El cormorán

¿Mueren o enloquecen los banqueros de Dios?

El 5 de junio, el exbanquero vaticano Ettore Gotti Tedeschi vio llegar a su casa de Piacenza a cuatro policías de paisanos y creyó que se trataba de sicarios disfrazados para liquidarlo

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Javier Morán Un rosario arrojado sobre el rostro, un cojín para la asfixia y una soga al cuello. ¿Mueren de este modo los banqueros que sirven al Vaticano? Al menos así sucumbía el personaje Keinszig en la tercera parte de El padrino, en la que Francis Ford Coppola compuso una memorable carnicería final político-mafioso-eclesiástica a los sones de Cavalleria Rusticana. Y al igual que en la película el personaje del inquietante político Lucchessi se asemejaba a Giulio Andreotti, aquel Keinszig era el sosias –incluso físicamente–, del banquero Roberto Calvi, cuyo cuerpo apareció ahorcado en el puente Blackfriars (Frailes negros), de Londres, a donde había huido en junio de 1982. Calvi era el director de una entidad cuyo principal accionista era la banca del Vaticano, el Banco Ambrosiano de Milón, que quebró con un agujero de 1.300 millones de dólares.

El denunciante de Calvi fue el banquero Michele Sindona, miembro de la Propaganda Due, la logia P2 de la masonería, conectada a la mafia. Calvi había distraído fondos en paraísos fiscales caribeños y con el hundimiento del banco se había esfumado también dinero lavado de la mafia y de la P2, a la que Calvi también pertenecía. Sindona murió años después en prisión, en 1986, envenenado,  mientras cumplía cadena perpetua por el asesinato de un abogado. Antes de que Calvi huyera de Milán, su secretaria privada, Graziella Corrocher, se había suicidado al saltar por una ventana de la quinta planta del Banco Ambrosiano. Y si el ahorcamiento de Calvi fue un suicidio o había sido suicidado es algo que no se aclaró hasta 2007, tras el proceso judicial italiano que concluyó que había sido un asesinato. ¿Había quedado alguien con vida? Sí: la policía trato de detener al arzobispo Marcinkus, presidentes de la Banca Vaticana, pero se refugió en la inmunidad diplomática del Vaticano y se retiró a Phoenix, Arizona.

Hace unos pocos días, el cinco de junio, otro exbanquero vaticano, Ettore Gotti Tedeschi, vio llegar a su casa de Piacenza a cuatro policías de paisanos –enviados por la fiscalía de Nápoles– y su primer pensamiento fue que se trataba de sicarios disfrazados que venían a liquidarlo, según confesó luego en comisaría. Gotti Tedeschi [en la imagen], de 67 años, había sido despedido fulminantemente el pasado 24 de mayo como presidente del Istituto per le Opere di Religione (IOR), comúnmente conocido como Banco Vaticano. Su junta de gobierno le censuró y cesó alegando su incapacidad para el cargo y, en efecto, unos días más tarde y dentro del marasmo de filtraciones –generalmente contra el cardenal Bertone– del que lleva meses siendo objeto el Vaticano, el ya célebre Vatileaks, el periódico Il Fatto Quotidiano publicaba el sábado nueve de junio tres documentos significativos.

El primero, del siquiatra Pietro Lasalvia, inspector de estrés laboral en el IOR, que describe a Tedeschi como persona presa de disfunciones psicopatológicas. Tras la filtración en la prensa de su informe, Lasalvia comunicó que el suyo no era un diagnóstico oficial sobre Gotti, sino observaciones deducidas tras charlar con él un rato durante el brindis navideño del pasado diciembre. Sin embargo, en marzo de este año, cuando la expulsión de Gotti ya estaba en marcha, redactó su informe en papel con membrete oficial y con terminología científica. Dicho informe iba dirigido al director general del IOR, Paolo Cipriani, contrario desde hacía tiempo a la gestión de Tedeschi. El jesuita Lombardi, portavoz de la Santa Sede deploró la «desagradable e incorrecta» publicación del informe siquiátrico. En definitiva, Gotti no está muerto, pero había sido declarado mentalmente perturbado. 

Los otros dos documentos que publicó Il Fatto aquel sábado eran también elocuentes. Dos miembros de la junta de gobierno del IOR enviaban sendas cartas al secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, en el que informan de su inminente  voto de censura a Tedeschi. Los remitentes eran el vicepresidente del IOR, Hermann Schmitz, del Deutsche Bank –que confía en que «Su Eminencia ponga fin inmediatamente al mandato»–, y de Carl Anderson, caballero supremo de los Caballeros de Colón. Éste último escribe: «Apoyaré la correcta decisión de Su Eminencia y su liderazgo en este asunto».

