La tumbona

La tentación de Pedro Sánchez

Los barones del PSOE rechazan complejos pactos para desbancar a Rajoy y prefieren la oposición. Podemos, con habilidad extrema, le ofrece la manzana del pecado soberanista a cambio de que Sánchez duerma en la Moncloa. Todo apunta a un gobierno del PP con fecha de caducidad o nuevas elecciones

22.12.2015 | 05:00

Los candidatos

  • Rajoy: Amortizado
    Rajoy intuía los resultados y en plena campaña soltó la propuesta de eliminar el IRPF a quienes trabajen más allá de la jubilación
  • Sánchez: El gran dilema
    Tiene en sus manos la llave del futuro de España, pero también el de su partido. Por lo pronto, quiere repetir como secretario del PSOE
  • Iglesias: Una conquista por fases
    Iglesias inicia otra fase de su «asalto al cielo». Primero devoró a IU, luego se hizo con las grandes capitales y ahora va a por el PSOE
  • Rivera: Estrategia fallida 
    Rivera quiso ganar el partido sin bajarse del autobús. Pecó de exceso de triunfalismo durante la campaña, propio de un partido personalista

El gobierno alemán, pragmático, comentaba ayer que no sabía a qué partido enviar el telegrama de felicitación tras el resultado de las urnas del 20D. Lo tiene escrito, pero dice desconocer el nombre del remitente y visto el guirigay postelectoral puede que tarde un tiempo en enviarlo.

Aznar amortiza a Rajoy. Gordon Brown, Antonis Samaras o Nicolas Sarkozy perdieron las presidencias tras haber gestionado la crisis económica y someter a sus ciudadanos a severos recortes. Mariano Rajoy sigue sus pasos aunque a diferencia de ellos ha ganado las elecciones, pero esta victoria numérica no esconde la debacle del PP: ha perdido 63 escaños, 16 puntos y 3,6 millones de votos largos. La dimensión de la derrota es abultada para un partido que ha sido capaz de sacar a España de la crisis, pero la losa de la corrupción de Bárcenas, Granados y la demoledora foto del pescuezo de Rato han dinamitado todo el discurso de la recuperación y el crecimiento.

Rajoy tiene pocas alternativas para seguir como presidente del Gobierno y hasta como jefe del PP. Está en manos de Pedro Sánchez y de José María Aznar, y desconozco cuál de los dos lo quiere más. Por si había alguna duda, Aznar acudió ayer tarde a la ejecutiva para encargar el epitafio de Rajoy y solicitar un congreso abierto (como los que él hacía) para primavera. Minutos antes recibió otra excelente noticia. Pedro Sánchez anunció que votará «no» a su investidura. No puede hacerlo cuando lo tildó de «indecente» hace dos telediarios. Fue coherente.

Una de las pocas salidas que le quedan a este ganador al que todos quieren dar una colleja, es que los barones socialistas, con Susana Díaz a la cabeza, se impongan frente a la tentación de Sánchez de alcanzar la Moncloa a costa de un cóctel molotov con Podemos, ERC y demás independentistas que imponen como condición al PSOE la reforma de la Constitución para impulsar el desafío soberanista con un referéndum. Condición, por cierto, improbable, pues cualquier propuesta de reforma constitucional necesita del PP.

Y si se impone el criterio de la mayoría de los barones y el PSOE se abstiene, tampoco lo tiene seguro Rajoy, pues tanto Ciudadanos como los socialistas pueden exigir que el candidato sea otro. Como Aznar. Curioso. Si fuera así, el nuevo gobierno del PP sería tan inestable que en un año habría elecciones y el PSOE habría cumplido con su papel de permitir que gobernara el más votado.

Rajoy está solo. Ha dilapidado el inmenso poder que atesoró en 2011 y las generales ratifican ese abandono por parte de los votantes con el contundente mensaje de que no quieren que Rajoy les gobierne. Quizás por eso lanzó una bomba a mitad de campaña: eliminar el IRPF a quienes trabajen más allá de la jubilación. Eso es intuir el futuro.

