Cartas al director

13.06.2013 | 05:00

Las universidades viven horas bajas
La crisis y los recortes concomitantes del Gobierno han hecho que languidezcan y que su viabilidad pierda enteros. No es ya solo que miles de estudiantes puedan perder las becas que les mantenían en las aulas sino que sus infraestructuras se resienten – ni se construye ni se repara – y lo es peor en cuanto atañe a sus funciones primordiales, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) se resiente a ojos vista. Lo de gaudeamus, igitur (alegrémonos pues) se entona con menos energía que nunca, que donde faltan los recursos decrece el ímpetu.

La LOMCE ha sembrado la discordia en el mundo educativo y también, como era de esperar, ha incidido de lleno en las universidades, las cuales se enfrentan a un panorama sombrío. Las partidas presupuestarias sufren drásticas mermas y la deuda de las comunidades autónomas adquiere un volumen descorazonador: 1.500 millones de euros. Ante este hecho de demora de pagos por parte de las administraciones públicas, las universidades, sensiblemente afectadas, se han convertido a su vez en morosas por no poder atender la demanda de sus acreedores. Un hecho insólito, al cual la Confederación de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) ha tenido a bien poner coto tratando de que Hacienda las considere como proveedores con la pretensión de que sean incluidas en el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA).

Hacen, pues, de la necesidad virtud, principio que resume, en cierto modo, la filosofía del Estoicismo, esto es sacar ventaja de las desventajas y beneficio de las desgracias. Que lo es que estas doctas instituciones se vean obligadas para su supervivencia a poco menos que mendigar atenciones y que estén en el alero. Que lo consigan, es otro cantar: Cristóbal Montoro y el Ministerio que rige, con más o menos acierto, ha dado largas al asunto y ya se sabe que las cosas de palacio, paso a paso y sin prisas. No debería ser así. Las universidades son pilares fundamentales para el desarrollo económico y social de un país y, por ende, de la educación de sus habitantes.

A este tenor, traigo a colación una cita del premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, hoy debatiéndose entre la vida y la muerte: «La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en una médica, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación». Si las universidades se resienten en sus funciones, apaga y vayámonos.
José Becerra
Málaga

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