Las columnas periodísticas bien cimentadas y con remates corintios o jónicos, es decir, con pinceladas de estilo personal, aguantan bien el paso del tiempo, como podemos comprobar examinando la belleza y robustez de las de Camba, Alcántara o Vicent.

Los reportajes tienen el encanto del contexto. Bien armados también resisten la lucha contra Cronos, siempre que su autor, pongamos Gómez Carrillo o Chaves Nogales, ejerzan el milagro de conducir al lector de nuestros días en un vibrante y realista viaje en el tiempo.

Las crónicas deportivas lo tienen más difícil. No hay nada más pasado de moda que el partido de ayer y la mayoría de ellas están escritas a vuelapluma, a contrarreloj para llegar a tiempo al periódico de mañana (en nuestros días, al que se despliega justo en ese instante).

Y sin embargo, una minoría podrá perdurar siempre que aparezca un toque personal que las haga intransferibles, al tiempo que rescaten la épica del momento sin topicazos, tan abundantes en el mundo del deporte, donde no hay enemigo pequeño y, en el caso del fútbol, juegan once contra once, aunque Helenio Herrera prefiriera diez.

Todo esto lo logra José Luis Garci a la hora de evocar un partido de fútbol gracias a un entusiasmo a la hora de escribir que nunca cae en el fororismo ramplón y gracias a un enfoque originalísimo, de espectador de cine. Para Garci el fútbol es como ir a una matiné doble, una oportunidad de disfrutar a lo grande de un arte relativamente moderno, de antes de ayer.

Portada de la obra.

Lo podemos comprobar en 'Renglones deportivos' (Reino de Cordelia), la recopilación de crónicas escritas en su mayoría para el diario ABC, que cubren las eurocopas de Suecia (1992), Inglaterra (1996) y Portugal (2004), las Olimpiadas de Barcelona 92 y los mundiales de Francia (98) y Corea y Japón (2002).

Garci es un niño feliz que transmite en sus crónicas la felicidad de disfrutar del deporte rey con guiños que habrían hecho sonreír a su gran amigo Manuel Alcántara ("Martini, el portero, se quedó seco, y tan blanco... que se le hubiera podido echar una aceituna"). Se aprecia al guionista que procesa el séptimo arte en cada toma del encuentro: "La fría mirada de Rinus Michels -sus ojos como dos cubitos de hielo azul- parecen conocer la clave del enigma de los grandes partidos. Juego rápido, elástico, de altísima calidad técnica, apoyos continuos, pases en profundidad, continuos movimientos sin balón".

Fernando Hierro discute con el arbitro Al Ghandour. EFE

Son continuas las alusiones a grandes nombres y películas del cine y el lector se deja llevar por la pluma entusiasta de Garci como si en todos los partidos asistiera a la proyección de 'Evasión o victoria'.

Y sin embargo, Garci pisa acertadamente el freno y en ningún momento se transmuta en Manolo el del bombo. Ni siquiera en el famoso partido de España contra Corea en el mundial asiático. Con esta ironía cinéfila, contención y elegancia retrata al aciago árbitro Gamal El Ghandour: "El amigo Gamal, egipcio, tiene un aspecto que oscila entre Alí Babá y los millonarios exóticos de las novelas de Harold Robbins. No digo yo que sea mal árbitro. En eso no me meto. Porque el día de Paraguay estuvo bien, y en Francia 98 pitó tres partidos de manera admirable".

Las crónicas futboleras dejan espacio al atletismo (mejor los 1.500 que los 100, imposibles de disfrutar por que son un visto y no visto) y por supuesto al boxeo y al trasiego de rodajes de un director de cine.

En suma, unos renglones deportivos para subrayar. Disfruten del juego limpio y de la alegría futbolera de José Luis Garci.

José Luis Garci

  • Renglones deportivos
  • Editorial: Reino de Cordelia
  • Precio: 29,95 €