Las prisas de Pedro Sánchez. No tiene que estar muy seguro Pedro Sánchez cuando lo primero que hizo ayer fue filtrar que se presentará a la reelección de la secretaría del PSOE. Uno sólo reafirma sus intenciones cuando nota cierta debilidad propia de haber cosechado el peor resultado de su historia y con Podemos merodeando para convertirse como la principal referencia de la izquierda. Sánchez tiene que darle las gracias a la ley D´Hondt, pues el centenario partido de Pablo Iglesias sólo le ha sacado 341.000 votos a la nueva formación del Pablo Iglesias del siglo XXI. Sánchez tiene en sus manos la llave del futuro más inmediato de España, pero también el de su partido. La mayoría de sus bases no entenderían que facilitaran con la abstención un gobierno de Rajoy y a la vez el poder territorial del PSOE tampoco comprendería que sucumbiera a los encantos de la Moncloa que le daría Podemos a cambio de aceptar un estado plurinacional que pondría en riesgo la unidad de España. Le quedan otras dos opciones: apoyar a otro candidato del PP que no sea Rajoy o mantenerse firme en su discurso aunque ello suponga la convocatoria de otras elecciones.

La conquista de Iglesias. Podemos ha sido el gran triunfador después de realizar la mejor campaña con un leitmotiv claro (la remontada), arrasar en el debate «a cuatro» y quemando fases en su ansiado «asalto al cielo». Nada se hace por azar. Primero canalizó la indignación del 15M; luego devoró a IU; más tarde conquistó las principales capitales; en campaña usó a Albert Rivera y ahora, con habilidad extrema, inicia la estrategia para dinamitar al PSOE con la tentación de un gobierno a cambio de que ceda en la cuestión territorial, entre otros asuntos. Iglesias y Errejón son buenos en lo suyo, cosa distinta es que guste más o menos la mercancía que venden. Saben que cuatro años en la oposición les permitirá con 69 diputados seguir degastando al PSOE y hacerse con el liderazgo moral del Congreso. Por lo pronto dejan en manos de Pedro Sánchez toda la responsabilidad de otros cuatro años de gobierno de Rajoy.

Una mandarina. Pecó Albert Rivera de excesivo triunfalismo cuando las encuestas lo situaban incluso como primera fuerza. Sacar 40 escaños es un hito para una formación que debuta en las generales, pero partir de unas expectativas tan altas le han penalizado pese a su intento de corregir su discurso en los dos últimos días.

Andalucía. Si Pedro Sánchez aspira a ser presidente tiene en Susana Díaz a su peor amigo, pues ni los resultados del PSOE andaluz han sido los esperados para sumar más escaños, ni el mensaje que Díaz lanzó la noche electoral («es irrenunciable la defensa del estado del bienestar y la defensa de la unidad de España») dejan mucho margen de maniobra al candidato socialista. Aunque bien mirado, Sánchez incluso se alegra de que el resultado del PSOE andaluz no haya sido tan espectacular como para que la federación andaluza y otros barones plantearan que Susana Díaz opte a la secretaría del PSOE.

El que sí anda contento el hombre es el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, que harto de recibir más collejas en europeas, autonómicas y municipales que el hijo de Rajoy saca pecho de la pérdida de 12 diputados pero subraya el éxito de quedarse a un sólo escaño de Susana Díaz. A Moreno le funciona el eje oriental Málaga-Granada-Almería, el voto en las capitales (gana en siete de ocho) y sigue con los mismos problemas endémicos del voto rural y de que es incapaz de ganar unas elecciones en la circunscripción de Sevilla. ¿Se acordará el PP sevillano de la bronca que le cayó al de Málaga cuando lo consideraron culpable de que Arenas no gobernara en Andalucía?

Málaga. Elías Bendodo respiró cuando con el 60% de los votos escrutados superó al PSOE de Miguel Ángel Heredia y vio como voto a voto aumentaban las décimas de diferencia. Dentro de la debacle del PP en España, Bendodo puede respirar tranquilo. Málaga es la cuarta provincia de España que más apoyos ha dado al PP en las elecciones, lo que consolida también los resultados de las pasadas elecciones municipales, donde el PP de Málaga conserva el principal ayuntamiento y diputación gobernada por los populares en España.

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