Tierra de nadie

La compulsión a la repetición

14.09.2015 | 05:00

He aquí un titular inquietante para esta época del año: «Dos personas desaparecen al día en España sin dejar rastro». Muchas de ellas, suponemos, por voluntad propia. Desaparecer, qué tentación. En vez de morirse o suicidarse, dejar de estar donde estabas. Producir un vacío, si tu ausencia tiene esa capacidad. Si no, mejor todavía. No regresar en septiembre, como todo el mundo, al lugar de autos. ¿Pero adónde ir? ¿Hay un cielo para los que desaparecen? ¿Hay una especie de barca de Caronte en la que viajan todos, hombres y mujeres, matemáticos y poetas? Los protagonistas, en las reuniones de antiguos alumnos, suelen ser lo que no acuden a la convocatoria, los desaparecidos. Solo se habla de ellos.

–¿Qué sería de aquél Sáenz de Jubera? –dice Jorge.

–Se lo tragó la tierra –asegura Luis.

–Yo creí verlo un día en Valladolid, pero se esfumó al doblar una esquina –cuenta Ricardo.

La conversación conduce al tema de los testigos protegidos. Desparecer con la complicidad del mismísimo Estado. Que sea Él quien te proporciones una nueva identidad, un domicilio nuevo, quizá un sueldo para ir tirando. Es conocido el caso de aquel tipo que en EEUU mató a su mujer y a sus dos hijos y desapareció. Fue descubierto muchos años más tarde en otro Estado. Se había casado con una mujer idéntica y tenía dos hijos iguales a los asesinados. Por lo general, piensa uno, se desaparece para ser otro, pero hay una especie de inercia que nos empuja a ser el mismo. Ahí están también las parejas que se divorcian para volver a casarse con gente muy parecida a la que dejaron. La compulsión a la repetición.

Setecientas treinta personas desparecen en España cada año sin dejar rastro. Si les añadiéramos las que desaparecen en EEUU y en Canadá y en Suecia y en Finlandia, las que desaparecen en todo el mundo, arrojaría una cifra estremecedora de desaparecidos. Una cifra con la que se podría formar un país. ¿Cómo serían las gentes de ese país? ¿Cuáles sus hábitos de consumo? ¿Qué historias contarían a sus hijos? Pero sobre todo: ¿serían nacionalistas?

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