21 de septiembre de 2020
21.09.2020
La Opinión de Málaga
Liga Endesa
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El rebote son los padres

El Unicaja, lastrado por la falta de capacidad para capturar rechaces en su canasta y en el aro rival, pierde en su estreno liguero ante un Joventut mucho más equilibrado

21.09.2020 | 23:28

Un Unicaja extremadamente blando en defensa y sin la más mínima capacidad para rebotear, ni en canasta propia ni en la ajena, arrancó la pretemporada con una merecida derrota en Badalona, en un partido en el que empezó bien, pero en el que fue de más a menos y en el que concedió demasiadas segundas opciones a su rival. No es que el Joventut hiciera el partido de su vida, pero ante tantas facilidades, le valió lo que puso sobre el parqué al equipo de Carles Durán para estrenar con éxito, ellos sí, la temporada.

Si había dudas sobre la solvencia del juego interior cajista, los números del partido en el Olimpic avivan seriamente el debat: 47 rebotes de ellos por solo 24 del Unicaja. Una diferencia insultante y que habla muy mal de la actitud para guardar el aro de todo el equipo, obviamente de los de dentro, pero también de los de fuera, incapaces de bloquear a los exteriores del Joventut y también de capturar ni un solo rebote largo. Los anotadores también dan otra pista de lo que pasó cerca de los aros en Badalona: Tomic, 17 puntos; Brodziansky,14; y Birgander,13. Sus tres máximos anotadores, sus tres jugadores de la «pintura». ¿Casualidad?...

La verdad es que después de una pretemporada demasiado «fea» de resultados y de sensaciones, el equipo estaba obligado a dar una mejor imagen en el arranque liguero. Durante la primera parte, el Unicaja estuvo aceptablemente bien y sí dio una imagen seria (solo con el problema del rebote como hándicap), pero tras el intermedio se vio otra vez la versión del día del UCAM o del día del Valencia en pretemporada.

Está claro que el ADN de este nuevo proyecto verde es tirar de 3 y correr. La plantilla tiene un perímetro con muchos puntos en las manos y el éxito o el fracaso de la temporada (coronavirus al margen) dependerá de que los porcentajes de acierto desde el 6.75 sean altos. Resultó curioso que el equipo, esta vez, a pesar de ser manifiestamente inferior a su rival cerca del aro, renunciara a su juego «habitual» hasta el punto de que lanzó incluso menos triples que el Joventut: 18 los verdes por 25 de la Penya. No sé. Cuanto menos, sorprendente.

La derrota tampoco puede servir ahora para «matar» ya al equipo. La imagen durante muchos minutos no fue buena, pero es solo el primer partido y está más que claro dónde está el problema. La cuestión es ahora saber atajarlo a tiempo de que no se convierta en una rémora para este proyecto 20/21 que está arrancando.

El partido fue raro. Dos primeros cuartos de color verde y morado y un tercer y último cuarto de claro tono verdinegro. Dos minutos largos le costó al Unicaja estrenar su marcador, 5-2. Pero a partir de ahí, un parcial de 2-20, provocó que el Unicaja marcara una máxima renta de 9-20 que obligó a Carles Durán a pedir un tiempo muerto para decirles cuatro cosas a los suyos, demasiado contemplativos ante un Unicaja que en el arranque se aprovechó de la visión de juego de Mekel, de la intensidad de Thompson y del acierto en el lanzamiento de los exteriores. El partido alcanzó el primer parón con 15-22 y una inesperada sensación de superioridad de los cajistas en todas las facetas... menos en el rebote (12-7 para los locales, ya en los primeros 10 minutos).

No encontró Luis Casimiro en las rotaciones demasiada ayuda desde el banquillo. La Penya se colocó a 3 en el inicio del segundo cuarto, 20-23. Un triple de Parra puso el 25 iguales y dos libres de Brodziansky le dieron la vuelta al partido, 27-25, tras un parcial de 12-2. Se puso las pilas el Unicaja a tiempo de que el rival no se lo creyera. Recuperó Casimiro su cinco inicial en la pista y el equipo volvió a dominar en el marcador, 34-37. Las fuerzas se igualaron en el esprint final de un primer tiempo que se cerró con 37-39, un marcador demasiado equilibrado para lo visto sobre el parqué. Y es que el +2 de esos primeros 20 minutos pareció muy poco premio para una versión más que aceptable del Unicaja en los dos primeros cuartos de la temporada.

Tomic asumió todo el protagonismo en la reanudación del partido. Hizo 7 puntos, robó un balón, reboteó y el Joventut se fue 5 arriba, 47-42. Su tercera falta personal, en el momento que más daño hacía, fue un alivio para los de Casimiro, que volvieron a equilibrar las fuerzas, 47-47, en el que casi fue su último arreón. La mejoría verde fue un espejismo. A los cajistas les costó mucho encontrar el aro rival y el partido alcanzó el minuto 30 con un preocupante 58-51 y dos dinámicas totalmente opuestas: para arriba ellos y para abajo los de Los Guindos.

El partido amenazó ruina en el primer minuto del último cuarto. Casimiro pidió tiempo con 63-51, 12 de desventaja para los verdes, que la jugada siguiente fueron 15, 66-51. Es verdad que quedaban 8 mintos y medio, pero la desastrosa imagen del equipo, sin ideas en ataque y superados en defensa por un rival agigantado segundo a segundo, anunciaban un desenlace negativo.

El Unicaja, virtualmente muerto, tiró de corazón más que de cabeza, remó, remó y volvió a remar para creer en el milagro a 2:36 del final, 71-67. Pero como lo que no puede ser, no puede ser... y además es imposible, el Joventut, con el enésimo rebote de ataque del «enano» Bassas y con un triple desde la esquina de Brodziansky, acabó de rematar a un Unicaja con mucho que mejorar.

La primera jornada ya es historia. El jueves, llega la segunda, con la visita del nuevo Barça de Sarunas Jaskevicius al Martín Carpena. Evitar el 0-2 en la clasificación es ahora el objetivo. Y no va a ser nada fácil.

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