16 de febrero de 2020
16.02.2020
Relatos

Atxaga despliega su gran universo

Con 'Casas y tumbas', su último trabajo, Bernardo Atxaga dice adiós a la novela. Son seis historias donde nos cuenta que la vida transcurre "como los hilos de agua entre las piedras", entre dificultades, pero avanzando

16.02.2020 | 05:00
Portada de 'Casas y tumbas'.

Bernardo Atxaga

  • Casas y tumbas
  • Traducción del euskera: Asun Garikano y Bernardo Atxaga
  • Alfaguara
  • 20,90 euros

Tras 'El hijo del acordeonista', Bernardo Atxaga se había alejado de su territorio literario natural: el paisaje, las tierras y los hombres del País Vasco, donde había firmado títulos míticos como 'Obabakoak' o 'El hombre solo', para roturar nuevos surcos en otros universos. De esa aventura narrativa salieron 'Siete casas En Francia', una brutal denuncia de las atrocidades que la colonización belga cometió en el Congo a principios del siglo XX, y en 2014 'Días de Nevada', un relato de recuerdos, imágenes, sueños y evocaciones, de la estancia del escritor en Nevada entre agosto de 2007 y junio de 2008.

Ahora con 'Casas y tumbas' Atxaga regresa al País Vasco, aunque de manera tangencial. Buena parte de los siete relatos que componen este libro vuelven a estar impregnados de forma brillante del universo vasto y profundo de esa tierra.

Aunque de manera tangencial las siete historias evocan hechos, personajes, vivencias del pasado reciente del País Vasco, pero también el paisaje, la naturaleza singular, los colores, los paisajes que hermosean esa tierra, sus hondas costumbres.

Como remate del libro, Atxaga cuenta que el libro tuvo otros dos títulos ante del definitivo de 'Casas y tumbas'. Primero quiso llamarlo 'Hilos de aguas entre las piedras' (por razones obvias que el lector descubrirá al leerlo) y antes 'El soldado que llamó cabrón a Franco'. Tiene que ver con la historia que cuenta en el relato 'Cuatro amigos', de corte autobiográfico, donde Atxaga relata como haciendo la mili en el cuartel de El Pardo, cuatro soldados criaron a una urraca y uno de ellos se esforzó en enseñarle a decir: «Franco, cabrón», con la esperanza de que un día el pájaro repitiera el insulto en la ventana del despacho del dictador.

Con esta historia y las otras cinco, que conforman 'Casas y tumbas', Atxaga demuestra es uno de los escritores más originales, más geniales en la utilización de un estilo singular, carismático y definitorio; al pairo de gustos o modas de mercado. El estilo Atxaga es el de un narrador que se siente libre e impelido de utilizar el tono y el género que más le apetece, cambiándolo, alterándolo a cada golpe de visión cerebral: Por ello, su diversidad narrativa es extraordinaria, dueño de una imaginación heterogénea de la que puede sacar historias con solo tirar de los hilos de la misma, porque la vida es como»hilos de agua entre las piedras».

La libertad estilística o la pluralidad de ideas, la diversidad de elementos que pone de manifiesto Atxaga no impiden una concepción unitaria de todo el texto, la que la ensambla y la completa como obra ambiciosa y perdurable.

'Casas y tumbas', como lo fue en su día 'Obabakoak', nos muestra a un autor recreándose en su estilo más personal, en su ejercicio mas libre de narrar y ello con el peso de más de 30 años de trabajo literario hacen que la literatura de Atxaga haya madurado, se ha hecho más rica y mas compleja.

Otras palabras y argumentos semejantes ha empleado el Ministerio de Cultura para otorgarle el Premio Nacional de Las Letras 2019, «por su contribución fundamental a la modernización y a la proyección internacional de las lenguas vasca y castellana, a través de una narrativa impregnada de poesía en la que ha combinado de una manera brillante realidad y ficción».

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