Desde que acabó la temporada se ha advertido que en el próximo Unicaja 2021/2022 no hay nada seguro y que ni siquiera los jugadores que tienen contrato tienen segura su continuidad en el club verde de cara a la próxima temporada. Es el caso de Axel Bouteille, fichado a bombo y platillo poco antes de que la pandemia llegara a nuestras vidas, en febrero de 2020, por lo que restaba de aquella temporada y dos más (la 2020/21 y la 2021/2022). El caso es que el francés tiene un año más firmado con el club de Los Guindos pero está en el escaparate. Su agencia de representación lo sabe y tiene permiso por parte del Unicaja para buscarle otro equipo que se haga cargo de su ficha, la más cara que tiene el Unicaja firmada de cara al próximo curso.

Según desveló la web francesa Basketactu este martes, el Asvel Villeurbanne de su país, equipo que tiene además licencia de Euroliga, está valorando la opción de incorporar a Axel Bouteille a sus filas. Una operación que dejaría al Unicaja sin un jugador importante en lo deportivo, pero que liberaría unos cuantos cientos de miles de euros que podrían utilizarse en buscar otros refuerzos en este mercado estival.

La hipotética salida de Bouteille la verdad es que significaría un antes y un después en la planificación del proyecto del Unicaja 21/22. Para empezar afectaría directamente a su compañero de puesto, Adam Waczynski. Fotis Katsikaris y el club tienen claro que el equipo necesita en el puesto de alero alto fichar un jugador con un físico muy potente, capaz de ayudar en el rebote y jugar lejos y cerca del aro. Está descartado que repita el próximo curso la pareja Bouteille-Waczynski. Si el francés se queda, al polaco se le pagarán 40.000 euros para romper la cláusula de ampliación de un año más que tiene firmada en su contrato y dejará la Costa del Sol tras cinco temporadas vestido de verde cajista. Pero si Bouteille se va al Asvel (o cualquier otro club), entonces el Unicaja deberá decidir si mantiene a Waczynski, se ahorra la indemnización y solo busca otro "3", o sale al mercado a fichar una nueva pareja de aleros. Eso sí, la decisión sobre Waczynski tiene fecha de caducidad porque el corte de su cláusula tiene que ser antes del día 30.

La hipotética marcha de Bouteille tendrían otras aristas en la planificación. Y es que también afectaría seriamente a la masa salarial con la que el Unicaja debe edificar su nueva plantilla. Estamos hablando del jugador mejor pagado, con una ficha fuera de mercado en la actual situación económica de los verdes. O sea, que con ese dinero que se ahorraría el Unicaja si el francés saliera del equipo se podrían hacer incluso un par de incorporaciones en los parámetros que ahora maneja el club o buscar un jugador más caro y de mayot caché para uno de esos dos puestos que se consideran claves en la planificación: el base y el pívot.

Bouteille, por unas cosas u otras, está claro que es una de las claves de la planificación de este verano. Y es que en el caso de que ni Asvel ni ningún otro equipo apuesten por él, el objetivo del Unicaja es renegociar su actual contrato para abaratar su ficha el próximo curso. El Unicaja se plantea incluso con él (si es que sigue en Málaga) buscar una ampliación de su contrato para una o dos temporadas más (hasta 2023 ó 2024) para prorratear lo que tiene ahora firmado para una sola campaña cobrándolo repartido en dos años, con un pequeño incremento, que le daría estabilidad deportiva al jugador y un respiro a las arcas de la entidad de Los Guindos.

Como se puede ver, con Bouteille todas las opciones están abiertas por parte del Unicaja: que se vaya, que siga solo el año que tiene firmado (2021/2022) o que se le pueda renovar por dos o tres años, pero con cifras muchos más bajas en su ficha de lo que tiene firmado apara esta inminente campaña.