El primer partido de la historia de la Basketball Champions League en el Martín Carpena terminó con final feliz. El Unicaja no tenía otra que ganar a un rival de menor entidad y con una plantilla claramente inferior para seguir comandando su grupo en el torneo de la FIBA, y sin grandes alardes pero tampoco apuros lo consiguió. El humilde Lavrio Megabolt, subcampeón de la liga griega, aguantó durante tres cuartos el ritmo de los de Katsikaris, manteniéndose a una distancia de en torno a 10 puntos, pero ya en el último periodo el conjunto de Los Guindos apretó el acelerador y evitó cualquier tipo de sorpresa desagradable.

El equipo malagueño empezó en modo arrollador y pronto pudo poner ya 9 puntos de diferencia en el electrónico. Un parcial de 8-0 situaba al Unicaja 13-4 y obligaba a Christos Serelis a detener el juego. El minuto de parón sentó de maravilla al cuadro heleno, todo lo contrario que a los de verde, que dejaron de apretar en defensa e hicieron a su rival. En un visto y no visto, un 2-12 situaba en ventaja al Lavrio (15-16). Nuevo tiempo muerto. Abromaitis cogió la responsabilidad en ataque, con 5 puntos consecutivos, en el tramo final de un primer periodo que concluyó con tablas en el tanteador (20-20).

Tras las dudas del acto inicial, el Unicaja cogió el mando del choque en el arranque del segundo y ya no lo soltó. Barreiro se liberaba con un triple (25-22). El intercambio de canastas dejaba en estos minutos siempre con pequeñas ventajas para los de Katsikaris. En esas, Nzosa anotaba tras gran asistencia de Jaime Fernández, que lideraba el ataque cajista (33-26). Volvía a estirarse la ventaja, los malagueños se colocaban nuevamente 9 arriba (38-29). Pero a base de arreones, los griegos seguían en partido (38-33). Una canasta de Brizuela sobre la bocina mandaba el partido al descanso con la máxima para los de Katsikaris (45-35). Sin brillo y sin jugar un baloncesto nada espectacular, el Unicaja resolvía bien la papeleta en el ecuador del choque.

El intercambio constante de canastas durante todo el tercer periodo favorecía a los intereses cajistas, que no veían peligrar el triunfo. De la mano de Tyson Carter y Lewis, el Lavrio intentaba meterse en el choque, pero el Unicaja también estuvo acertado en ataque en este tercer cuarto. La diferencia bailó en todo momento entre los 8 y los 12 puntos y al término del parcial se mantenía la misma diferencia en el marcador que al descanso. 66-56 dejaba muy encaminado el partido para los últimos 10 minutos.

El Unicaja puso la directa en el comienzo el último cuarto. Un triple de Barreiro y una gran canasta de Jaime Fernández disparaban al equipo hasta los 15 puntos de ventaja (73-58). Serelis tenía que parar el partido a 7.35 del final. Le entraron las prisas y los nervios al equipo griego. La antideportiva y una técnica posterior a Carter -eliminado- por aplaudir a los árbitros fue ya síntoma de que el encuentro empezaba a estar imposible para los helenos. 

En el ecuador del cuarto, la contienda estaba ya más que finiquitada. Minutos para Francis Alonso, que anotaba para devolver los 15 de ventaja al Unicaja (79-64). El conjunto verde llegó a tener 18 puntos de ventaja y en los minutos finales, ya en plena relajación, la victoria acabó firmándose por 16 (86-70).

Este tipo de partidos debe servir al Unicaja para seguir mejorando en el aspecto defensivo y para que jugadores que ahora mismo no están a su mejor nivel ni físico ni de rendimiento se enganchen y empiecen a sumar para el equipo.

No es la Euroliga, tampoco la Eurocup, pero al menos el público presente en las gradas del Martín Carpena -4.473- puede volver a disfrutar de victorias europeas del Unicaja. Dos de dos en la Basketball Champions League. Y el domingo llega el Barça al Palacio de los Deportes.