
Lucía Feijoo Viera
El papa León XIV recibe en el Vaticano a Marco Rubio en plena tensión por las críticas de Trump al pontífice
La escena ha tenido algo de diplomacia vaticana clásica y algo de terapia familiar imposible. Marco Rubio ha atravesado este jueves el Patio de San Dámaso para reunirse con el papa León XIV en uno de los momentos más delicados de la relación entre Washington y la Santa Sede en décadas. En Roma, donde las palabras aún pesan, nadie recuerda un clima semejante entre una administración de EEUU y un pontífice, que además da la casualidad que es de la misma nacionalidad. Rubio ha llegado después de un nuevo arrebato de Donald Trump. El presidente estadounidense, que parece encararse a León como si fuera un adversario político más, el gobernador de California o el fiscal de Manhattan, le acusó esta semana de poner "en peligro a muchos católicos" y deslizó además una acusación tan extravagante como sorprendente: que el pontífice estaría prácticamente alineado con la idea de que Irán tenga armas nucleares. La reunión entre Rubio y León XIV no era, por tanto, un simple encuentro protocolario. Era una misión de contención de daños. Una operación para impedir que la relación bilateral siga deslizándose hacia un territorio desconocido. Tras el encuentro, no ha habido grandes declaraciones. El Departamento de Estado calificó la relación con la Santa Sede de "sólida". Rubio, con una escueta frase publicada en X, dijo que la reunión sirvió para el “compromiso compartido de promover la paz y la dignidad humana". Pocas pistas sobre lo que realmente se discutió, como a menudo ocurre cuando las conversaciones han sido verdaderamente importantes.



