La risa y la libertad de expresión

El humor tiene los límites que le ponen

Ejemplos de un oficio de riesgo dentro de las plebeyas artes, repleto de restricciones e imposiciones sociales y políticas

06.07.2015 | 13:43
El humor tiene los límites que le ponen

Un libro del asesinado Cabu, dibujante del semanario francés «Charlie Hebdo», señala a los enemigos de la sátira, y unas memorias de Tom, fundador de la revista satírica española «El Jueves», recuerdan quiénes la persiguieron en nuestro país. Un asunto que no tiene, desde luego, ninguna GRACIA

Je suis Charlie significa Yo soy Charlie y Yo sigo Charlie. Charlie es una revista satírica francesa libertaria y feroz y de vida más accidentada. Heredó el estilo y parte del equipo de Hara Kiri, fundada en 1960, que llevaba una tendencia suicida en el nombre. Escapó a las restricciones y prohibiciones del Gobierno gaullista, contra su humor bestia y rojo, convirtiéndose en Charlie Hebdo.

Merece la pena detenerse en el número con el que coincidió la prohibición que llevaba el siguiente titular: Baile trágico en Colombey - 1 muerto. El muerto era Charles de Gaulle y Colombey donde tenía su residencia. La referencia al baile recogía el rebufo de una tragedia: el incendio de una discoteca de un pueblo de Isère donde murieron 146 personas. Adviértanse la irreverencia y el humor negro. Wikipedia explica que la prohibición consistía en ser mostrado a los menores. Esa restricción –observo– condicionaba su exhibición, lo que la dañaría económicamente. Esa restricción también puede hablarnos de que hay que estar crecidito para aceptar la sátira en general y el humor negro en particular.

Charlie Hebdo salió hasta 1981, desapareció hasta 1992 y salió de nuevo a la calle hasta la actualidad. Desde su izquierdismo libertario y su laicismo radical sus enemigos clásicos fueron la extrema derecha francesa, los tres monoteísmos (judaísmo, cristianismo e islamismo), las sectas y sus dianas, la política y la cultura.

El pasado 7 de enero dos encapuchados asaltaron la redacción de Charlie Hebdo en París y asesinaron a doce personas e hirieron gravemente a otras cuatro. Entre los fallecidos se encontraban los dibujantes Charb, Cabu, Wolinski y Tignous. Muchos de los que desde entonces dijeron ser y seguir a Charlie, conforme lo van conociendo, no paran de desdecirse. Son Charlie cuando se ríe de Mahoma, no cuando lo hace de Cristo, pero tampoco cuando se burla del tenis coincidiendo con Roland Garros. En un chiste muy parecido al que ya habían hecho con el ciclismo y el dopaje hay quienes han querido ver a Rafa Nadal en la caricatura, como otros han querido ver a Mahoma en otros dibujos. Y se han enfadado (aunque no tanto como los de Mahoma).

De Cabu, uno de los asesinados pertenecientes al núcleo duro de la revista desde los tiempos de Hara Kiri, se acaba de publicar en España ¿Podemos aún reírnos de todo? El original es de 2012 y la pregunta es más pertinente ahora. Es una pregunta que se hace bien en francés porque el humorista belga Philippe Geluck se la hizo en 2013 en su libro Peut-on rire de tout? Añadía la faja «de Dios, de los ricos, de los viejos, de los católicos, de los homosexuales, de los árabes, de los belgas, de uno mismo?».

Geluck es muy conocido por su personaje El Gato, apenas traducido al español, que maúlla observaciones muy agudas. Su libro citado no hace reír tanto, pero trabaja con el humor sobre los colectivos más protegidos por la corrección política o por su hermana monja el fanatismo religioso. ¿Podremos, pronto, reírnos de algo?

