'Sacramento', la nueva novela de Antonio Soler, refleja el marco social de la España de los 50 que hizo posibles, con el «manto de plomo» tejido por la Iglesia y el régimen franquista, los abusos sexuales cometidos por el sacerdote Hipólito Lucena, que llevaron al Vaticano a actuar y encarcelarle más de veinte años.

Era una historia que Soler conoció a mediados de los años 80, y desde entonces le ha ido llegando «un goteo de información que acercaba cada vez más al centro de la diana, de lo que pudo tener de verdad una historia que al principio no era más que un rumor», ha afirmado el escritor este martes en la presentación de la novela, editada por Galaxia Gutenberg.

Los géneros para contarlo eran «casi contradictorios», con una primera parte «con el tono de unas memorias» sobre ese escritor de los 80 al que se le encarga escribir sobre este caso; una segunda parte «que tiene que ver con la crónica» para mostrar «el marco social e histórico en que se produce», y una tercera, propiamente una novela, que presenta al protagonista.

«Es un hombre con una profunda fe, del que hay constancia que hace una labor social muy importante de ayuda al necesitado, de la mano de obispos que lo protegen, en el centro neurálgico de Málaga».

Al mismo tiempo, «tiene un lado oscuro, que conecta con una tradición herética dentro de la Iglesia como es el iluminismo, según la cual a través del sexo se puede llegar a un estado de pureza mucho más alto que el que propone la Iglesia oficial».

A través del confesionario «va captando adeptas y uniéndose a mujeres (las hipolitinas) que formaron una especie de congregación a su alrededor y le serían fieles hasta el final de su vida».

«No me interesó en ningún caso tirar una piedra al cristal de la iglesia y salir corriendo. No quería un libro contra la Iglesia, sino sobre la Iglesia y sus conflictos internos. Como escritor de novela, no me interesaba contar la historia de un simple sinvergüenza, sino de un individuo muy complejo que abarcaba un mundo de luces y de sombras», asegura.

La Iglesia se ocupó «de que todo quedara silenciado» y a las «hipolitinas», que participaban en rituales eróticos en la propia parroquia, se les llevó «a una especie de ejercicios espirituales de los que volvían mudas». Además, la Iglesia «impidió que hubiera un juicio civil» y al sacerdote «lo depuró y lo quitó de la circulación», según Soler, que se pregunta si «lo hizo por sus actividades sexuales o porque iba contra el dogma de la Iglesia», y se inclina por lo segundo, porque era «un hereje».

De ese personaje le llamó la atención su «ambivalencia», al ser «como dos caras de una misma moneda, muy diferentes pero hechas del mismo material», y Soler se pregunta si, al cometer ese «abuso de poder desde el confesionario, estaba convencido de su teoría o usó esa teoría para conseguir sus fines».

La novela se publica en unos momentos en los que la Iglesia está «muy acosada por denuncias de este tipo, pero esto es distinto, porque las historias que están saliendo son meros abusos sexuales, pero aquí hay mucho más».

«Hay sexo, pero también una teoría de por qué se hace. Hay un ataque contra el dogma. No es pecar contra el sexto mandamiento, va mucho más allá de eso, y también lo diferencia el hecho de que la Iglesia actúa. Las motivaciones por las que actúa las podemos discutir», apunta Soler.