Charlotte Brontë fue parte de una saga familiar que encontró en las letras el camino para convertirse en eterna y legar a la posteridad obras que marcaron la historia de la literatura. Del talento de Charlotte nació ‘Jane Eyre’ y ese talento quedó patente también en la novela que hoy ocupa estas líneas, ‘Shirley’.

Publicada ahora en España por Alba en un volumen de excelente factura, y dentro de la línea de esta editorial de recuperar grandes clásicos de la literatura universal,es ‘Shirley’ una novela producto de su época, es decir una historia de amor y desamor, del choque de clases, del deseo frente a la obligación, y por ello un excelente retrato de la Inglaterra que miraba desde lejos como muchos de los suyos peleaban en las guerras napoleónicas en el Continente mientras el país trataba de pelear con sus propios problemas sociales y económicos. Son tiempos de cambio en los que se desarrolla ‘Shirley’, tiempos en los que el norte comenzaba a despuntar de la mano de la revolución industrial y entre la modernidad y la tradición se mueven los protagonistas. Shirley, una joven heredera huérfana que vendrá a revolucionar la vida de los otros personajes y que será el hilo conductor que terminará cambiando las vidas de Robert, Louis y Caroline. Esta última es la prima de ambos y está enamorada de Robert, aunque ese amor sea a priori un imposible porque lo que él necesita es precisamente lo que tiene Shirley, una herencia que lo salve de sus problemas económicos. Y a través de las relaciones que entre ellos se van tejiendo, donde cómo no puede ser de otra manera no falta drama, el lector se convierte en espectador de excepción de relaciones sociales y familiares con un fiel retrato de la vida en una época donde ser mujer era un hándicap pocas veces insalvable. Por ello se ven las diferencias entre la joven Caroline, atada a las decisiones de su tío, y Shirley, dotada de esa pequeña libertad que les daba a las mujeres tener dinero, aunque solo fuera para tener más facilidad para encontrar un marido y tener una familia propia.

Con una prosa propia de su tiempo, a veces densa pero nunca pesada, Charlotte Brontë demostró en esta historia su dominio de la palabra y su capacidad de ser una magnífica retratista de las contradicciones del ser humano y también de los paisajes que habita. Atmósferas densas, como un amanecer con neblina de esos que no dejan ver más allá como si fueran futuros inciertos, vidas marcadas desde el nacimiento por la clase social y sentimientos que quedaban en un segundo plano cuando el deber era simplemente sobrevivir.

Como ‘Jane Eyre’, también ‘Shirley’ trajo éxito y reconocimiento a la autora, tanto que Shirley, nombre más habitual en hombres, se puso de moda para llamar a las recién nacidas de la época. Pero Charlotte vivió también tiempos dramáticos mientras creaba esta novela, ya que fue testigo de la muerte de tres de sus hermanos. Y ella misma encontraría más tarde un final demasiado temprano y no llegó a cumplir los 40 años, aunque su corta vida nos dejó un legado eterno.