Al libro de Cabu se le puede objetar lo mismo. A veces no tiene gracia un humor tan inmediato, inspirado más por la insolencia que por la gracia, pero ése no es el debate. Al menos para Cabu, que manuscribió este prólogo: «¿Podemos reírnos de todo? ¿Y podremos seguir riéndonos de todo mañana? Son preguntas que vale la pena plantearse. Es el objetivo de este libro. No hay que poner límites al humor, que está al servicio de la libertad de expresión, porque donde el humor se detiene, el espacio que deja libre lo ocupan con frecuencia la censura o la autocensura. Ni las religiones y sus integristas, ni las ideologías y sus militares, ni las gentes de orden y sus prejuicios han de poner obstáculos al derecho a la caricatura, aunque sea excesiva».

Hace nada se oyó a mucha gente repetir que en Twitter no se pueden repetir chistes bestias ni siquiera como ejemplos para debatir sobre si el humor tiene límites. Por ellos, queda claro que sí. ¿Es posible algún lugar donde pueda practicarse el humor negro? ¿Quizá en un antiguo burdel o en un fumadero de opio clausurados, en una mina abandonada? ¿Se debe permitir pensar humor negro? ¿Haber practicado el humor negro inhabilita para la vida pública? En "Charlie" había sido motivo de debate que Wolinski, uno de sus fundadores y de los asesinados, hubiera aceptado condecoraciones del Estado y que trabajara en medios de comunicación del establishment. Aquí el debate va más allá de si Zapata, concejal nonato de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid y guionista profesional, era la persona adecuada para el cargo y ya está en los tribunales por ofensas y vejaciones a víctimas del terrorismo. ¡Muera Zapata!, si se me permite el humor de color (para decirlo de modo correcto).

Los Juzgados fueron uno de los lugares para acabar con la sátira burra en la España de la Transición. Los dibujantes y directores de El Papus se quejaban de que hubo épocas en que acababan ante el juez al menos una vez por semana. El Papus era semanal y su juicio también.
Tom Roca acaba de publicar unas memorias (demasiado) ligeras tituladas Mi puta vida. Tom (Antonio Roca Palacios, Barcelona, 1953) es guionista y humorista gráfico, productor ejecutivo y director de programas de televisión. Dirigió una de las etapas de Mata Ratos y fue uno de los fundadores de Por Favor, El Jueves, Muchas Gracias y colaborador de El Papus, Muy Interesante, Playboy, Interviú y El Periódico de Catalunya. En televisión produjo para TV3, TVE, Cuatro, Tele 5 y Antena 3 y algunos títulos que se recuerdan son el concurso y comedia Locos por la tele y la serie Historias de la puta mili.

Hechas las presentaciones, el grano de lo que pica hoy. En Matarratos tuvo que soportar amenazas y esquivó un cóctel molotov contra la redacción que fue a parar a donde se hacían los tebeos femeninos Romántica, Claro de Luna y Mary Noticias. En una segunda etapa en la misma revista recibió un falso paquete bomba que quiso desactivar bajo el chorro del agua del lavabo de la redacción, amenazas, cierre gubernativo. La lucha de Matarratos era por las fotos de las chicas desnudas. En las revistas que puso en marcha Tom siempre estaban detrás las ideas de hacer un Hara-Kiri, un Charlie. Rechazó poner en marcha, a propuesta de los periodistas Josep Martí Gómez y Josep Ramoneda, un Le Canard Enchainé, la otra revista satírica y de información francesa, más centrada en el mundo político y empresarial, pensando que el horno español no estaba para ese croissant.

Tom estaba en El Jueves cuando la extrema derecha envió una bomba a El Papus que reventó al conserje, destrozó las instalaciones, espantó al socio capitalista y produjo una herida de la que nunca se pudo recuperar.

Cuando murió Pablo VI y fue elegido Juan Pablo I, que murió una Luna después, El Jueves publicó en portada una parodia de página de anuncios clasificados con la siguiente demanda: «Se necesita Papa». Le pidieron seis años de inhabilitación. El cardenal Tarancón le envió una carta personal diciendo que él, como Iglesia, no se sentía ofendido. Todo quedó en nada.

La sátira es, desde sus orígenes, un oficio de riesgo dentro de las plebeyas artes. Trabaja en los límites del humor o en su más allá. Definir ese espacio sería ponerle límites y ya hay mucho poder empeñado en achicarle el terreno, en imponerle los límites.

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