01 de diciembre de 2020
01.12.2020
La Opinión de Málaga
Día Mundial de la Lucha contra el Sida

"Hemos perdido el miedo al sida, y eso no es bueno"

Los facultativos advierten de que un 20% de la población infectada puede ignorar que lo tiene

01.12.2020 | 09:16
Roberto Oropesa llegó al hospital Can Misses en 2008 como Médico Interno Residente (MIR)

Roberto Oropesa, internista e integrante de la unidad de VIH del Hospital Can Misses, es uno de los cuatro especialistas de la unidad de atención al paciente con VIH del hospital Can Misses. Con motivo del Día Mundial de la Lucha contra el Sida, Oropesa hace un llamamiento para no bajar la guardia ante los riesgos de este virus.

Parece que ya solo se habla del sida cuando llega el 1 de diciembre. ¿Eso es bueno o malo?
Es bueno que hablemos, porque siempre se tiene que recordar que es una enfermedad que sigue siendo mortal y demasiado prevalente para lo que querríamos. Con todo lo que ha pasado con el Covid, que también es una pandemia que nos ha pillado desprevenidos, no hay que olvidar al resto de enfermedades y recordar que la lucha sigue.

¿Pero es bueno que parezca que ya no infunde miedo?
Eso no es bueno. Se ha perdido un poco el miedo porque las personas que se tratan no suelen fallecer, pero aun así sigue siendo un virus mortal sin tratamiento y es fundamental evitar los contagios. Alrededor de un 20% de la población infectada puede desconocer que tenga el virus, porque es una enfermedad asintomática los primeros años. Estos casos pueden causar más contagios a las personas con las que tengan relaciones sexuales porque no se han hecho la prueba. Por eso es muy importante que la gente se haga la prueba del VIH.

¿Cuáles son los primeros síntomas que puedan dar pistas de que una persona está infectada?
Al contagiarse, puede haber síntomas de primoinfección, aunque no todos los tienen, como fiebres, adenopatías o se pueden poner rojos. Es un cuadro que puede durar una o dos semanas, semejante a un catarro muy fuerte. Posteriormente, la mayoría queda asintomática durante mucho tiempo, porque el sistema inmune controla parcialmente el virus, pero no lo suprime. Si no hay tratamiento, el virus sigue infectando linfocitos y tejidos, pero pueden estar mucho tiempo sin síntomas, porque las cifras de inmunidad, que se miden por las CD4, pueden estar a un nivel suficiente. Después de cinco o diez años, las cifras de CD4 van reduciéndose y cuando llegan por debajo de 200, pueden empezar a tener síntomas de enfermedades oportunistas, que son microorganismos que, en un individuo inmunecompetente, el sistema mantiene a raya. Un paciente de VIH que ya tiene la inmunidad baja, empieza a tener infecciones como candidiasis oral de repetición, neumonías o meningitis. Es entonces, cuando vienen a urgencias, ingresan y se les hace la prueba que les diagnostica de VIH o sida.

¿Qué tratamiento reciben?
El tratamiento antirretroviral de hoy en día es muy bueno, logra suprimir la carga viral en tres o cuatro semanas y consigue que el virus esté indetectable. Sin embargo, si las CD4 estaban muy bajas, tardan mucho en recuperarse. Si tuviera enfermedades oportunistas, hay que tratarlas, porque también pueden ser causa de muerte en estos pacientes. Pero una vez que se instaura el tratamiento antirretroviral, el pronóstico mejora, suprimimos el virus y las CD4 comienzan a recuperarse. Es un tratamiento de por vida, hasta que se encuentre una cura para la infección, y en general está bien tolerado. La mayoría toma un comprimido al día que lleva tres antirretrovirales. Hay en estudio otros tratamientos subcutáneos, con una inyección al mes que evitaría la pastilla diaria, pero tienen que acabar de aprobarse por las agencias reguladoras.

¿Tiene efectos secundarios?
La mayor parte de los pacientes puede tener algo de dolor de cabeza al principio del tratamiento, diarreas o náuseas, pero se tolera bien. Al cabo de un mes, les hacemos analíticas y no suelen tener toxicidades graves. Los vamos vigilando y, si es preciso, podemos cambiarlo. Hoy en día disponemos de una familia de más de 25 antirretrovirales, con lo que podemos hacer un tratamiento a medida para cada paciente.

