Los pediatras malagueños han percibido un incremento de la obesidad infantil en Málaga tras el confinamiento provocado por la pandemia. La obesidad infantil era un claro problema en España desde años anteriores con cifras de las más altas de Europa pero, en 2020, se ha visto aún más pronunciada por la cuarentena. 

«Durante el confinamiento pudo haberse incrementado en unos tres kilos el peso medio de la población infantil española, a razón de al menos uno por mes», señala el doctor Manuel Baca, jefe del Servicio de Pediatría y Neonatología del Hospital Quirónsalud Málaga.

La obesidad infantil ha aumentado durante la pandemia perfectamente entre un 10 y un 20% en Málaga, cuenta el doctor Manuel Baca, que perfila asimismo que este aumento se ha desarrollado de dos maneras. Por un lado, los niños han perdido los hábitos de cultura gastronómica que sus padres han ido creando y, por otro, el sedentarismo, la pérdida del ejercicio que hacían en el colegio o incluso los juegos con amigos en los parques. El resultado de ambas circunstancias ha conllevado a que los más pequeños hayan aumentado de peso.

Como dato llamativo, la secretaria de la Asociación Andaluza de Pediatría de Atención Primaria, Leonor Quesada, reconoce que a la consulta llegan más padres preocupados por la delgadez de sus hijos o por lo poco que comen que aquellos que sufren obesidad y que llegan a la consulta por otras cuestiones, lo que refleja la poca conciencia social que hay respecto a este tema y que preocupa muchísimo a los pediatras.

Quesada, que además trabaja en el centro de salud de Torre del Mar, señala que «la obesidad es otra pandemia» y denuncia que sería muy importante que en la atención primaria de Andalucía existiera la figura de una enfermería para la población infantil que sí que existe en el resto de comunidades autónomas y que tan primordial es para solucionar el problema de la obesidad infantil.

Un drama oculto

La infancia y la adolescencia son el campo de abono donde posteriormente se van a desarrollar enfermedades en los adultos. Según Manuel Baca, la diabetes o la hipertensión están especialmente sedimentadas en los hábitos que adquieren los niños. Lo denomina «un drama oculto», unos malos hábitos cuyos efectos no se perciben en un principio pero de los que al final se acaba viendo el rastro que dejan en la salud de cada uno.

La importancia de comer juntos

«Los niños son el reflejo de lo que comen sus padres. Es primordial que se sienten a la mesa con ellos ya que si el niño ve a su madre o a su padre comiendo ensalada ellos también van a querer comerla», señala Mar Cobos, dietista y nutricionista. 

De igual forma, los expertos señalan que comer en familia y ajustar un horario de las comidas no solo favorece la dieta del niño sino también a su comunicación y su rendimiento escolar.  

El momento es más que primordial si los padres tienen largos horarios de trabajo puesto que es el momento en el que pueden preguntarle a los más pequeños cómo les ha ido el día. Este apoyo familiar logrará unos mejores resultados escolares por parte del progenitor.

Cobos señala, asimismo, que no entiende por qué los niños han engordado durante el confinamiento. «Antes nos quejábamos de que no teníamos tiempo y por eso cocinábamos poco y tendíamos a comer peor pero, en el confinamiento han tenido tiempo los padres de sobra para hacer recetas saludables».

Además, respecto al cambio de hábitos, la secretaria de la Asociación Andaluza de Pediatría de Atención Primaria, Leonor Quesada, reconoce que los menores nos dieron una auténtica lección durante el confinamiento. «Muchos de los niños casi que estaban encantados de estar en casa y pasar más tiempo con sus padres».

Efectos psicológicos

«Los niños han sufrido algo muy importante para ellos, la pérdida de la socialización y hábitos de vida externa que han fomentado este sedentarismo». Asimismo, habla de los trastornos psicológicos en los más pequeños. «Los niños aprenden de todo lo que les rodea, principalmente de sus familias pero también del ámbito externo, algo de lo que se les ha privado estos meses y que ha hecho que se produzca, en muchos casos casos, un retraso del lenguaje importante».

En los niños más mayores también se han percibido efectos negativos: una gran parte de ellos han desarrollado un gran vínculo con las pantallas. «Han creado una dependencia psicológica respecto a estos mundos que los padres siempre han tratado de remediar y que han desarrollado en tan solo tres meses», cuenta el pediatra Manuel Baca.

El sueño, tan importante

Otro problema que remarca Baca es el trastorno del sueño; la peor combinación las pantallas y una mala alimentación. «El sueño necesita una higiene muy importante de tal manera que si tu no sigues una serie de premisas el sueño pasa a ser escasamente efectivo. Esa vida sedentaria ligada a los constantes inputs luminosos de las pantallas hace que el niño no establezca un periodo de desconexión previamente al acostarse sino que incluso se mete en la cama con la consola, televisor u ordenador con lo cual las fases de sueño más y menos profundo no se producen en el ritmo adecuado y el niño pierde mucha calidad del sueño», explica el facultativo.

Recomendaciones

Los especialistas constatan que es primordial evitar el sedentarismo a través de al menos una hora de ejercicio diario. Respecto a este tema, Mar Cobos, dietista, destaca que ante una situación de confinamiento siempre se puede hacer ejercicio en casa. «Yo no he dejado de hacer ejercicio online desde que comenzó la pandemia, es muy buena opción».

Además, es primordial que tengan una dieta variada, equilibrada y nutritiva repleta de verduras, frutas y productos lácteos bajos en grasa o sin grasa. Asimismo, evitar las bebidas azucaradas y motivarles a beber mucha agua, primordial para su hidratación. Se aconseja beber, de hecho unos dos litros de agua al día.