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Tierra de nadie

Échense a temblar

16.09.2017 | 21:45

Un hombre de su tiempo, en los tiempos de la esclavitud, era esclavista. No sé si con esto está dicho todo, pero los desarrollaremos, por si acaso. El problema de nuestro tiempo es que está lleno de hombres de nuestro tiempo que creen, pongamos por caso, en el interés compuesto. Cuando tengamos perspectiva suficiente para observar el interés compuesto como hoy observamos la esclavitud, nos echaremos las manos a la cabeza.

-¿Cómo lo permitíamos? –nos preguntaremos espantados.

Todo esto viene a significar que para que la humanidad progrese es preciso que florezcan hombres (y mujeres, me di cuenta en la primera línea de que el genérico no alcanzaba) que no sean de su tiempo. Hombres y mujeres accidentales. Lo digo en el sentido en el que los ornitólogos llaman «pájaro accidental» al que aparece en el lugar erróneo y en la estación equivocada. Ese pájaro, que es un inadaptado, tiene muchas posibilidades de morir. Pero si sobrevive habrá inaugurado un tiempo nuevo para los de su especie. De modo que cuando oigan ustedes decir de un banquero, un político, un escritor (vale decir una banquera, una política, una escritora), como un halago, que son personas de su tiempo, pónganse a temblar. Esta gente habría estado con la Inquisición en la época de la Inquisición, con Hitler en la época de Hitler, y con los geocentristas en la época del geocentrismo. No hay personas más peligrosas que las de su tiempo.

Y tal es nuestro problema actual, que estamos rodeados de gente de nuestro tiempo. Trump es un hombre de nuestro tiempo, Mario Draghi es un hombre de nuestro tiempo, Rajoy es un hombre de nuestro tiempo, Macron es un hombre de nuestro tiempo, Christine Lagarde es una mujer de nuestro tiempo, Theresa May es una mujer de nuestro tiempo, Ana Patricia Botín es una mujer de nuestro tiempo. Se trata solo de un ramillete de hombres y mujeres de nuestro tiempo, el primero que se nos ha venido a la cabeza. Todos y todas desarrollan políticas económicas y actitudes personales de nuestro tiempo. Son tantos, en fin, y tan agresivos que uno tiene que disfrazarse de ellos para no ser esclavizado, vendido, torturado o invadido.

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