Las filtraciones colocaban de nuevo a Bertone en el quicio de importantes tensiones dentro de la curia, conocidas gracias a la continua difusión de documentos confidenciales. El día antes de la destitución de Gotti había sido arrestado Paoletto, Paolo Gabriele, el mayordomo personal del Pontífice, y acusado de robo agravado después de que se hallaran numerosos documentos papales en su apartamento de la Ciudad del Vaticano.

Pero, ¿qué había sucedido en el IOR? Según el vaticanista Sandro Magister, la voluntad del Papa Benedicto XVI desde 2010 era que se convirtiera en un banco transparente, pero los mandos intermedios del Vaticano y del propio IOR habían cortocircuitado dicho deseo. El Papa había nombrado en septiembre de 2009 a Ettore Gotti presidente del IOR con tal finalidad. Gotti había sido consultor financiero e industrial de empresas como Parmalat, de la que también fue directivo. En 1992 había fundado Akros Finanziaria, que iba a trabajar para el Banco de Santander de Emilio Botín, atrayendo unos 2.750.000 euros de 200 inversores (Fiat, Parmalat, Banca Popolare di Milano, etcétera). En 1993 fue nombrado presidente de Finconsumo Banca, más tarde Santander Consumer Bank, es decir es el hombre de Botín en Italia. Fue también profesor de Estrategia Financiera en la  Universidad Católica del Sagrado Corazón, de Ética de los Negocios en la Universidad de Turín y articulista de L’Osservatore Romano. Próximo al Opus Dei y padre de cinco hijos, era amigo de Benedicto XVI y le asesoró en la redacción de la encíclica Caritas in veritate. «Pero hoy no parece haber ni verdad ni caridad en el Vaticano», apostillaba Magister en su última crónica de esta semana.   

Llegó el día 24 de mayo, el del cese, y según comunicado oficial de Paolo Cipriani, director general del IOR, «la moción de desconfianza por parte del Consejo de Sobreintendencia fue fundado sobre motivos relativos al gobierno del Instituto y no determinada por una presunta oposición a la línea de transparencia que desean las autoridades de la Santa Sede».

Más tarde, el cinco de junio, el día que Gotti creyó ver sicarios disfrazados de policías entrando en su casa, lo que la fiscalía de Nápoles investigaba eran los movimientos de Finmeccanica, el coloso industrial del Estado italiano que produce armas y otros productos tecnológicos. Gotti fue llevado a un cuartel de carabineros en la periferia de Milán y allí fue interrogado durante tres horas. Confesó que temía por su vida. Al mismo tiempo, en su casa de Piacenza y en sus oficinas de Milán fueron requisados 47 archivadores en los que la policía descubrió asimismo numerosa documentación sobre el IOR y en particular un dossier de 200 páginas cuyo destinatario debía ser el propio Papa. El dossier contiene información sobre el posible  blanqueo de capitales en el Banco Vaticano, sobre operaciones ilícitas u oscuras y sobre la procedencia incierta de determinados capitales. Visto ese material, los investigadores avisaron al fiscal jefe de Roma, Giuseppe Pignatone,  que se desplazó a Milán para hacerse cargo de la investigación.

La Santa Sede emitió acto seguido un comunicado en el que advertía que todo ese material requisado está al amparo de la soberanía territorial del Vaticano, según su concordato con Italia.

Orden. Según Magister, la orden de 2010 de Benedicto XVI, en forma de motu proprio, para que el banco Vaticano fuera absolutamente trasparente, fue desvirtuada por la curia y el IOR. Por ello las verdaderas razones del cese de Gotti Tedeschi han sido un enfrentamiento de éste con Bertone. La que iba a ser conocida como Ley número 127 del Vaticano y redactada por Tedeschi y el cardenal Attilio Nicora –presidente de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica–, reunía suficientes normas para que el IOR entrase en la Lista blanca de la banca del Consejo de Europa. Sin embargo, antes de su promulgación, el director general del IOR, Cipriani, al frente de otros directivos, y el cardenal Bertone se opusieron a que se levantara el secreto sobre cuentas del banco, «cifradas o no». El argumento de dicha resistencia era «la autonomía y soberanía del Estado de la Ciudad del Vaticano». El otoño pasado, prosigue Magister, «la secretaría de Estado y el Gobernatorato de la Ciudad del Vaticano, de acuerdo con IOR, volvieron a redactar desde cero la Ley 127», que entró en vigor en enero de 2012. Gotti Tedeschi comenzó a hacer preguntas molestas e incluso exigió saber a quién pertenecían ciertas cuentas del IOR, que maneja unos 5.000 millones de euros.

Gotti Tedeschi incluyó todos estos hechos y sus averiguaciones en el memorándum que ahora custodia a la fiscalía de Roma y que puede dar lugar a nuevos interrogatorios al exbanquero de Dios, que ha contratado escolta personal privada. «Es grande el desorden bajo el cielo, en una curia vaticana atormentada por los conflictos», dice Magister. Al menos, Ettore Gotti sigue vivo y Coppola podrá esperar.

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