27 de abril de 2019
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¿Por qué comemos sin hambre?

El responsable de que nos atiborremos es un circuito existente en el cerebro de los mamíferos

27.04.2019 | 09:42
Un circuito cerebral es el responsable de que nos atiborremos.

En el cerebro existe un circuito cerebral responsable de que sigamos comiendo aunque ya no tengamos hambre y nuestras necesidades energéticas estén cubiertas, por lo que puede ser un nuevo objetivo para los tratamientos "contra la obesidad y los atracones".

Los responsables de identificar dicho circuito es un grupo de científicos de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.) que han publicado hoy su hallazgo en la revista especializada Neuron.

"Este circuito parece ser la forma en la que el cerebro te dice que si algo sabe realmente bien, entonces vale la pena el precio que pagues por obtenerlo, así que no te detengas", ilustró el autor principal del estudio, Thomas Kash.

En experimentos de laboratorio, el equipo de Kash halló una red específica de comunicación celular que emana de la región del cerebro que procesa las emociones, motivando a ratones a seguir comiendo alimentos sabrosos aunque sus necesidades energéticas básicas estaban satisfechas.

La existencia de este circuito cerebral en mamíferos podría ayudar a explicar por qué los humanos a menudo comen de más en un entorno moderno de comida "abundante y deliciosa", dicen los autores.
Producto de la evolución

El circuito es un subproducto de la evolución, cuando las comidas ricas en calorías eran escasas, por lo que nuestros cerebros fueron diseñados para devorar tantas calorías como fuese posible porque nadie sabía cuándo vendría la próxima "súper comida".

Seguir ese instinto ahora, en un momento de abundancia, puede llevar a la obesidad, una enfermedad que afecta aproximadamente al 40 % de los adultos en Estados Unidos y que origina afecciones relacionadas, como la diabetes, enfermedades del corazón y cáncer.

"Hay tanta comida rica en calorías disponible todo el tiempo ahora, y aún no hemos perdido ese cableado que nos influye para que comamos la mayor cantidad de comida posible", apuntó Kash.

Experimentos en los últimos años han sugerido que nuestro cableado para la alimentación hedónica involucra la nociceptina, una pequeña proteína que funciona como una molécula de señalización en el sistema nervioso de los mamíferos.

Kash y sus colegas diseñaron ratones para que produjeran una molécula fluorescente junto a la nociceptina, iluminando las células que conducen los circuitos de la nociceptina.

Hay múltiples circuitos, pero Kash y sus colegas observaron que uno en particular se activó cuando los ratones tuvieron la oportunidad de consumir alimentos ricos en calorías.

Ese circuito se proyecta a diferentes partes del cerebro, incluidas las conocidas para regular la alimentación, y comienza en la amígdala, la región cerebral que procesa las emociones.

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