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Análisis

De equipo celestial a terrenal: el Unicaja paga caro sus minutos de desconexión en la ACB

El actual equipo cajista 2025/2026 ya no gana solo con el piloto automático, como en las últimas tres temporadas, en las que se convirtió en un proyecto casi imparable

El Unicaja es un equipo con menos talento esta temporada 2025/2026.

El Unicaja es un equipo con menos talento esta temporada 2025/2026. / Unicajab/Photopress-Mariano Pozo

Emilio Fernández

Emilio Fernández

El Unicaja 2025/2026 ya no vive instalado en esa superioridad casi rutinaria que durante los pasados tres cursos le convirtió en un equipo “celestial”, capaz de ganar incluso cuando el partido se le torcía. Esta temporada, por el contrario, hay un peaje que se repite con demasiada frecuencia: las desconexiones. Minutos negros, a veces un cuarto entero, otras veces dos y hasta tres cuartos, que cambian el guion y que ya han costado varias derrotas.

Un patrón que se repite

En Andorra, el Unicaja se vio atrapado en un parcial que le sacó del partido en un abrir y cerrar de ojos. En Lugo, el Breogán encontró el momento exacto para crecer al calor del Pazo, aprovechando una fase en la que los malagueños dejaron de castigar sus puntos débiles. Y ante Baskonia, en el Carpena, lo que dolió no fue solo la derrota, sino la forma: un último cuarto en el que el equipo se quedó sin respuesta, con ataques poco claros y una defensa que no logró sujetar de ninguna manera a un Markus Howard desatado. Son solo tres ejemplos.

Unicaja se enfrenta al Baskonia en el Martín Carpena en la Liga Endesa este domingo

El Baskonia ganó en su visita al Carpena. / Gregorio Marrero

Las pasadas temporadas, estas desconexiones aparecían muy “de vez en cuando”. Ahora, son mucho más habituales. Y ahí está una de las claves de esta nueva realidad: el Unicaja ya no es el equipo imparable que tantos títulos ha levantado en los últimos 36 meses.

Menos talento diferencial, más dependencia del sistema

No es una cuestión de actitud global, ni mucho menos. El Unicaja compite, se engancha a los partidos y por momentos ofrece fases muy reconocibles del equipo que enamoró a la afición en temporadas recientes. El problema llega cuando no es capaz de "matar" los partidos y la situación se complica. El Unicaja de las pasadas temporadas tenía más recursos para sobrevivir a un mal momento. Si el partido se complicaba, siempre había algún jugador capaz de sacar un tiro difícil, romper un atasco o sostener al equipo con una racha individual. Tyson Carter, Kameron Taylor, Dylan Osetkowski... había muchas opciones para decidir. Este curso, no hay esos jugadores diferenciales. Al menos, no han aparecido o lo han hecho a cuentagotas en estos primeros meses de temporada.

Osetkowski y Carter fueron dos jugadores diferenciales en el Unicaja en el pasado reciente.

Osetkowski y Carter fueron dos jugadores diferenciales en el Unicaja en el pasado reciente. / Unicajab/Photopress-Mariano Pozo

Cuando el sistema se atasca, cuesta más encontrar soluciones. Y cuando la defensa pierde continuidad, el rival se crece. Esa es la diferencia entre un equipo que podía permitirse algunos minutos jugando a menor nivel y otro que, como el actual, paga caro cada bajón de tensión.

De equipo celestial a equipo terrenal

A todo ello se suma otro factor: el Unicaja sigue apostando por un baloncesto muy físico, de rotación amplia, presión y ritmo alto. Un modelo que exige estar enchufado durante los 40 minutos y que aparezcan varios jugadores para aportar.

La lectura no es apocalíptica ni mucho menos. Lo que hay es que asumir una nueva realidad. El Unicaja sigue siendo un conjunto competitivo, capaz de ganar a cualquiera y de pelear por objetivos grandes. Pero sí es evidente que es mucho más vulnerable que el anterior. Ya no vive en ese estado de gracia permanente que lo hacía sentirse por encima de la corriente de la ACB. Ahora, el Unicaja es más terrenal. Y quizá la clave para recuperar parte de ese brillo perdido pase por minimizar los apagones, encontrar soluciones cuando el "plan A" se rompe y, sobre todo, aprender a cerrar partidos sin conceder esos minutos de desconexión que, esta temporada, están siendo demasiado caros.

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