Alberto Aza, portavoz de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) estuvo ayer en Málaga con motivo de la entrevista-coloquio que la embajadora de Obra y Acción Social de CECA, Ona Carbonell, ofreció en las instalaciones del Club Unicaja Baloncesto en Los Guindos, en el marco del proyecto Edufinet de Unicaja. Aza repasa el actual momento del sector financiero, los controvertidos procesos de ajuste de oficinas y de empleo (la propia Unicaja Banco está negociando actualmente un ERE), la competencia de las fintech o el horizonte de los Next Generation. CECA engloba a entidades de crédito y fundaciones bancarias con casi 900.000 millones en activos.

En 2013, la Ley de Cajas de Ahorro y Fundaciones Bancarias reconvirtió el sector segregando las antiguas cajas de ahorro en dos entidades: por un lado, los bancos y, por otro, las fundaciones para gestionar la Obra Social. Han pasado ocho años, ¿funciona el modelo?

Ha sido un modelo de éxito que está funcionando muy bien. En su momento, el regulador tuvo claro que existía ese elemento diferencial de las antiguas cajas de ahorros, la obra social, y por eso se reconoció el papel de las fundaciones. Con el reparto de dividendos, donde las fundaciones forman parte del accionariado de los bancos de forma significativa, también permite asegurar este éxito. La obra social sigue siendo una actividad fundamental.

¿Qué labor desarrolla la CECA actualmente?

Somos una asociación bancaria con casi un siglo de historia (se fundó en 1928) que representa al 40% del mercado en España. La CECA es un actor fundamental del sector, no sólo por su experiencia y trayectoria sino por esa obra social que está en el origen fundacional de las cajas de ahorro. Ya en sus estatutos se decía que la finalidad era social: el acompañamiento de los más desfavorecidos. Ese espíritu, que se remonta a hace 300 años con la aparición de los montes de piedad, sigue estando hoy vigente.

El panorama ha sido muy convulso en estos años: los tipos negativos del BCE, la competencia de las fintech, y ahora la pandemia, ¿cómo ha tratado el sector de ganar rentabilidad?

Es cierto que hay distintos condicionantes (exógenos pero con un impacto directo en su actividad) que marcan el paso de la banca. La rentabilidad del sector pasa por distintos vectores. El primero es la búsqueda de la eficiencia, que se está consiguiendo a través de la digitalización. Eso permite mejorar los procesos internos y la relación con los clientes, que prefieren los canales online y de móvil. Por otro lado, hay consciencia de que las oficinas bancarias cada vez son menos relevantes en esta relación entre el cliente y las entidades. Hay poca operativa en las sucursales. Ahora mismo hay una capacidad instalada excesiva que se irá adaptando a los nuevos tiempos.

La banca parece mantener una tendencia al alza en el cobro de comisiones al cliente.

Es otra fórmula para ganar rentabilidad. La banca, como cualquier otro sector, presta una serie de servicios que tienen un coste y una inversión. Por tanto, hay que cobrarlos. Sí le digo que la banca española obtiene de las comisiones un 25% de sus ingresos, mientras que en países como Francia o Alemania se va al 35%. La media en Europa es superior al 30%. Lo que quiero decir que el sistema bancario español es de los más competitivos de Europa. Las comisiones con una herramienta más de competencia y se manejarán con cautela. Será cada entidad la que tome su decisión.

Ha mencionado el proceso de cierre de oficinas ¿Qué pasa con todas esas personas de áreas rurales, muchas de edad avanzada, que se quedan sin su sucursal y cajero? No todos usan las nuevas tecnologías.

La España vaciada representa a ese 3% de la población que vive en pueblos pequeños, con personas de avanzada edad y donde, efectivamente, se están quedando sin oficinas ¿Qué está haciendo la banca? Trabajar en canales alternativos, caso de las oficinas móviles. En CECA tenemos ya una veintena y recorren cada año el equivalente a 1,7 veces el perímetro de la Tierra por todos estos territorios del interior. Desde ellas se puede realizar cualquier operación disponible en una oficina tradicional, incluida la retirada de efectivo. También se está desplegando una red de agentes financieros itinerantes que cubren ya una red de más de mil municipios españoles. Otra fórmula es recurrir a agentes no bancarios (farmacias, bares, tiendas) para que los vecinos puedan retirar dinero en efectivo. Eso ya se hace en Reino Unido o EEUU, usando por ejemplo los supermercados. En España ya se están cerrando acuerdos para hacerlos en oficinas de Correos. Creo que hay que entender que el fenómeno de la despoblación afecta a todos los sectores. La banca en ningún caso es responsable.

La supresión de empleos es otro tema polémico. Vivimos una época de ERE bancarios, el último de ellos ahora en Unicaja tras absorber a Liberbank.

El contexto en el que está operando la banca es difícil, con tipos de interés negativos desde 2014, algo que nadie esperaba y eso, como hemos dicho, afecta a la rentabilidad. Las reducciones de plantilla responden también a la búsqueda de mayor eficiencia. Pero quiero recordar también que las salidas en el sector se están haciendo de forma negociada y, posiblemente, con unas condiciones mejores que las de otros ámbitos. El personal de la banca, además, es muy cualificado y en muchos casos encuentra con facilidad una recolocación.

Ahora vienen los fondos europeos Next Generation ¿Qué papel debe jugar la banca?

Debe ser fundamental. Una de las variables que se manejan a la hora de hacer predicciones de crecimiento es que los fondos europeos se ejecuten de forma adecuada, y eso quiere decir que vayan a proyectos viables, que tengan capacidad de transformar el tejido productivo, de forma sostenida y que también sirvan para movilizar al inversor privado. Ahí la banca tiene mucho que decir, porque si de algo sabe es de analizar proyectos de inversión y su viabilidad, con posibilidad también de adelantar fondos y cofinanciar iniciativas. La banca española, con su red comercial, tiene capacidad para canalizar todo esto. Ya se vio con los créditos ICO. España fue el segundo país de la UE tras Francia donde se concedieron más, y eso fue gracias a la red de oficinas de banca.

Gigantes como Amazon y Google ya han comentado su interés en dar servicios bancarios, ¿temen esa competencia?

Siempre hemos dicho que la competencia no sólo es buena sino también necesaria porque es un motor de innovación. Estas firmas tecnológicas están colaborando con las entidades bancarias o ayudando a avanzar al sector. Ahora bien, también decimos que si competimos en un mismo terreno de juego tenemos que someternos todos a las mismas reglas y a la misma regulación, que es una de más estrictas que hay en Europa. Debe hacerse no sólo para fomentar una competencia lícita sino por garantizar la protección al consumidor y la estabilidad financiera del sistema.

¿Qué opina de las criptomonedas?

La criptomoneda, como cualquier activo en el que se pueda invertir (y en este caso, con un fuerte componente especulativo), debe estar debidamente supervisada. Y la población tambien debe saber dónde se mete. Nos preocupa que el 12% de los jóvenes entre 18 y 25 años, según los estudios, sean ya inversores de criptomonedas, muchas veces sin el debido conocimiento y asumiendo riesgos excesivos. Así pueden ser presa fácil de fraudes financieros.