¿Después pueden llevar una vida completamente normal?
Todos pueden llevar una vida completamente normal, trabajar y relacionarse. Deben cumplir el tratamiento y seguir unas revisiones porque, en caso contrario, el virus no va a estar controlado. Después de la cita del primer mes de tratamiento, el seguimiento de un paciente crónico se realiza cada seis o nueve meses, con una analítica que nos confirme que el virus sigue indetectable. Estos pacientes no transmiten el VIH, pero deben ser conscientes de que pueden contagiar o ser contagiados de otras enfermedades de transmisión sexual como la sífilis o la gonorrea. Por eso, se han de tomar precauciones de barrera, sobre todo si son relaciones esporádicas con personas que no sabemos si tienen enfermedades.

¿Pueden tener hijos?
Cuando llevan una vida normal, muchos pacientes se plantean tener descendencia. Hay que hacer una serie de pruebas, sobre todo estudios de fertilidad, y luego ver qué método es el mejor para que puedan tener hijos, tanto el padre como la madre.

¿Cuántos casos hay ahora en tratamiento en el hospital?
Ahora son 637 pacientes en tratamiento antirretroviral, de los que 18 son los nuevos diagnósticos de 2020. Cada año solemos tener unos 20 nuevos casos.

¿Ha influido el Covid en los contagios de VIH de este año?
Aún no se podría saber, habrá que esperar a los años siguientes. Pero en estos meses, y es una apreciación mía, sí que ha habido menos pacientes con profilaxis postexposición, que son las personas que han tenido un contacto de riesgo y vienen a urgencias solicitando una medida de prevención para evitar el contagio. Creo que este descenso se debe a que la gente ha estado más aislada por la pandemia.

¿La prevalencia en Ibiza está en la media española?
Es un poco superior. Este año no hay actualización porque, con el Covid, los servicios de epidemiología están tan sobrecargados que no se ha emitido ningún informe. Con el de 2019, la prevalencia en Balears era de doce por cada 100.000 habitantes, mientras que la nacional es de diez.

¿Cuál es el perfil de los pacientes?
El más frecuente es un varón de entre 30 y 40 años que suele tener relaciones sexuales con otros hombres. En mucha menor medida, adictos a las drogas por vía parenteral. Pero también hay mujeres, que son las grandes olvidadas en los ensayos clínicos, donde están infrarrepresentadas. Asumimos que el efecto de los tratamientos antirretrovirales es el mismo, pero la investigación debe incluir más pacientes femeninas con VIH para estudiar si todo funciona igual en ellas, porque no hay que olvidar que están sometidas a cambios hormonales y condicionantes como la maternidad o la menopausia. Quizá en nuestro país no tanto, pero en algunos ambientes, como en África, están mucho más discriminadas a la hora del acceso a los tratamientos o al sistema sanitario.

¿Se detectan muchos casos tarde?
Por desgracia sí, casi un 50% de los nuevos diagnósticos. Son pacientes que se diagnostican por debajo de 350 CD4 o como consecuencia de una enfermedad oportunista, porque el virus ya ha avanzado mucho y tienen la inmunidad muy tocada. Estos casos son mucho peores que los que se han hecho la prueba estando asintomáticos y se les diagnostica el VIH con mil CD4, con una inmunidad basal buena para que, con el tratamiento antirretroviral, esta inmunidad se mantenga o aumente. Así no va a desarrollar enfermedades oportunistas ni complicaciones debidas al sida.

¿Se ha superado la estigmatización del sida?
Parcialmente, porque mucha gente se ha quedado con la imagen de los años ochenta. Ahora, casi todos nuestros pacientes son gente normal. La vacuna era ponerse un preservativo. Hablando con compañeros mayores, todos hemos tenido la sensación de que el Covid se parecía al comienzo del VIH, cuando muchos pacientes morían en las salas infecciosas y no se sabía cómo tratarlos. Ahora ha pasado lo mismo, pero los contagios han sido mucho más rápidos porque se transmite por el aire, hasta el punto de saturar el sistema sanitario. Afortunadamente, la investigación del Covid va mucho más rápida. En diciembre de 2019 se diagnostican los primeros casos de estas neumonías y, a principios de enero, los chinos ya consigueron una secuenciación del genoma. Es decir, ya estamos en las puertas de la vacuna. En cambio, con el VIH todavía no tenemos vacuna después de 30 años, con lo que hace falta mucha más investigación.

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