En corto

La salsa es lo que cuenta.

13.06.2016 | 05:00

Antes de que acabe la identificación de los cadáveres, los vivos ya en campaña en USA irán arrimando su respectiva sardina al ascua, porque esas son las reglas de cualquier barbacoa, pero los ingredientes de la salsa tan roja vertida en la discoteca Pulse, de Orlando, no necesitan un gran esfuerzo de identificación: la homofobia latente y soterrada en las capas profundas de la sociedad, la homofobia rampante y predicada del islamismo más (o menos) radical y el acceso casi irrestricto en USA a las armas de cualquier clase. En cuanto a Omar Mateen, que según su padre odiaba a los homosexuales y según su exmujer la maltrataba, no hace falta siquiera que pertenezca a una concreta red de la yihad: formaría parte de la extendida patología social del machismo supremacista, cuyos portadores, con la enfermedad más desarrollada o menos (más controlada o menos), hacen vida en la salsa entre nosotros.

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