Hace unos veinte años, en las obras del parking de la Alcazaba se descubrió un valioso hipogeo fenicio, el enterramiento habitual de las élites. En uso desde el siglo VI antes de Cristo, se encontraron los restos de tres personas: una mujer de 50 años, un hombre de edad parecida y 1,63 de estatura y un joven de 20 años con el brazo izquierdo anormalmente corto y el derecho, muy musculoso.

El hecho de que ninguno tuviera anemia demuestra que en la sociedad fenicia de la colonia de Malaka no había discriminación por sexo o discapacidad física.

Obras del parking de la Alcazaba en 2000, donde se localizó un hipogeo fenicio con ajuar, en uso al menos desde el siglo VI a.C. Rafael Relaño

Y en un sitio tan alejado del Centro como la avenida de Juan XXIII, las obras del metro documentaron unas estructuras de los siglos VI al IV a.C. relacionadas con la industria del metal y almacenes, respectivamente, que evidencian que, hace tantos siglos, los fenicios ya habían elegido el extrarradio para sus actividades industriales, como pasa en la Málaga de nuestros días.

Esta historias son dos de las perlas que pueden encontrarse en la nueva ‘Guía de los espacios visibles e invisibles de la Málaga fenicia’, que para el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga acaban de realizar la arqueóloga Leticia Salvago y el cineasta y narrador José Antonio Hergueta, de Proyectos MLK.

Como explica la arqueóloga, en primer lugar la guía quiere reivindicar el mundo fenicio, «un mundo muy denostado, minusvalorado por tratarse de comerciantes subidos a barcos, cuando la civilización mediterránea no es sólo la grecolatina sino también fusión con unos mundos orientales e indígenas que todavía perviven. En cierta manera con esta guía se trata de contar qué queda de eso hoy», destaca, al tiempo que recuerda que los fenicios trajeron a estas costas elementos tan vitales como el alfabeto, el vino, el olivo y hasta las gallinas y algunas variedades de cabras. 

La guía de la Málaga fenicia, con un plano desplegable ilustrado por Natalia Resnik. La Opinión

En segundo lugar, remarca José Antonio Hergueta, responsable del ‘hilo narrativo’ de la guía, el trabajo de recopilación de Leticia Salvago ha permitido «reunir una información que estaba dispersa y que -en muchos casos- estaba publicada en foros científicos no asequibles a otros ciudadanos».

Y hablando de Arqueología , la presentación de la guía en el Rectorado de la UMA, este mismo mes, fue también una defensa y reivindicación de varias generaciones de arqueólogos que en Málaga han recuperado estos tesoros del pasado, en ocasiones con la incomprensión de la ciudadanía y las autoridades.

Se trata de una Málaga fenicia ‘en visión panorámica’, que no se limita al Centro de la ciudad, por entonces una península coronada por la suave colina donde hoy se levanta la Catedral, junto al gran estuario del Guadalmedina que desembocaba «a la altura de la Tribuna de los Pobres», sino que tiene en cuenta todo el entorno, con sus siete colinas -como en Roma- abrazando la Bahía y mucho más.

Vista de Málaga desde el Cerro de la Tortuga, que formaba parte del cinturón de colinas con núcleos indígenas. Arciniega

Como explica Leticia Salvago, seguir la pista a los restos arqueológicos, muchos de ellos bajo otros más recientes, «es un puzle muy disperso y la mejor manera de devolverlos a la ciudad es a través de los recorridos que propone la guía».

Recorridos (cuatro), desde Churriana a La Araña, más las faldas de Gibralfaro y la conexión con el interior, que no sólo siguen la pista a los yacimientos sino que tratan de demostrar que la huella fenicia no está únicamente en la Arqueología, también, por ejemplo, en los Astilleros Nereo de carpintería de ribera o a la hora de «tomarse unos búsanos en la playa» -la también conocida como ‘cañaílla’-, moluscos de los que se extraía el tinte púrpura, un costosísimo proceso pues para conseguir un gramo hacían falta 9.000 de ellos.

Bautizo de una barca de jábega, en 2012 en Pedregalejo, evolución de una embarcación ligera fenicia. Arciniega

Además, en este viaje trimilenario se pueden encontrar posibles ecos fenicios no sólo en la famosa barca de jábega, también en las tradicionales fiestas marineras de la Virgen del Carmen, un ritual con «curiosas coincidencias con el culto que los fenicios rendían a la diosa Malac o Noctíluca, ‘la que luce en la oscuridad’, que era llevada al mar e introducida en él para que bendijera las aguas», reza la guía.

En cuanto a la famosa talla de Jesús Cautivo, señala que «resulta extraordinario» su parecido «con ciertas representaciones del dios fenicio Melkart y a Helios-Sol/Shamash en las monedas de Malaka».

Las comunidades indígenas

La publicación tiene en cuenta todo el mundo protohistórico de esos orígenes de la ciudad, así que también repasa las evidencias de las comunidades indígenas que comerciaron y terminaron fusionándose con el mundo fenicio.

Así, en la plaza de San Pablo, en La Trinidad, se localizaron fondos de cabaña, de los siglos IX a VI a.C, cuando la desembocadura del Guadalmedina se encontraba a esa altura. Y en cuanto a las ‘siete colinas’, tres de ellas, el Cerro de la Tortuga, el Cerro Cabello y el Monte Coronado, también forman parte de los recorridos, como vestigios de poblamientos indígenas.

Y como ejemplo de esa fusión que remarcan los autores de esta completa guía, la famosa Tumba del Guerrero, que hoy puede verse en el Museo de Málaga, localizada originalmente en calle Jinetes: una tumba de tipo oriental fenicia datada en el VI a.C. pero con un cuerpo enterrado con el ajuar mortuorio y la indumentaria de un soldado griego.

Publicada en inglés y español y escrita en un lenguaje muy asequible, los autores han querido ‘sacar a la superficie’, para malagueños y visitantes, la fascinante Málaga de hace tres milenios.

La Tumba del Guerrero, en el Museo de Málaga, de tipo oriental fenicio pero con un cuerpo con el ajuar mortuorio e indumentaria de un soldado griego. Gregorio Torres