Más allá de la intimidad relajada que otorga un baño, las aguas fecales son un gran testigo directo de lo que pasa en ellos. A través de las excreciones, el sistema de saneamiento de la ciudad ofrece una interesante información sobre el estado de salud de la ciudadanía general y, en una situación pandémica como la actual, permite detectar la presencia del Sars-Cov-2, su carga viral y, además, con antelación al diagnóstico clínico y sin discriminar asintomáticos, presintomáticos o, incluso, falsos negativos.

En esta tarea se encuentra sumido uno de los laboratorios del edificio de Bioinnovación, perteneciente a la Universidad de Málaga, que desde enero trabaja en un convenio junto a Emasa para la detección de Covid-19 en 18 muestras semanales de aguas fecales recogidas en 16 cuencas de la capital y sus dos depuradoras, la del Guadalhorce y la de Peñón del Cuervo.

El objetivo es desarrollar un indicador de alerta temprana de la Covid-19 a través de la contagiosidad de estas aguas, aunque no se descarta que este sistema se aplique en el futuro para monitorizar otras infecciones. «Esto se puede aplicar a cualquier otro tipo de infección de transmisión comunitaria que pueda llegar», explica Pedro Cañada, director de los Servicios Centrales de Apoyo a la Investigación (SCAI). «Ahora mismo estamos haciéndolo con el Sars-Cov-2, pero pensamos que puede ser aplicable a cualquier otro tipo, incluso la misma gripe».

Muestras recogidas de las cuencas y depuradoras de Málaga. Álex Zea.

En el caso de la capital , los resultados extraídos de las muestras de la red de saneamiento reflejan que Málaga se encuentra en una meseta en cuanto al grado de infecciosidad de las aguas que, por ahora, no presenta nuevos aumentos. En concreto, los resultados de la depuradora del Guadalhorce demuestran que esa estabilización se mantiene desde noviembre. «Vemos que ahora ya hay menos casos, que está bajando la incidencia, pero la capacidad infecciosa que hay en las aguas residuales todavía sigue siendo bastante alta, todavía hay un retraso. Al fin y al cabo, aunque tú no estés infectado y no vayas al hospital, en las heces sigue apareciendo el virus», puntualiza Cañada.

Debido a la novedad del estudio, aún es pronto para establecer el grado de anticipación que ofrece este monitoreo pero, aún así, los investigadores constatan que las aguas se adelantan a los diagnósticos. «Hemos estado viendo con los resultados que la carga viral suele detectarse en el agua antes de que empiece a aumentar en la población», afirma Diego Lozano, técnico responsable de la Unidad de Genómica de la universidad.

Toda esta información se recoge en informes semanales que la UMA traslada a Emasa y que la empresa municipal envía tanto a la autoridad regional, incluyéndolos en la Red Andaluza de Vigilancia de Aguas Residuales, creada el pasado mes de julio, como al Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, a través del proyecto de Vigilancia y Alerta Temprana de Covid-19 (VATar Covid).

Conservación de las muestras en una nevera a -80 grados Álex Zea

Una PCR al agua

La prueba para detectar la presencia del virus, eso sí, inactivo, en las aguas residuales es la misma que la que se aplica en el análisis de las muestras humanas, la PCR. No obstante, estas aguas necesitan una preparación previa que implica un proceso complejo, en base a un protocolo establecido por el CSIC, y que ha de realizarse en un laboratorio de seguridad biológica tipo 2A.

«Consta de tres partes, una primera que es la concentración de la muestra de aguas residuales, una segunda que es la propia extracción de ese concentrado de aguas residuales y, una vez que tenemos extraído ese ARN, el tercer paso es la realización de la PCR para detectar si existen restos del virus del Sars-Cov-2», explica Diego Lozano.

Esos resultados reflejan si las muestras analizadas son positivas o negativas y, en caso de ser positivas, los investigadores pueden cuantificar su carga viral.

«Las heces y la orina que se excretan desde nuestros baños luego van a través de las aguas residuales a todo el sistema de alcantarillado de forma que nosotros podemos detectar ahí la presencia de ARN del virus y poner en evidencia que existe o está comenzando una epidemia, o luego poder llevar un seguimiento», sostiene Casimiro Cárdenas, coordinador del área de Ciencias de la Vida de los Servicios Centrales de Apoyo a la Investigación (SCAI) y miembro del proyecto.

Según Cárdenas, además de ofrecer una fotografía precoz de la situación epidemiológica y permitir hacer un seguimiento de su evolución, este análisis contribuye a comprobar si las medidas sanitarias adoptadas por las autoridades están siendo efectivas, en función de su grado de infecciosidad.

No obstante, ambos expertos invitan a tomar estos datos con cautela ya que hay diversos factores que pueden condicionar los resultados, por lo que los informes necesitan tiempo para perfeccionar sus metodologías y su modelo estadístico.

«Hay aún muchos elementos que se desconocen a nivel científico, a nivel mundial, como por ejemplo, la hora de la toma de la muestra, la temperatura del agua, la población que se está analizando, los límites mínimos que se pueden detectar o incluso también, el propio caudal del agua. Eventos externos como la lluvia pueden hacer que las aguas residuales tengan cierta dilución porque aguas pluviales y residuales no estén separadas», recalca Lozano, que incide en que todas esas variables se están estudiando para mejorar los futuros informes.