360 grados

La historia de España en un archivo único en Europa

24.08.2015 | 05:00

Cualquier país del mundo que se respetase lo cuidaría como oro en paño, ofreciéndole el nivel máximo de protección y gastaría además todo lo que fuera necesario no solo en su conservación sino para su cada vez más necesaria y urgente digitalización.

Me refiero al archivo de la duquesa de Medina Sidonia, con sus 6.418 legajos uno de los más importantes de Europa, que aquella aristócrata inconformista llamada Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura se trajo en 1958 desde Madrid, adonde los documentos habían viajado siglos atrás y donde se conservaban últimamente en un guardamuebles, a su viejo palacio de Sanlúcar de Barrameda para estudiarlos y catalogarlos pacientemente de su puño y letra.

Un trabajo ímprobo la de aquella mujer independiente y rebelde que nunca se doblegó ante la dictadura franquista, lo cual pagó con la cárcel y el exilio, y que investigadores presentes y futuros nunca podrán agradecerle lo suficiente pues, gracias a la importancia que tuvo esa casa nobiliaria desde la creación del señorío de Sanlúcar en 1297 y la posterior concesión del ducado en 1445 por el rey Juan II de Castilla, figura ahí buena parte de la historia de España.

Un archivo que revela, por ejemplo, que Cristóbal Colón supo de viajes a América anteriores a los suyos, que Guzmán el Bueno era de origen morisco o que documenta con pelos y señales la historia de la dolorosa expulsión de los moriscos, nos habla de la Armada Invencible, a cuyo frente estuvo el VII duque de esa casa, Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, o de prácticas seculares como la pesca del atún en el Estrecho.

La amplísima documentación generadas por las distintas casas –Medina-Sidonia y todas las incorporadas a ella en el transcurso del tiempo como Vélez (Fajardo), Requesens, Montalto, Maza y Villafranca del Bierzo– constituyen un fondo impresionante en el que bucearán todavía durante mucho tiempo investigadores españoles y extranjeros para entender o explicar mejor nuestra historia.

El más antiguo de los documentos que allí se conservan data de 1159, y es un privilegio rodado de Fernando II de León relativo a la concesión del portazgo de Villafranca del Bierzo al monasterio de Santa María de Carracedo, en León.

En el archivo, que se guarda en la tercera planta del bello palacio de los Guzmanes, en el barrio alto de Sanlúcar, desde donde se divisa la desembocadura del Guadalquivir y la orilla del coto de Doñana, figura también la importante correspondencia que mantuvieron los sucesivos duques con los reyes de España, en cuyo nombre administraban, entre otras cosas, justicia en todos sus territorios, lo que confiere a todos los documentos un carácter oficial, que no privado.

La «duquesa roja», como la llamaron durante el franquismo por su preocupación social, quiso siempre que el archivo se conservase en Sanlúcar y fuese indisoluble para evitar su división y eventual venta por partes, como podría ocurrir si la Junta de Andalucía o el Estado se desentendiese de él y fuese imposible por falta de fondos su conservación.

Algunos recuerdan el expolio que ha sufrido a lo largo de la historia nuestro patrimonio con la venta, por ejemplo, de obras de arte y documentos de todo tipo al mejor postor y su salida en muchos casos del país.

Nos contaba el otro día la presidenta de la fundación Medina Sidonia, Liliane Dahlmann, que la insuficiente financiación pública dificulta una mejor difusión, y no deja de resultar chocante el trato discriminatorio hacia ese patrimonio histórico si se compara con el dinero que la Junta de Andalucía da a otras instituciones o museos de la región, acaso menos necesitados de ese esos fondos públicos.

Es por todo ello encomiable el que haya surgido una plataforma para la defensa y preservación del patrimonio histórico, artístico y cultural de la Fundación, cuyo futuro depende del juicio que se celebrará el otoño tras la demanda interpuesta por los hijos de la duquesa, que reclaman ese legado como parte de su herencia y que al parecer lo han valorado en 60 millones de euros como si ese archivo, que debe ser de toda la nación, tuviese un precio.

Esa plataforma, de carácter totalmente altruista y a la se han sumado más de cuarenta asociaciones locales así como personalidades del mundo de la cultura, trata de mantener por encima de todo la «indisolubilidad» de ese patrimonio, que la duquesa quiso convertir en instrumento de investigación, de conocimiento y de difusión de la historia y la cultura.

Un objetivo que trata ahora de continuar con tan encomiable dedicación como insuficiente reconocimiento público hasta el momento su viuda y actual presidenta de la Fundación.

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