Entrevista | Manuel Martín Cuenca Director de cine

«Las plataformas están imponiendo una manera de contar las historias»

El cineasta almeriense llega a las salas con El amor de Andrea, una de las películas españolas de la temporada que mejores críticas está cosechando, la historia de una adolescente en busca de la ternura de su padre que le ha sido negada sistemáticamente toda su vida

El actor de Ojén Jesús Ortiz interpreta al progenitor en este largometraje del responsable de El Autor, la película que le valió un Goya a la también malagueña Adelfa Calvo

El director de cine almeriense Manuel Martín Cuenca.

El director de cine almeriense Manuel Martín Cuenca. / La Opinión

El amor de Andrea habla de un tema tan delicado como la incapacidad de un padre de complacer las necesidades afectivas de sus hijos pero la película está contada de manera desdramatizada. ¿Por qué ese tono?

Lola Mayo y yo nos pusimos a escribir esta historia rememorando una conversación que tuvimos hace años sobre la construcción de los afectos en nuestra juventud y en los núcleos familiares. Las preguntas que nosotros como jóvenes realizamos a nuestros padres que tienen que ver mucho con la relación que tenemos con ellos forman parte de nuestro aprendizaje de vida y también forjan nuestra realidad. En toda esta construcción nos hicimos una pregunta: ¿Cómo se puede demandar el amor de un familiar? En el engranaje social se da por hecho de que un padre y una madre te tienen que querer pero la realidad es que a veces no es así. O están esos padres que se esfuerzan en querer pero lo hacen mal. Los padres de Andrea son un retrato generacional de una clase obrera destinada a renunciar al ofrecimiento del cuidado y cariño a sus hijos por un sueldo.

Jesús Ortiz, de Ojén, interpreta a ese padre incapaz de querer a su hija. Ya descubrió a muchos a otra gran actriz malagueña, Adelfa Calvo, con El autor. ¿Cómo fue trabajar con él?

Maravilloso. Jesús lleva muchos años trabajando, desconocido, como otros, relegados a un lugar injusto, el de los papeles siempre pequeños. Así que e alegro de que El amor de Andrea le dé un sitio grande a actores como Jesús Ortiz o en su día a Adelfa.

Su personaje está alejado de los clichés. Un gran acierto de la película.

Ese padre es un tipo gris, normal y corriente, como hay muchos; gente apática y sin esa capacidad que a todos a priori se nos ha otorgado de dar cariño y sentir empatía por todos nuestros seres queridos, y más si son tus propios hijos. Mi padre era algo así, una persona incapaz emocionalmente de hablar de ciertas cosas, de poder expresar ciertos sentimientos.

Uno de los aspectos más curiosos de la película es cómo se subvierten los papeles: los adolescentes son más maduros que los adultos.

El amor de Andrea retrata a unos adultos convencidos de que creen que saben más que todos aquellos que no lo son. Aquí los adolescentes y los niños se muestran más propicios a enfrentarse a la realidad y llegar a un acuerdo que a huir de ella como hacen los que se suponen más preparados.

Y se desarrolla la historia en otro escenario no demasiado visto, una Cádiz diferente a lo acostumbrado.

Lo geográfico te está hablando, como si se tratara de una construcción teatral de lo que le pasa en el interior a los personajes. El Cádiz de invierno es el Cádiz real de la película, de barrios humildes de clase baja donde se mueven personajes como éstos, sitios donde la precariedad y la belleza conviven en el mismo paisaje. Como cineasta andaluz tiendo a expresarme a través de una mirada que huye de todos los estereotipos posibles. Los paisajes de esta película tienen mucho más que ver con la Andalucía real que con la que vemos en los folletos y en los medios. En mi cine importa mucho el salir de lo que se espera de esos paisajes tan familiares con el espectador.

Hoy se han hecho públicas las nominaciones de los Goya. ¿Cómo ve usted el cine español?

Es muy diverso y variado. Me interesan, por ejemplo, Carla Simón y Óliver Laxe, también otro tipo de cine más comercial, pero me preocupa el escaso lugar que se está creando para un determinado tipo de cine fuera de los parámetros establecidos por las normas actuales donde las plataformas han ocupado un lugar privilegiado. Las plataformas, por desgracia, han venido para unirse a las televisiones y a imponer una manera de contar historias, de hacer sus propias películas, de mantener su propio discurso, y eso deja menos lugar a otras miradas, otra manera de entender el cine. El amor de Andrea es una película que no va a llegar a plataformas porque no entra en el algoritmo, aquello que el espectador estadísticamente está buscando. Y también me da pena la pérdida de espectadores de las salas: no hemos conseguido levantar cabeza desde la pandemia. Y la experiencia de ir al cine es inigualable.