En Málaga capital hay cada día más hoteles, y la que se avecina si el virus Covid-19 no acaba con nosotros (no con los malagueños, sino con habitantes de los cinco continentes que, cuando redacto estas líneas, ni se sabe cuántos millones de personas están infectadas o contagiadas ni cuántas han fallecido).

Pero no nos pongamos en lo peor. Espero que los veinte o treinta proyectos de nuevos hoteles dejen de ser proyectos y nos veamos rodeados de grúas llevando de un lado a otro los hierros, el hormigón, los ladrillos y demás materiales para, en un par de años, dotar a Málaga de nuevos establecimientos hoteleros de 4 y 5 estrellas, que son los alojamientos que más demanda el mercado.

Curiosamente, Málaga antes de la Guerra Civil tenía tres hoteles de categoría, quizás de lujo los tres; lo de las estrellas vino después, como los tenedores para distinguir la calidad de los restaurantes y, a lo mejor en el futuro las guarderías infantiles se incorporarán a la moda de enumerar del 1 al 5 la calidad de las instalaciones. Así tendremos guarderías de un dodotis, de dos… hasta llegar a los cinco dodotis, que serán el sursuncorda de la comodidad.

Los tres hoteles que daban prestigio a Málaga eran el Miramar, inaugurado en 1926 por los Reyes de España, y en el que pasaban temporadas miembros de la realeza; el Caleta Palace y el Regina.

De la ubicación del primero sobran las palabras porque el Miramar ha superado todos los obstáculos y después de varias etapas que pusieron en peligro su existencia, ha vuelto a ocupar el primer puesto de la hostelería malagueña.

Superó la etapa de la Guerra Civil en que el hotel fue hospital de sangre, volvió a ser hotel hasta que la empresa HUSA decidió su cierre, estuvo a punto de ser sede de la Diputación Provincial, se transformó en Palacio de Justicia y, finalmente, una empresa mallorquina le devolvió a sus comienzos y su nombre comercial se amplió: de Hotel Miramar a llamarse Gran Hotel Miramar. Por razones de patentes, tuvo que eliminar lo de Miramar, y pasó a ser Gran Hotel Málaga. Ahora forma parte de la cadena hotelera mallorquina Santos, y para los malagueños sigue siendo el Miramar.

Foto de familia del personal del Sanatorio 18 de Julio. Archivo Histórico CTI-UMA

El Caleta Palace

El segundo hotel de la época en la que nos movemos era el Caleta Palace, en el Paseo de Sancha, junto al arroyo de la Caleta, y casi en la playa.

Primero se denominó Hernán Cortés y después, tras unas obras de mejora, pasó a llamarse Caleta Palace, establecimiento preferido por los extranjeros que venían a Málaga por su cercanía al mar aparte de por su aspecto exterior y magnificencia.

Al finalizar la Guerra Civil, el hotel entró en barrena por la falta de clientes. Málaga no estaba para acoger turistas ni siquiera a viajeros nacionales. La vida del hotel empezó en 1919 y terminó prácticamente al finalizar la guerra civil. La Organización Sindical, a través de la Obra Sindical 18 de Julio, adquirió el inmueble y lo adecuó para destinarlo a hospital con la denominación Sanatorio Francisco Franco de la Obra Sindical 18 de Julio.

Después de muchos años de funcionamiento como tal, con cientos de malagueños intervenidos en sus quirófanos y varios miles de niños nacidos en la maternidad, con la transición el ‘18 de Julio’, como era conocido vulgarmente, pasó a la Seguridad Social como Centro de Salud.

Debido al mal estado del edificio, mientras se decidía su destino (seguir como Centro de Salud o no), en el jardín de lo que fue el hotel se instalaron unos módulos para acoger las consultas médicas. Al construirse en el Paseo del Limonar un nuevo Centro de Salud, el Caleta Palace o ‘18 de Julio’ dejó el edificio.

El gobierno de turno decidió hacerse cargo del inmueble. Después de varios años en que estuvo esperando un nuevo destino, el Gobierno decidió que fuera la sede de la Subdelegación del Gobierno en Málaga. Estuvo en obras durante meses, la fachada y el jardín recuperaron su antigua imagen y se adoptó para cumplir una nueva misión administrativa. No he vuelto a poner los pies en su interior y por lo tanto no puedo opinar sobre su estado actual.

Málaga perdió un gran hotel que hoy tendría una gran demanda por su privilegiada situación.

Patio del antiguo Hotel Regina, en Puerta del Mar. La Opinión

El Regina

El tercer hotel de la época –el Regina- estaba en Puerta del Mar, esquina a la Alameda; he escrito «estaba» porque del hotel no queda ni el recuerdo, pero sí el edificio que salvó de su ruina el constructor y urbanista malagueño don Francisco Porras, salvamento y restauración al que la Asociación de la Prensa de Málaga, de la que yo era vicepresidente entonces, con Joaquín Marín como presidente, por acuerdo mayoritario de la Junta, concedimos el premio anual de la entidad, distinción que creamos para distinguir a la empresa que hubiera destacando durante el anterior ejercicio en alguna actividad.

Recuerdo que en aquellos años distinguimos a Fujitsu por su ubicación en Málaga (la primera empresa de alta tecnología que se montaba en Málaga) y Félix Sáenz por la recuperación de su sede en la plaza, espléndido edificio que ya no pertenece a los propietarios de entonces pero que se conserva y luce en todo su esplendor.

Volviendo al Regina, en los años en que estuvo abierto era el elegido por los políticos, escritores, conferenciantes, personalidades de la vida español como alojamiento.

Los tres edificios que fueron los mejores hoteles de Málaga están en pie aunque uno solo siga siendo hotel.

Los otros alojamientos

Del panorama hotelero de Málaga de la década de 1930, aparte de los tres citados, en una categoría inferior me vienen a la memoria el Niza, en plena calle Larios esquina con la plaza de la Constitución (hoy hotel Larios), el Vasconia (calle Fernando de Lesseps), Alhambra, Royal, Granada (utilizado por las cuadrillas de los toreros), Venecia… y las pensiones y paradores (La Corona, Los Leones, Juan Díaz…), casas de huéspedes…, todos en el centro de la ciudad y puntos muy concretos, como la zona que hoy se le ha dado el nombre de Soho.

En la calle Martínez había dos pensiones cuyos letreros tengo en la memoria: ‘La Flor. Comidas y Camas’ y ‘La Lojeña’. También había pensiones y paradores en las calles interiores de la Acera de la Marina, refugio de gente de la mar que pisaban tierra en busca de placeres…

De la lenta llegada de hoteles, como El Emperatriz, Los Naranjos, Las Vegas…y tantos otros que fueron surgiendo en la ciudad, como ya son el presente, no entran en el encabezamiento de esta sección: Memorias de Málaga.