26 de abril de 2019
26.04.2019

Cinco mentiras de la historia que nos tragamos sin rechistar

Que Napoleón era bajito o que Anastasia sobrevivió a la matanza de los Romanov son sólo rumores

26.04.2019 | 11:39

El cine, la inexactitud de algunos libros, la cultura popular o simplemente el paso del tiempo han hecho que algunos de los episodios más sonados de la historia hayan llegado a nuestros oídos un tanto maquillados. Y es que muchos rumores sin ninguna base científica se han convertido con los años en verdades que creemos a pies juntillas. Estos son algunos de ellos.

Napoleón no era bajito

Aunque la creencia generalizada siempre nos ha dicho que Napoléon era muy bajo, la realidad queda mucho más lejos. La autopsia que el médico Francesco Antommarchi, amigo del emperador, hizo del cuerpo reveló que Napoleón medía 1,69 metros. Si tenemos en cuenta que la altura media de los franceses a comienzos del siglo XIX era de 1,64, el general era más alto que el promedio.

Napoleón Bonaparte. Shutterstock

Entonces, ¿de dónde nació esta creencia? Cuando Napoleón creó la Guardia Imperial, entre los requisitos de este cuerpo de élite pidió una altura mínima de 1,74 metros para los llamaros cazadores y de 1,78 metros para los granaderos. A raíz de esto el caricaturista británico James Gillray publicó una ilustración basada en 'Los viajes de Gulliver' en la que el rey Jorge sostenía en su mano a un diminuto Napoleón.

Los vikingos no llevaban cuernos


Pese a que les hemos visto así en el cine y en la televisión, los vikingos nunca llevaron cuernos en el casco. Todo parece indicar que el primero en plasmar a los feroces guerreros de Escandinavia con cuernos fue el pintor Gustav Malstrom. En las ilustraciones que realizó en 1820 para el poema épico de 'La Saga de Frithiof', Malstrom pintó a los vikingos con cuernos en los cascos para darles más fiereza y un aspecto endemoniado. Pero este tipo de yelmos no debían de ser nada prácticos en las batallas y no hay constancia de su uso en ningún grabado.

Los vikingos no llevaban cuernos en los cascos. Shutterstock


Shakespeare y Cervantes no murieron el mismo día


Cada 23 de abril el mundo entero celebra el Día del Libro, una fecha que se creó para conmemorar la muerte de Miguel de Cervantes y de William Shakespeare. Pero lo cierto es que dos de los escritores más influyentes de la historia no murieron el mismo día.

En 1582 el Papa Gregorio XII adelantó diez días el calendario. Países como Italia, Francia o España lo adoptaron inmediatamente, mientras que Inglaterra no lo hizo hasta 1752. Así, aunque para los ingleses la muerte de Shakespeare se produjo un 23 de abril, para los países católicos ocurrió un 3 de mayo. Además, la fecha de la muerte de Cervantes es errónea ya que falleció el 22 de abril y fue enterrado un día después.

William Shakespeare y Miguel de Cervantes. Shutterstock


Anastasia no sobrevivió a la matanza de los Romanov

En el verano de 1918 los bolcheviques asesinaron en Ekaterimburgo al zar Nicolás II, a su mujer la zarina Alejandra y a todos sus hijos. Pero la leyenda de que la Gran Duquesa sobrevivió a la Revolución Rusa perduró durante todo el siglo XX gracias, en parte, a que muchas impostoras afirmaron ser la hija del último zar de Rusia.

El zar Nicolás II junto a su familia. La pequeña Anastasia, a la derecha. Shutterstock

La posible supervivencia de la joven ha sido llevada al cine y la televisión en numerosas ocasiones, siendo algunas de las más conocidas la protagonizada por Ingrid Bergman en 1956 o la película animada de 1997. Sin embargo, en 2008 unas pruebas de ADN a unos restos óseos hallados en Los Urales confirmaron que se trataban de la joven Anastasia y de su hermano Alexéi.

Los emperadores no sentenciaban a muerte a los gladiadores con el pulgar hacia abajo


Las películas y series sobre romanos han extendido el mito de que cuando el emperador mostraba el pulgar hacia arriba perdonaba la vida al gladiador. Pero el significado era más bien lo contrario: el pulgar hacia arriba se utilizaba para pedir la muerte del que había perdido en combate, ya que se trataba de un gesto que recordaba al de desenvainar una espada. Por el contrario, el gesto de apuntar con el pulgar hacia abajo significaba envainarla o perdonar.

Entonces, ¿cuándo se cambió el significado de los gestos? En 1872 el francés Jean-Léon Gérôme pintó el cuadro llamado Pollice Verso. Con su habitual realismo, el pintor retrató en él a un gladiador a punto de dar muerte a un oponente y a una multitud señalando con el pulgar hacia el suelo. Una interpretación errónea de este cuadro hizo que este gesto se reconociera como 'muerte' y el cine contribuyó a extenderlo. De hecho, el mismísimo Ridley Scott confesó que tuvo en mente este cuadro cuando dirigió 'Gladiator' (2000).

El cuadro Pollice Verso de Jean-Léon Gérôme. Wikimedia
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