Volodymyr Gerun ha desaparecido de la actualidad del Unicaja. Desde hace algo más de un mes, una vez que Fotis Katsikaris tomó las riendas del equipo, el jugador ucraniano permanece al margen del día a día de los entrenamientos y los viajes de la primera plantilla verde, incluso ha dejado de asistir como espectador a los partidos que el que todavía es su equipo juega como local en el Martín Carpena.

El club cajista, de boca del propio entrenador, le comunicó a Gerun la semana previa a la Copa del Rey de Madrid que no iba a contar en sus planes de cara al futuro. Katsikaris lo hizo con tiempo suficiente para que el ucraniano tuviera margen para buscar otro equipo antes del 28 de febrero, fecha límite para firmar un nuevo contrato con otro club de la ACB, condición que el propio jugador había puesto para abandonar la plantilla cajista.

«Volo» no encontró ningún equipo que quisiera sus servicios para lo que resta de temporada, tampoco aceptó irse a ninguno de los equipos europeos que sí se interesaron en él, por lo que el jugador ha tomado la determinación de mantenerse en Málaga, cobrar su contrato íntegro y esperar a percibir también la cláusula que tiene marcada para su salida de la entidad de Los Guindos el próximo verano. Mientras, trabaja de manera individual sabiendo que no volverá a vestir de verde cajista.

Contractualmente hablando, Gerun sigue siendo jugador del Unicaja a todos los efectos. Se entrena cada día con algún miembro del staff técnico de Fotis Katsikaris, en Los Guindos o en el propio Martín Carpena, eso sí a distinto horario de lo que lo hace el primer equipo. Gerun tiene a su disposición las 24 horas del día a los fisioterapeutas, al staff médico, el gimnasio y todos los elementos necesarios para su trabajo físico diario, pero siempre se ejercita en solitario o con los jugadores que son baja por lesión, como ocurrió la semana pasada con Carlos Suárez o con Gal Mekel, por ejemplo.

No es una situación cómoda para ninguna de las partes, pero es cierto que es la que han elegido club y jugador. El Unicaja, desde la llegada de Katsikaris, ha intentado en varias ocasiones buscar una salida para el pívot ucraniano. Tanto con él como con su agencia de representación ha habido conversaciones fluidas tratando de encontrar la mejor solución posible. El propio técnico griego, cuando habló en primera persona con Volo, le argumentó su decisión de no contar con él, explicándole que considera que es un buen jugador, pero que no tiene cabida en el actual juego interior verde. Le explicó que el equipo estaba buscando en el mercado otro jugador con características distintas a las suyas, un pívot más físico y de un corte más defensivo, algo que desembocó días después en la llegada de Malcolm Thomas a Málaga.

Gerun, por su parte, siempre ha manifestado al club su deseo de seguir en la Costa del Sol, incluso sin jugar o, en el caso de salir de la disciplina cajista, hacerlo a otro equipo de la Liga Endesa. Pero el pasado 28 de febrero acabó el plazo de intercambio de jugadores en la máxima categoría del baloncesto español, sin que Gerun encontrara la opción que deseaba.

El ucraniano, de momento, sigue en Málaga. Su selección estará el próximo verano en el Eurobásket y Gerun es un fijo en los esquemas del combinado nacional de Ucrania, por lo que se entrena cada día con la intención de no perder la forma y estar en las mejores condiciones posibles pensando en la cita continental.

Salvo que cambie de idea (el mercado europeo sigue abierto para él sin fecha límite), los próximos meses seguirá trabajando en Los Guindos y en el Carpena esperando que llegue el 30 de junio. Tiene un año más de contrato opcional, con una cláusula de corte que el Unicaja deberá pagarle este próximo verano para romper definitivamente la vinculación entre ambas partes. Será el desenlace de una relación que arrancó con ilusión, pero cuyo epílogo está siendo manifiestamente mejorable.