10 de marzo de 2019
10.03.2019
Memoria en verde y morado
Opinión

Estrellas fugaces

10.03.2019 | 05:00
Sergi Vidal y Andy Panko, en una acción de juego con los vascos.

San Sebastián, ciudad señorial de la costa cantábrica, ha convertido la excelencia en una de sus señas de identidad. Pasear por la playa de La Concha, subir al Monte Igeldo o visitar el Casco Viejo permite descubrir y disfrutar de una urbe que combina cultura, gastronomía y respeto al medio ambiente para deleite de quienes allí viven y la visitan. La cultura está representada por su Festival Internacional de Cine que, tras más de 60 años de historia, continúa brillando gracias a la presencia de las estrellas más rutilantes del mundo del celuloide. Su apuesta por el cine más rompedor e innovador tiene a bien combinarse con el glamour presente en el hall del Hotel María Cristina, los grandes estrenos y las ceremonias de entrega de la Concha de Oro o el Premio Donostia.

En lo que respecta a la gastronomía, la cocina vasca ha conseguido alcanzar la categoría de arte tras fusionar tradición y vanguardia más allá de pintxos y sidrerías. Apoyada en el liderazgo del «Dream Team» de cocineros donostiarras (Aduriz, Subijana, Arzak y Martín Berasategui), San Sebastián se ha encumbrado como la segunda ciudad que más estrellas Michelín reúne por metro cuadrado en el mundo. Y las estrellas también llevaron su resplandor al parquet.

José Antonio Gasca, alma máter y presidente del CB Askatuak, fichó a dos talentos inconmensurables como Essie Hollis y Nate Davis a finales de la década de los 70, convirtiendo al humilde proyecto guipuzcoano en una brillante atracción dentro de la competición nacional. Graves problemas económicos provocaron que el club desapareciese de la élite nacional, teniendo que pasar más de dos décadas hasta su refundación en el nuevo Guipuzkoa Basket para que la afición al baloncesto en San Sebastián recuperase la ilusión.

Los oscuros años de lucha y sufrimiento se transformaron en una brillante temporada 2011/12. A las órdenes de Sito Alonso, las gradas de Illumbe se llenaban cada partido llevando en volandas a una plantilla liderada por dos veteranos en estado de gracia (Sergi Vidal y Andy Panko, elegidos en el quinteto ideal de la competición) y un grupo de guerreros irreductibles (Javi Salgado, Jimmy Baron o David Doblas) que no perdían la cara ante ningún rival.

Esta combinación de estrellas y luchadores les permitió superar un durísimo comienzo de temporada, clasificándose por primera vez en su historia para la fase final de la Copa del Rey y derrotando de forma consecutiva a los todopoderosos Madrid, Baskonia y Unicaja en un mágico mes de marzo. La dinámica positiva de resultados se mantuvo hasta el final gracias a las continuas exhibiciones ofrecidas por el MVP Panko, terminando la liga regular en una meritoria quinta posición antes de enfrentarse a un Valencia Basket que no tuvo nada fácil derrotarles.

Los dos jugadores formaron parte del mejor quinteto de la ACB.

Como una auténtica estrella fugaz, el brillo y la gloria se esfumaron drásticamente en el mundo del baloncesto vasco. Tras un convulso verano, las dificultades para cerrar un presupuesto idóneo forzaron la renuncia a disputar la competición europea, provocando que el ilusionante proyecto donostiarra retornara bruscamente a una realidad alejada de los focos y logros que habían podido disfrutar los fieles seguidores de Illumbe.

La peque columna:

¿Sabías que Illumbe, el pabellón del Guipuzkoa, es también una plaza de toros?

@OrientaGaona

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