La compra compulsiva de ropa todas las temporadas genera una espiral de destrucción ambiental cada vez mayor. Una sola camiseta de algodón necesita casi 3.000 litros de agua para ser fabricada. La industria textil provoca más emisiones que todos los aviones y barcos comerciales juntos.

Fast fashion. Esta es la palabra que ha empezado a asustar a los grandes multinacionales de ropa. Es una expresión que trata de combatir la espiral de consumismo irresponsable que a menudo caracteriza el mundo textil. Prendas que se publicitan deliberadamente para durar solo un año y que, encima, apenas se utilizan unas pocas veces. ¿Y luego? O bien olvidadas en el armario o tiradas a la basura. Y el próximo año, vuelta a empezar. Es así como se genera un círculo vicioso de comprar-tirar-comprar-tirar...

Una simple camiseta de algodón puede parecer lo más inocente del mundo. Si, además, lleva estampada alguna consigna ecologista, entonces podemos hasta presumir de persona concienciada. Y, sin embargo, una camiseta de algodón ha necesitado entre 2.000 y 3.000 litros de agua para ser fabricada. Unos vaqueros precisan alrededor de 10.000 litros. Agua en grandes cantidades, colorantes, productos químicos y procesos que atentan contra los ecosistemas. Este es el precio de la moda de usar y tirar.

Como recuerdan tanto el colectivo Global Fashion Agenda (que elabora estudios sobre el tema) y las principales organizaciones ecologistas, la industria de la moda supone actualmente hasta el 10% de las emisiones globales del planeta. Lo más graves es que, si la industria continúa sin introducir cambios drásticos y de forma urgente, se perderá la mitad de oportunidades de alcanzar los objetivos climáticos del Acuerdo de París, centrados en no superar los 1,5ºC a final de siglo, según Global Fashion Agenda.

Más emisiones que todos los aviones y barcos

Hay que tener en cuenta que, en la actualidad, las emisiones de gases de efecto invernadero de la producción textil en el mundo superan las de todos los vuelos internacionales y trayectos marítimos juntos. No es de extrañar semejante situación si se tiene en cuenta que entre 2000 y 2015 la producción de ropa se duplicó en el mundo.

En la actualidad, cada ciudadano medio en el mundo occidental compra un 60% más de ropa que hace 15 años y, al mismo tiempo, su uso se ha reducido. Según Global Fashion Agenda, una tercera parte de la ropa que hay en los armarios de Europa no se han usado nunca en un año. Y, como norma general, las prendas se desechan después de solo siete o diez usos.

El Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas señala que la moda es la segunda industria más demandante de agua y genera, al mismo tiempo, el 20% de las aguas residuales del mundo. Asimismo, libera cada año medio millón de microfibras de plástico a los océanos.

Además, las desigualdades sociales asociadas a la producción de prendas es algo constantemente denunciado por las entidades de derechos humanos. En esta imagen se aprecia la cruda realidad. A la izquierda, una joven asiática exhibe lo que ha costado fabricar en su factoría una prenda (gracias a salarios miserables) y, a la derecha, el precio al que compra dicha prenda una joven occidental. Algo ha ocurrido entre una foto y otra.

Pero hay ropa ecológica

Y, sin embargo, hay alternativa. Cada vez son más los fabricantes de moda ecológic, que comercializan sus prendas tanto a través de internet como en tiendas físicas. En España el listado es cada vez más extenso. ¿Cómo fabrican entonces su ropa? Algunos de ellos, directamente usando los residuos como materia prima. Es el caso de Ecoalf, que emplea plásticos lanzados al mar y recogidos luego por pescadores para confeccionar su línea de moda, que incluye variados productos. Como esta, hay muchas más empresas donde acudir para que vestirse no suponga dañar nuestro entorno.