Rey en Murcia, superando al Barça en una final épica resuelta en la prórroga gracias a un triple desde la esquina del gran Joan. El equipo dirigido por Salva Maldonado consiguió lo que nunca nadie jamás había soñado: que el capitán Joan Peñarroya tuviera la ocasión de levantar el trofeo más emocionante del baloncesto europeo.

Mientras tanto, el baloncesto español continuaba en permanente estado de convulsión. Equipos no habituales, como Unicaja, Baskonia o Caja San Fernando se hacían un hueco en la parte noble de la clasificación, siendo el Manresa uno de los más intrépidos aspirantes.

Tras disputar las semifinales ligueras en dos ocasiones, en la temporada 97-98 iban a volver a conseguir otro hito sin precedentes. La fidelidad de su patrocinador TDK no iba acompañado de un gran presupuesto, únicamente el tercero más bajo de la Liga, hecho que no fue óbice para acabar la fase regular en una meritoria sexta posición.

Un entrenador cuatro años más joven que Chichi Creus, había dirigido con acierto una plantilla compacta y rendimiento óptimo. Debutante en ACB, el manchego Luis Casimiro diseñaba el juego manresano con la principal amenaza de su poderoso trío de americanos (Herb Jones, Brian Sallier y Derrick Alston). La conjunción de los astros baloncestísticos tuvo su máximo fulgor en las eliminatorias por el título. Sin contar con factor cancha a favor, el Manresa iba a enfrentarse a un reto de considerables dimensiones.

Sorpresiva y sucesivamente fulminó por idéntico resultado (1-3) a sus rivales en cuartos de final (el Estudiantes de Pepu que tenía en los internacionales Azofra, Carlos Jiménez o Iñaki de Miguel a sus jugadores más destacados) y en semifinales (frente a un Real Madrid que contaba con una dupla exterior de campanillas compuesta por Dejan Bodiroga y Alberto Herreros). La ilusión se desbordaba entre la afición del Nou Congost tras alcanzar la finalísima que le enfrentaría al Tau Baskonia.

Máxima expectación alrededor de un duelo en el que, por primera vez en la historia, no tenía entre sus contendientes a los históricos del baloncesto español (Madrid, Barça o Penya). Además eran varios los protagonistas que ocupan un lugar destacado en la historia de Unicaja; ambos entrenadores (Casimiro y Scariolo) y cuatro jugadores (Paco Vázquez, Bryan Sallier y Chus Lázaro en Manresa y el mito Garbajosa en las filas vitorianas).

Y la final se desarrolló tal y como había pasado en las anteriores eliminatorias. El Tau, favorito en todas las apuestas, no tuvo capacidad para frenar al quinteto mágico que ponía en liza Casimiro (Creus, Capdevila, Jones, Sallier y Alston) y que jugaba de memoria. Los minutos de descanso recaían principalmente en Lázaro, Paco Vázquez y el capitán Jordi Singla, quien tuvo el honor de alzar el trofeo de la Liga delante de los más de 5.000 fieles que abarrotaban el Nou Congost tras vencer en un emocionantísimo cuarto partido por 77-75 al cuadro baskonista. A veces el deporte es justo y Joan Creus, el líder silencioso del Manresa, fue reconocido como el jugador más valioso de una final que ha quedado registrada en los anales de la historia de la ACB y en la memoria colectiva de todos los que amamos el baloncesto.


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