La noticia de que Manolo Rubia deja el Unicaja es una de esas noticias que no te esperas. No porque Manolo no haya hecho méritos para merecerse el disfrutar de una familia que está creciendo exponencialmente y además es preciosa y súper entrañable, sino porque no me cuadra pensar en Manolo fuera de Unicaja.

Para él, el club ha sido su vida, su pasión, su preocupación. Ha sido su salud, porque a veces incluso la ha puesto en riesgo por el Unicaja y con sus momentos mejores y sus momentos peores ha caracterizado una época de este club al punto que la red de relaciones personales, de cordialidad y de amistad que ha establecido, desde luego, es igual a pocas más.

Me huele a que no llegará a poder estar desvinculado de todo del baloncesto porque me extrañaría muchísimo que Manolo pudiera hacerlo. Pero desde luego lo hará de una forma más relajada y acorde con su merecido momento de disfrute familiar y de descanso que ahora puede afrontar.

Tengo muchísimas anécdotas para contar de mi relación profesional y personal con Manolo Rubia. Podría escribir un libro. Pero en este momento en el que acaba su trayectoria con el club de su vida, más que una anécdota, la sensación y el recuerdo que me queda es no solo de cuando yo estaba con él en el equipo, sino después, cuando había un problema que no sabía cómo solucionar y que necesitaba un contacto con alguien. El primer nombre que siempre se me ocurría en Málaga era el de Manolo. Él siempre sabía a quién acudir y prácticamente siempre me lo solucionaba.

Obviamente, ha habido momentos en los que su gran corazón, que le llevaba a ser tan expresivo, tan comunicativo, tan apasionado para poder vivir el baloncesto, hablar de baloncesto, comentar baloncesto... a veces incluso me ha llevado a echarle alguna bronca. Pero en muchas más ocasiones, cuando teníamos alguna diferencia de criterio en cuestiones organizativas y logísticas, siempre al final concluía en que el que tenía la razón era él y que en este terreno había muy pocos que pudiesen estar a su altura.

Creo que la jubilación esta semana de Manolo es una pérdida muy importante para el baloncesto activo, pero estoy seguro de que no lo será del todo porque seguirá ligado de una forma u otra.

De todas maneras, sus amigos siempre podremos tener el recurso de levantar el teléfono para llamarle y saber cómo está, saber cómo están sus hijas, su mujer, sus nietos y también para pedirle algún favorcillo seguramente de vez en cuando.